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2014-07-06 23.08.37 (1)

(Excuse the spanglish)

Hace tres años me mudé a DC… todo un sueño hecho realidad. Fui de esas pocas personas que tuvo la suerte de conseguir un trabajo inmediatamente luego de graduarse del bachillerato de Ciencias Políticas en la UPR. No podía rechazar la oportunidad, y menos para trabajar con nuestro Gobernador (en ese entonces) en la capital de los Estados Unidos, el “Disney Land” para nerdos y “political junkies” como yo.

Un encanto de ciudad! Cuando llegué estaba enamorada de la transportación pública, de sus arquitecturas, de los monumentos y de todo lo que sucedía en el Distrito de Columbia. No cabe duda mencionar que en cuanto llegue caí en depresión porque añoraba a mi familia y amistades. Luego el trabajo y los famosos “happy hours” me hicieron “olvidar” esa depresión… o mejor dicho me permitieron “bregar” con la situación por los primeros meses en lo que me acostumbraba; la verdad es que sí… uno se acostumbra.

Al rato me cansé de la rutina y decidí comenzar mi maestría; ya estaba un poco hastiada de los “happy hours” en donde uno bebe para desahogar la frustración de trabajar más de 8 horas y estar “underpaid” (o no cobrar las horas extras). Que tanto de feliz tiene el “happy hour” entonces? Un día un amigo me contestó esa pregunta con: “No importa vamo’ a beber porque me hace feliz”… (exactamente mi punto). Hacer la maestría mientras trabajo a tiempo completo ha sido un reto, que al principio me costó muchas horas de sueño y muchos días de “stress”. Siempre me digo a mi misma: “a la verdad que tú eres bien masoquista”. Te mudas lejos de tu familia y amistades, lejos de la playa, a trabajar para vivir y ahora para colmo a estudiar durante el poco tiempo que tengo “libre”. Si, esto es vida!

Con toda sinceridad, luego de tres años viviendo en la capital y muchas visitas a mi isla del encanto…. no logro entender porque la gente le llama a Puerto Rico la isla del espanto. Ustedes quieren saber lo que es espanto? Espanto es… que más de la mitad de mi cheque se vaya en renta… que haya que ir a trabajar con varias pulgadas de “mierda blanca” en el camino (mejor conocido como nieve)… que tengas que usar 5 camisas, dos pantalones y un “coat” para lidiar con los “polar vortex” (fríos infernales)… que vayas en el metro y todo el mundo ande mirando su celular con unas caras de pocos amigos… que al frente tuyo le roban a alguien el IPad en el metro… que te roben el “wallet” en un “happy hour” dos días antes de irte a Puerto Rico para Navidades… que estés en un taxi estancada en un tapón comunal y termines pagando $40 dólares para llegar a un metro (no a tu hogar)… y que la transportación pública no sea tan eficiente como una vez pensabas (esto lo digo luego de experimentar con “commutes” de casi una hora y media con metro y guagua).

Mi gente! Puerto Rico no es tan espantoso…todos los países, territorios, estados y ciudades tienen sus encantos y sus espantos. El problema en Puerto Rico es que mayormente lo que la prensa y estos programas de “bochinches” cubren son los espantos.

Me tomó nada más tres años en DC para ver que esta ciudad no es perfecta, y que trabajar para vivir es uno de los mayores espantos que tiene. En Puerto Rico la gente anda de jolgorio. Todo es una fiesta! Aquí? Todo es trabajo; No existe un balance perfecto. Como dice un buen refrán: “Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. Yo no he perdido a Puerto Rico, yo lo abandoné; pero luego de abandonarlo me di cuento de lo preciado que es, y de lo mucho que lo amo.  No me arrepiento de haberme mudado a DC, pues he recibido muchas oportunidades y bendiciones en el transcurso de esta aventura; pero la realidad es que solo hay un lugar al que llamaré mi hogar… Puerto Rico.

A mis amigos puertorriqueños que quieren largarse de Puerto Rico les dejo con este trago amargo, el cual es la triste realidad de muchos puertorriqueños que dejamos nuestra isla en búsqueda de un mejor futuro (independientemente de si es mejor o no):

En mi viejo San Juan
Cuantos sueños forjé
En mis noches de infancia
Mi primera ilusión
Y mis quitas de amor
Son recuerdos del alma

Una tarde me fui
Así a extraña nación
Pues lo quiso el destino
Pero mi corazón
Se quedó frente al mar
En mi viejo San Juan

Adiós (adiós, adiós)
Borinquén querida
(Dueña de mi amor)
Adiós (adiós, adiós)
Mi diosa del mar
(Mi reina del palmar)
Me voy (ya me voy)
Pero un día volveré
A buscar mi querer
A soñar otra vez
En mi viejo San Juan

Pero el tiempo pasó
Y el destino burló
Mi terrible nostalgia
Y no pude volver
Al San Juan que yo amé
Pedacito de patria

Mi cabello blanqueo
Ya mi vida se va
Ya la muerte me llame
Y no quiero morir
Alejado de tí
Puerto Rico del alma, adiós

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