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De Metro en Metro

 

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Los metros deben ser de los lugares más curiosos que existen en el mundo. Usualmente, son los lugares que revelan en realidad de lo que la lugar está hecha. Hay otros lugares como San Juan en los que no. Alguna vez alguien me dijo que los metros revelaban el lado sucio de la ciudad por lo subterráneo, porque en algunos las ratas son visibles y porque normalmente, andas en la oscuridad. Sin embargo, aunque coincido con algunas cosas, pienso que los metros son los que son capaces de conectar los puntos más remotos de cualquier ciudad lo que es un hecho. Es una especie de conector que sirve de punto de encuentro en cualquier ciudad. Además, en mi caso, tanto las estaciones como los vagones son los lugares donde se cuecen las mejores de las historias.

Existen todo tipos de metros, pero si hay algo que caracteriza a los metros son sus artistas ambulantes. Esos que día tras día amenizan más allá del caos de los transeúntes. Transeúntes que todos los días caminan a toda prisa para agarrar su metro, y en ocasiones, corren para no tener que esperar por el próximo. El ver a alguien pintar en el metro, o cantando solo por aquello de la cultura del sombrero apacigua esa histeria que caracteriza a los que día a día se ven obligados a pasar por allí.

Otros metros se convierte en un mar de personas. Existen personas cuyo único trabajo es empujar a la gente dentro del metro como sucede en Tokyo. Por más que eso nos parezca aterrador, sigue siendo parte de la cultura de una determinada ciudad y en ese acto se encierra mucho de lo que la misma ciudad es. Asumo que debe de haber algo de belleza en el trabajo de un empujador, a fin de cuentas, está empujando gente que está allí por la sencilla razón de llegar a su destino. Él es solo un medio para lograr ese objetivo.

Me puse a reflexionar hace unos días sobre los metros del mundo en los que he estado y sus distintas utilidades: San Juan, Santo Domingo, Miami, Washington DC, Nueva York, París, Barcelona, Estocolmo, Copenhague, Oslo, Malmo y Baku. Son tantas sus diferencias como sus semejanzas. Los metros de San Juan y Miami son los más parecidos entre sí. La realidad es que te dan la impresión de que no te llevan a ningún lado y en efecto, suele ser así. Hay otros metros como el de Baku y el de Estocolmo que sus estaciones son en sí toda una obra de arte y hay metros como el de París, New York o el de Barcelona. Que la presión y hasta el peligro se sienten a flor de piel.

Hasta hace menos de cinco años el MetroRail de Miami tenía una sola línea. Esto cambió cuando inauguraron la nueva línea que no es otra cosa que una extensión de la línea existente que conecta hasta el aeropuerto. Esa extensión ha hecho que todo el metro cobre mucho más sentido. Ahora llegar a Brickell, a Downtown o a Kendall desde el aeropuerto es un viaje bastante corto y que cuesta $2. Aún el tren urbano en San Juan no ha cobrado tanto sentido para nosotros.

Existen metros como el de Washington DC, que parecen sumamente indispensables, pero a su vez cuenta con mil y una fallas. Para ser un metro de una ciudad tan cosmopolita, el metro de DC cierra temprano durante la semana y los fines de semana trabaja hasta las 3am. Si bien es cierto que conecta bastante bien a la ciudad con sus alrededores, también pierde la magia con esa hora de cierre.

En cambio cuando hablamos de Nueva York y de Europa, la ciudad se nos redefine a través del metro. Conectamos a los puntos más recónditos de la ciudad, a los barrios pobres y ricos en todo un sistema subterráneo. Hay lugares como Estocolmo o Baku que las estaciones son un espectáculo de por sí. La emblemática estación de Radhuset en Estocolmo es una de estas. Como llevo mencionando, lo mismo sucede con la estación de Baku que artísticamente, sus estaciones son una gran obra pero también tiene el record de ser una de las más peligrosas del mundo. En el 1994, 300 personas murieron intoxicadas por inhalar bióxido de carbono. Aún con estas notas trágicas, debo confesar que mi metro favorito es el de Baku.

En los metros es usual escuchar todos los idiomas y en todas sus variantes. Esa es otra cosa que admiro de los metros. Gente hablando duro, gente hablando bajito, gente mandando a callar a otros en fin, el metro es un lugar donde dejamos aflorar lo mejor, y a veces lo peor, de nuestra condición humana. Eso lo vemos cuando los jóvenes le ceden el espacio a los mayores, cuando la gente ayuda a otros a pasar o simplemente, cuando hacen todo lo opuesto. El metro es un lugar para manifestar todo lo que somos, de hecho, hasta es el lugar donde mostramos lo que leemos.

Siempre he dicho que cuando sea grande, viviré en una ciudad con un metro sumamente útil, así como Barcelona, París, Estocolmo, Nueva York o Baku, para así más nunca depender de un coche. Ojalá y sea en una como Estocolmo, dónde hasta la familia real toma el metro y el bus. Creo que en mi caso, vivir para siempre dependiendo del metro sería la mejor de las experiencias.

 

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Brenda: + 32 años + Puertorriqueña + Viajera Boricua + Master en Turismo Cultural + Lenguas Modernas + Estudios Hispánicos + Portugués + Italiano + Ruso + Amante de la Literatura + El Voleibol es felicidad +

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