De los hombres que se martirizan sabiendo que lo hicieron mal…

“YO TRATÉ DE HABLAR CONTIGO, PERO TÚ NO QUISISTE OIRME”

Gracias a Dios que éstas palabras solo me tocaron oirlas en un sueño, medio absurdo pero sueño al fin. No se si el sueño es producto de las ganas que tengo por tripearmelo, porque las cosas que dijo se las ha tenido que tragar, o es que hay algo de nostalgia envuelto. Esto es un caso de como la gente prefiere pedir perdón a gente que nunca se mereció que le hicieran daño, porque simplemente fueron personas que se desvivieron por ellos y un poco de consideración en vez de intentar pedir perdón, demostraba un poquito más de madurez y consideración. Aprendí que hay gente tan y tan egoísta que no saben ni siquiera lo que significa eso.

Yo me considero una persona egoísta y ¡bastante! pero nunca he creído bajo ninguna circunstancia que el egoísmo me debe llevar al despotismo y sobre todo a ser una malagradecida. Yo estoy conciente que uno de los defectos más grandes dentro de mi egoísmo es que puedo llegar a frustrarme y a perder la paciencia con alguién que no sabe de lo que hablo, y por ende, me da con considerarlo más bruto que yo, pero hay un momento en el que freno y soy capaz de mirar pa atrás y reconocer mi error, pero otros, ¿serán capaces de hacer lo mismo?

La vida solita me enseñó que no. A vecés los caprichos pueden ser más grandes que los hechos y las experiencias y llevan a la gente a invertir las historias a su conveniencia. El título de éste post se refiere específicamente a dos hombres (aunque también le vendría de perilla a una amiga, pero ella no se merece ni un post mío.) Uno es el hombre al que le oír decir la cita de mi sueño, que naturalmente, tiene don de político y olvida sus promesas rápidamente, pero cuando se ve pillao, intenta pedir perdón. Todavía es la hora que no lo he querido escuchar, y sinceramente, espero solo tener que oirlo en mis sueños y pesadillas. El otro, es medio insignificante… pero me las pega y después me dice NO SEAS MALA. ¿Qué no sea qué? ¡Hay que reirse en esta vida! Él desaparece, hace lo que le da la gana y la mala soy yo, ¡ay señor! Ese me inspiró a escriir este post porque me ha llamado dos veces en el día. Sinceramente, no se para que y tampoco le constesté. Ya estoy vacunada de todo esto, pero hay que vacilarse el guille de mártir que son capaces de darse algunos hombres.

Esto es todo lo que me queda por decir. Después de esto, hombre que me lees, no vengas a querer hacerme ningún cuento o historia rara para conmoverme, ¡que ya me se todo el repertorio!