Odio los martes

Ustedes disculpen, justamente hoy tenía pautado escribir en Traveleira un artículo sobre los accesorios de viaje aue no te deben fallar. La realidad es que, a pocas horas de partir a Baku no tengo ganas de pensar en eso. No todos perdemos a un ser querido a 24 horas de montarnos en un avión. Eso fue justo lo que me ha sucedido hoy.

Niní llegó a mi vida hace dos años. Nació donde nacen la mayoría de los gatos: en la calle. Yo me enamoré a primera vista de ella pues, estaba segura que compartía genética con mis otras tres. Así, chiquita como estaba en la calle me dijeron que un gatito de esa camada color gris había muerto. Lloré toda la noche creyendo que ese gatito era ella. Que pronto me tocó llorarla por segunda vez.

Cuando vi a Niní viva fui la persona más feliz del mundo. Desde ese momento no nos volvimos a separar. Fue la única de mis gatas que, hasta ahora, me dio la dicha de ser abuela. Me hizo feliz aunque, me tocó llorar la muerte de uno de mis nietos, que se murió justo en mi mano. Así pasaron muchas cosas pero, en lo que siempre se distinguía era en que siempre le brillaban los ojotes inmensos que tenía cada vez que me veía. Ella era mía y de más nadie.

Hace unos meses su salud comenzó a decaer. Se puso flaquita, yo la verdad nunca entendí que fue. Así pasaron los meses y ella, con todo y que “no estaba bien” (yo no lo sabía, no me había percatado o quizás, ella nunca me lo mostró) siempre estaba detrás de mí, salía del rincón dónde estuviera cuando oía mi voz. Se sentaba conmigo en el mueble por las noches, hasta anoche.

Hoy, así porque sí, Niní decidió dejarme aquí, sin su cariño, de sorpresa. Eso me duele más que la emoción que puedo tener de viajar mañana. Me duele más que todo.

Le he empezado a tomar odio a los martes. Tribilín me dejó un martes, el peor martes del mundo: el día de las elecciones del 2012. Hay una diferencia crasa entre ese martes y este: en aquella ocasión, lo mandé todo a la mierda porque parte de mi mundo se había jodido. Este martes, todo tenía que continuar porque mañana toca viajar. Por suerte, me libero de una casa llena de su ausencia. De extrañar a mi compañera hasta en la hora de bañarme. Sigo teniendo otras 6 gatas que me llenan de su particular cariño, pero el detalle es que cada una es irremplazable y el espacio que hoy me dejó Niní, es un hueco sumamente hondo que no habrá manera de llenar.

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