Crónica sobre una vejez prematura

Ya yo estoy vieja para estos jangueos. Yo necesito irme a dormir después de un día tan pesado.

 

Esas palabras las he exteriorizado últimamente mucho más de lo usual. Ya no sé si fue haberme graduado del bachillerato lo que hizo que de repente mi espíritu envejeciera algún par de años, o tal vez mi adultez fallida me ha hecho una muy mala jugada. La realidad es que no soy la misma de hace seis o siete años atrás. Me estreso facilmente y mi cuerpo lo manifiesta de demasiadas maneras. Lo único que me hace feliz son algunas lecturas, (que también se han hecho sumamente esporádicas desde que llegó la vida 8-5) los happy hours (porque siempre son antes de las 9pm) y pensar en el destino al que viajaré pronto, porque mi vida sin estar planificando viajes no tiene mucho sentido.

Como ya les adelanté, los estragos de la vida 8-5 no son fáciles. Hace un año, si me hubieran dicho que mi vida consistiría en estar detrás de un cubículo probablemente hubiese comenzado un bachillerato nuevo para no tener que llegar a la adultez de esta manera. Hace un año me veía un día como hoy haciendo maestría o dando clases de inglés en Corea. Fue por ello que llegar a mi trabajo actual representó al principio un trauma para mí. Pasé la mayor parte del verano buscando un trabajo en el extranjero. Así tuve entrevistas vía skype para irme a Estambul, Moscú, Alemania, Francia y hasta fui víctima de un job scam. No hay un feeling peor que el de sentirse “timado” con una oportunidad de trabajo. Que jodan con tu ilusión de comerte el mundo. Justo cuando fui víctima de ese “job scam” apareció mi trabajo actual. En vez de sentirme feliz porque estaba pasando a la fuerza laboral de mi país, me sentí atrapada porque estaba pasando algo que yo nunca pensé que sucedería: Estaba en Puerto Rico justo después de la fecha que me había puesto de deadline para salir. Era chocante y la mayoría de la gente no me entendía. Solo me decían “al menos tienes trabajo” y pues, dado a la realidad en la que vivimos en esta isla, comprendo de donde viene ese pensamiento. Resulta que es malo no ser conformista y querer ir más allá.

Es malo que me moleste el hecho de que “al menos tengo trabajo” y no me malinterpreten, agradezco el trabajo que tengo y todos los días aprendo un poco más, pero no tiene demasiado que ver con lo que en realidad me apasiona. Yo quiero recuperar aquello que me apasiona y que, dentro de esta vejez que me está consumiendo se ha perdido. Las charlas con amigos a las 3pm entre cervezas y vellonera, los días de sentarme a escribir mientras me bajaba una botella de chichaíto, las lecturas en cualquier lugar, a cualquier hora, sin ningún estrés. Todo eso murió en el momento en el que me convertí en la empleada de oficina que nunca quise ser.

No estoy totalmente segura sobre cuanto tiene que ver el haberme convertido en lo que soy hoy en este ser algo amargado, achacoso que para poder salir de noche debe dormir el día entero pero sé que existe alguna relación. Anhelo volver a ser un ser libre, o ser precisamente el ser libre que añoraba ser en mis años de universidad. Nada en la vida me produce más satisfacción como hacer research. Creo que mis técnicas tanto de escribir para la academia como de investigar para mi escrito de repente se han hecho caducas. Necesito volver a eso. Añoro tantísimo que la musa se encontrara escondida entre par de cervezas y que escribir algo como esto no fuera tan sistemático como lo es hoy.

Sé que lo que van a decir es “sé es joven de espíritu”, “es cuestión de actitud” o “apenas tienes 25 años” pero señores, tanto la edad como la actitud me comienzan a aplastar. Todos los días amanezco sumamente positiva aunque venga a la oficina a escuchar gente pelear. Amanezco positiva aún cuando no voy a hablar de teorías literarias, ni de lo maravillosas que son las calles de Estocolmo o Copenhague. Amanezco positiva porque aún el pensamiento que tengo es que esta vida, que me hace sentir más vieja de lo que me siento incluso cuando me monto en un avión, es precisamente mi pasaporte a una vida mejor. No sé si será hoy o mañana, pero estoy convencida que aunque, las arrugas y el espíritu se me estén cayendo en canto voy a sentirme finalmente feliz con lo que haré a diario. Aunque me cueste la juventud.