…de mi tercera pasion ¡el VOLEIBOL!

Ya creo que he aburrido demasiado hablando de literatura y lenguas, que si, son mis dos grandes pasiones. Creo que llego el momento de hablar de mi tercera pasión, el voleibol.

Todo empezó como cuando tenía nueve años, que comencé a practicarlo en mi colegio. Desde el momento que “bompié” mi primer balón sabía que era amor instantáneo. Así que desde ese tiempo comencé a jugar en el equipo del colegio, en aquellos tiempos donde yo era de la más altas. (claro, si medía 5′ desde aquella entonces, que es lo mismo que mido ahora) Mi amor seguía creciendo y pues, seguía adquiriendo responsabilidades en la cancha.

Cuando cumplí 13 años, a alguien le dio la gana de decir “tú, vas a ser acomodadora” yo nunca había sido tal cosa como acomodadora. Al principio mostré resistencia, como todas aquellas cosas que me toca hacer porque alguien me las dice, no porque yo las escogí, pero después, fue todo amor. Me di cuenta que el acomodador dentro del sistema voleibolístico es una de las piezas mas importantes del juego, en realidad, es como el motor o el político del juego. Es el acomodador quien decide quién atacará el balón y cómo. Díganme ustedes, ¿no es eso bastante político? Yo era de las que pensaba que atacar era lo único divertido y bonito, y en realidad lo es, pero me enamoré de mi posición, y aún hoy día, para mi resulta más fácil y más divertido apreciar la labor del acomodador que el simple hecho de que el ataque haya sido positivo.

Esa fue mi mejor edad dentro del voleibol, después, yo misma estoy conciente de que me anulé. Sí, estatura, peso, prioridades fueron alejandome del juego, pero nunca de la técnica y de cómo apreciarlo. Todos los veranos iba al Campamento Metro de Voleibol que la Federación siempre hace. Tengo que reconocer que hasta para ésto he sido una nerd. Mientras a todos lo más que le divertía era jugar, mi parte favorita era cuando ibamos al salón a hablar y aprender teoría. Yo siempre tan especial.

Hace algún tiempo hice el curso de Entrenador Nivel I que ofrece la Federación, pues siempre he soñado con coachear. La realidad es que hoy día mi ID de entrenadora no tiene validez alguna porque la hice hace más de un año y nunca continué al nivel II. Solo trabajé de coach por un día, la razón es otra historia aparte de la cual no me gustaría hablar, pero creo que gracias a eso, perdí mi gran oportunidad, y creo que fue lo mejor que pasó. Será en otra ocasión.

Hoy día que estoy tan enfocada en mis estudios, en ser escritora, interprete, traductora y/o profesora, también me encantaría poder dejar un espacio para el voleibol en mi vida. Me encantaría ser apoderada de un equipo, pero tendría que tener un dineral (espero que algún día me diera para eso) o si no, hace algunos años vi el trabajo de mis sueños. No recuerdo si fue en las Olimpiadas o en algún mundial, que vi a la selección de Rusia coacheada por un italiano. El italiano estaba hablando en su idioma y a su lado, tenía un interprete simultaneo que repetía sus instrucciones. Quedé enamorada para siempre de esa posición. Creo que ese sería mi verdadero dream job y fue una de las razones por las cuales estoy motivada en aprender ruso (además de por mi fe religiosa, que de eso me tocará hablar en otro post.)

Después de mucho tiempo, el año pasado durante mi intercambio en FIU pude volver a jugar voleibol en el intramural que hacen en la universidad. El equipo al que pertenecí logramos un subcampeonato frente a un equipo que ya había jugado junto en intramurales por años. Tuve la oportunidad nuevamente de ser acomodadora, ya que mis compañeras mismas decidieron que fuera así. Diría que esos fueron de los días más felices de mi intercambio (que he dicho muchas veces ya que no fue muy feliz en general.)

Definitivamente, este deporte ha y seguirá estando conmigo en muchos momentos claves de mi vida y aún sigue siendo un motivo de reunión tanto con familia como amistades. No imagino mi vida si mis años jugando voleibol no hubieran existido. El haber jugado, y específicamente, jugar de acomodadora me sirvió para aprender algo: Nunca arrepentirte de la decisiión que tomaste aún así no sea la mejor y te bloquearon a tu rematadora, y si hace falta, insiste hasta que logres el punto por ahí, sino, cambia la técnica. También me enseño a tener más confianza en lo que me rodea y a visualizar que hay distintos modos de lograr un solo fin, que no me aferre a uno. Podrán decir que de los deportes no se aprende nada bueno, pero yo del voleibol, he aprendido demasiado.