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Basta de imperativos: Enamórate de la mujer que te dé la gana

En los últimos días he leído una hemorragia de artículos ensayísticos diciéndole a los hombres que se deben o no se deben enamorar de las mujeres que leen, o de las mujeres que escriben, o de las que se hacen las difíciles. Probablemente también leí que deben enamorarse de las sumisas o de las que van a la iglesia los domingos. Yo no soy la mejor persona para dar consejos amorosos pero hombres, préstenme atención en esta: Todos esos artículos los engañan. Aún cuando soy una mujer que puedo decir que me identifico con el artículo de las mujeres que escriben y el de las que leen, ¿quien soy yo para decirles que se tienen que enamorar de un cierto tipo de mujer?

Debemos empezar por un dato sumamente básico: Es imposible agrupar a las mujeres en un solo grupo. Ni todas las mujeres que leen son iguales, mucho menos las que escriben, y “las que se hacen las difíciles” es de lo más risible. Todas estamos llenas de virtudes y defectos bastante particulares, que es muy probable que una sola etiqueta no logre cubrirlas todas. Segundo: En lo particular, me molesta el carácter imperativo con el que están escritos TODOS estos artículos. Ellos quieren hacerse los muy subjuntivos y que solo te están proporcionando ideas, pero implícitamente, te están ordenando a que hagas eso. En cuestiones del corazón, quien único debería ser imperativo eres tú (bueno, al menos eso siempre he creído.) ¿Por qué vas a hacerle caso a alguien que te dice “enamórate, escúchala, cómprale flores” cuando esas cosas que deben salir de ti mismo?

Volviendo al tema de las etiquetas, yo en este instante podría usar este espacio (como jamona irremediable) para decirle a los hombres de que se enamoren de “mujeres que les guste viajar, que hablen tres idiomas o más, que lean, que cocinen” y todas las características que me describirían. A mí no me da la gana de decirles eso. Probablemente a ti no te llene una chica que te puede decir cosas frescas en cinco idiomas distintos, pero si te llena una chica que muera por llenar su Pandora de charms. ¿Puedo decir yo que eso está mal? No. Somos entes distintos y probablemente esa chica del Pandora lleno tiene las cualidades dignas de llenar tu corazón mucho más que mis cinco idiomas y mis charlas de trova. ¿Ella es superior o inferior a mí? No, nuevamente, ni es “enamórate de la del Pandora” ni “enamórate de la que no cambia Radio Universidad”, esto se trata de enamorarte de la que tu corazón te dicte.

Hace unos días, en esta hemorragia de artículos me encontré con uno que hablaba de que a las mujeres nos gustan los hombres que se vistan bien, que mantengan su cuarto limpio, que sean detallistas y yo por ninguna parte me encontraba en lo absoluto identificada con ese artículo. Lo menos que busco en un hombre son esos detalles banales, pero es muy probable que otras mujeres si le interesen. Honestamente, me molestó bastante ese articulito. ¿Por qué me debería importar si un hombre se viste a la moda? A fin de cuentas, yo lo quiero desnudo. Lo que realmente me importa es su seguridad y su capacidad de conversar. Eso es lo que a mí realmente me llena y no creo bien que venga alguien a decirme que tipo de hombre me debe gustar. Tampoco creo que exclusivamente me gusten los “hombres que leen” o “los que se hacen los difíciles” o ninguna de esas etiquetas. Me gustan los individuos únicos con los que creo un grado de química muy saludable sin ninguna etiqueta. Asumo que la mayoría de los hombres opinan igual de las mujeres.

Es por esto que hoy les digo: Enamórense de quien les de la gana. Para el amor no hay edad, no hay gustos, no hay reglas ni mucho menos etiquetas. Enamórense de la persona que ustedes sientan que puedan crear un nexo bonito a la hora de estar juntos. De esa persona que, independientemente si lee, si hace drama, si es una amargada les saca una sonrisa siempre que están con ella. Enamórense de quien les dicta su corazón, no de quien les dicen los artículitos que leen en los blogs. De hecho, si creen que estoy siendo sumamente imperativa, tampoco me hagan caso a mí.

El inicio de “La transformación del mofongo”

Si leíste mi pasado post probablemente sepas que estoy en una fase de la vida en la que estoy intentando transformar el mofongo. En esos conteos que siempre hay que hacer entre reducir cantidades de relleno y contar cantidades de nutrientes finalmente, creo que me hallé. La manera en la cual el mofono se debe despejar de casi todo su relleno no es tan sacrificada. Parece hasta divertida. Después de estar dos días comiendo carne, huevo y queso me di cuenta de que esa era la base de mi nueva realidad. Al principio resultó deprimente pensando que era una miseria, después entendí algo: son precisamente los mismos alimentos que no se podían ingerir en el período de ayuno ortodoxo. Estaba haciendo un ayuno ortodoxo a la inversa.

Después de hacer eso, entendí algo que aún me dolió más. El alcohol tenía que estar por algún tiempo fuera de mi vida, mi adorado mantecado necesitaba controlarlo por completo. No debo pedir más pizza por un muy buen tiempo, en lo que logramos que este relleno llegue a un buen lugar. De momento, comienzo a animarme a cocinar cosas distintas a las que siempre he comido y me doy cuenta que no son tan malas na. Hora de hacer sacrificios, que no son tan sacrificados na (valga la redundancia). Dentro de algunos días, sé que les contaré como el mofongo se ha ido reduciendo.

Paja mental #49: El ex-menudo del que me enamoré

En uno de esos desvaríos en los que me pongo a pensar en detalles intrascendentes de mi vida, se me ocurrió pensar en algo que me gustara desde niña. Por mi mente pasó dedicarle estas letras a Pacheco, que tantas alegrías le trajo a mi generación con su “cámara, por favor” y su “ayuda celestial.” Se me ocurrió que tal vez la Srta. Jimena y sus estudiantes en “Carrusel podrían ser los indicados, pero tampoco.

Nací en el ‘89, el mismo año en que el infame muro de Berlín cayó, pero ese es un evento que no compuso nada en mi vida porque yo no lo recuerdo. Después de mucho pensar en mis amores de la infancia, como Yuri, Pandora, Ricky Martin y hasta Barney, recordé que hay un amor que he tenido desde niña hasta hoy: Johnny Lozada.

Cuando yo nací, Menudo todavía estaba ahí, Johnny Lozada no. Nunca vi a Johnny Lozada hasta un día en que estando en mi corral apareció en la televisión cantando con Proyecto M: Si no estás conmigo presiento, que será mi vida un infierno… Mi cuerpo aún no estaba consciente de fluidos vaginales ni de atracciones hacia el sexo opuesto, pero sí sabía que algo no actuaba de manera normal cuando Johnny Lozada aparecía en la TV. No volví a ver a Johnny desde mi corral.

En el año 1998, cuando yo aún no cumplía los 9 años, los ex-menudos se reunieron en su consabido Reencuentro y así fue como, semi conscientemente, conocí y me enamoré de Johnny Lozada. La realidad es que todavía a esa edad no sabía con toda precisión que era posible sentir atracción por hombres que me doblaban la edad, pero aún así sabía que me atraía el ex-menudo.

Todo quedó confirmado el día en que Johnny lanzó su calendario. Los 90 fueron los años de oro de los calendarios eróticos de modelos. Taína, Maripily, Mara la de Big Boy, hasta las voleibolistas se desnudaron, plasmando su cuerpo en alguna pose representativa para ese mes. Johnny fue uno de los pioneros en desnudarse, mas o menos al mismo tiempo que Julian Gil y sus agendas. Ese fue el momento en que me enfrenté a pensamientos libidinosos por primera vez en la vida. Siempre quise tener ese calendario pegado a mi pared pero, ¿qué adulto hubiese sido capaz de complacerme ese capricho? Nunca se lo dije a nadie.

En el 2001, como todas mis compañeras del 6-2 de Inmaculada, no me perdía la novela Amigas y Rivales. Ellas la veían porque querían ser como las nenas fresas que salían en la novela, yo la veía por Johnny. Lo mismo hice con Cómplices al Rescate. Honestamente, poco me importó que cambiaran a Belinda por Daniela Luján, pero si me daba cuenta cuando pasaban más de dos capítulos y Johnny no salía.

Pasaron algunos años hasta que hubo otro concierto de El Reencuentro. Confieso que moría un poco en el Clemente cada vez que Johnny bailaba al ritmo de “Y mi banda toca rock”. Zahíra, que estaba al lado mío me decía “Estás bien loca.” La última vez que vi al Reencuentro en concierto fue en el 2010, justo dos meses antes de irme a vivir a Miami por un año. Otra vez Zahíra, que estaba de nuevo a mi lado, volvió a decirme cada vez que hablaba de Johnny que yo estaba loca. La loca es ella que para poder chismear un rato tengo que visitarla a la Biblioteca de Derecho mientras se esconde detrás de un mamotreto de Derecho Constitucional.

Hasta donde sabía, Johnny Lozada vivía en Miami. Lo primero que eché en mi maleta cuando iba para allá eran los deseos de verlo algún día. Una vez en la ciudad, cada vez que me montaba en una guagua y me dirigía hacia cualquier punto de la ciudad lo primero que pensaba al poner mis nalgas en el asiento era: “¿será que hoy es el día en que voy a ver a Johnny?” Por eso, convertí en ritual el ver todos los domingos el programa de Univision donde el aparecía, a pesar de mi apatía por ese canal. Mi amiga Lorena, que tiene una historia similar a la mía con Johnny desde la infancia, insistía en torturarme en mi exilio colocando en las redes sociales una foto que se había tomado con él. La muy infeliz me decía con esa voz de borrachona risueña que pone a veces “cabrona le agarré una nalga.” Maldita puta.

Mientras tanto, me atrevo apostar que 23 años después de aquel momento en el corral, nunca he tenido cerca a Johnny Lozada. Todavía soy la fanática que se emociona cuando él responde mis tuits, tal como hizo el día de mi cumpleaños felicitándome. Como nunca tuve de frente al amor de mi niñez precoz, me he tenido que consolar con verlo participar todas las semanas en un concurso de baile de dudosa reputación donde una mexicana de tetas plásticas está tan obsesionada por él como yo. Solo que ella sí lo ha tenido de frente, pero vive amargada porque él nunca se lo metió. A diferencia de ella, yo me conformo con tenerlo cerca, aunque mi reacción sea quedarme en total mudez, paralizada, temblorosa y tan si quiera pueda abrazarlo.

Yo tan solo soy una fanática enamorada de aquel nene que le cantaba a Clara, quien lo observaba desde su balcón. Sé que nunca me van a cantar como a Clara, apenas sé si llegue a tener de frente a ese chico alguna vez. Lo único que sé con certeza es que si algún día, Johnny llegara a leer esta crónica tonta que le dediqué por ser una de las cosas más consistentes de mi vida, ese será uno de los días más felices de aquella niña en el corral, que un día lo vio y hasta el sol de hoy.

Estar en forma… redonda

He intentado empezar este post de 10 maneras distintas sin que ninguna suene clichosa.  Decidí abortar la misión: no importa como empiece, siempre será BASTANTE clichoso cuando se trata del asunto que voy a tratar hoy. Normalmente hablo de las cosas que me hacen feliz o de las que me incomodan del exterior, pero pocas veces hablo de las que me incomodan de mí, tanto físicas como internas.  Hoy he decidido hablar de la cosa que más me incomoda de mi interior y de mi exterior, y no sé si por voluntad propia o por la influencia de la sociedad en mi persona: mi gordura.


Probablemente eres de las personas que hace algunos días leyó mi cuento sobre las nalgas (el cual no publicaré por obvias razones) y si sabes de lo que te hablo o no, pues te advierto que esto puede ser tanto el preludio como la secuela de dicho cuento.  Debo empezar por el principio, si es que esto tiene alguno (no estoy del todo segura) pero no estoy segura de en que posición en mi vida va ese cuento del otro día.  A fin de cuentas no importa, esta es mi historia y la empiezo por donde crea más conveniente.
Llevo años oyendo a mi madre decir “fue por culpa de esas pastillas McCoy que te di a los 6 años” o viendo a Juliana Paes o a Bárbara Mori en la televisión mientras me dice “yo pensaba que tu ibas a tener el cuerpo así”. Nunca pensé que la más ardiente de mis pasiones tronchara la mayor de las expectativas que mi madre tenía sobre mí. De por sí no recuerdo ningún punto de mi vida en el que hubiese sido delgada para mi edad y mi estatura, pero mi madre siempre insiste en recordármelos todos, como reprochando que no lo sea y que probablemente, nunca lo consiga.  Sí, tomé pastillas, hice ejercicios, he hecho hasta la dieta del toma y dame, pero siempre mi pasión me vence.  Hace unos 3 o 5 años llegué a verme lo más delgada que yo sí he logrado reconocerme, pero a pesar de ello, no conseguía reconocerme porque ahora no estoy tan segura de cuán yo era en ese momento.
Llegué a la parte clichosa del cuento que he intentado skipear desde el inicio de este relato: Yo también fui víctima de bullying en la escuela, hasta el día en que me gradué. Recuerdo que desde sexto grado, entre espejuelos, gordura, braces, actitudes entre otras me gané un sinnúmero de apodos.  Vivía hastiada desde los 11 años de la sociedad en la que vivía.  Curioso que 13 años más tarde aún lo esté y quizás en peor escala.  Aún me pregunto porque no cumplí ninguna de las promesas de suicidio que hice por un largo periodo de tiempo, pero claro, de haberlo hecho no estaría escribiendo esto. Eso hubiera sido un GRAN desperdicio.
El día que “el amor” llegó a mi vida, vino acompañado de esto también debajo de la manga. La frase que más me ha marcado desde que tengo 15 años es “tú serías la mujer de mi vida si rebajaras, vistieras de otra forma, y te arreglaras más”. Claro, ahora con la distancia del tiempo puedo concluir “yo NUNCA fui el amor de su vida”, pero en aquel momento no conseguía entender eso. A veces vuelvo a esa frase y creo que está más apegada a mí de lo que creo: no soy la mujer de la vida de nadie. No me arreglo, no me da la gana de vestir de otra forma, no rebajo.
Dicen las malas lenguas que vivo la vida detrás de un escudo, quizás sea cierto. Nací en un país, es un nucleo, en un mundo que siempre vio mal que en el Field Day en vez de estar pendiente a lo que sucediera, yo quisiera leer Cien años de soledad. Nací en un país en el cual mucha gente me rechaza porque “me creo que me lo sé todo” y eso viene siendo así desde tiempos inmemorables. Más de la mitad de la gente que me rodea no entienden mis motivaciones, lo que me emociona, lo que me apasiona. ¿Cómo no esconderte detrás de un escudo cuando todo lo que haces y eres es motivo de ataque?
Otras lenguas dicen que tengo un condón magnum size en el corazón.  Solo queda decirles: no es más que la pura verdad. ¿Quien quiere estar expuesto a más cantazos en la vida cuando descubriste que meterte en la vida de los Buendía resulta más apaciguador que hablar con tu vecino? ¿Para que quiero otro amor que me diga que “soy la mujer de su vida pero…”? Hasta ahora, en ninguna página de Rayuela, Oliveira me ha dicho eso, pero creo que eso no les importa.
Volviendo al asunto, sí soy gorda. Sé que la gente más superficial responderá a este asunto con un simple “mija pues rebaja” y probablemente tengan toda la razón del mundo, pero ahora toca darle a la comida, a mi gran pasión, su lugar en este texto.  La comida, si, me ha engordado, me hace daño a la salud pero jamás me ha dañado el alma como me la dañan los que me rodean.  Si hay algo en lo que esta sociedad está totalmente errada, es que nunca ha medido el poder de la palabra. Sé que existe gente que le dicen un “estás gordo” y es suficiente motivación para bajar de peso.  En mi caso, es tan solo el martirio con el que llevo cargando toda mi vida. He sabido estar contenta por muchos otros motivos y que en mi casa solo me digan “¿y cuando es que tu piensas rebajar?” A veces pienso que toda mi vida se reduce tan solo al hecho de que no soy ni consigo ser flaca. No lo consigo porque prefiero el mantecado al maquillaje, los bizcochos a la moda, sentarme a leer a ir al gimnasio. Sí, paso por épocas en que me engaño y engaño al mundo diciendo “fui al gimnasio” “no me comí el postre”. Juro que es el momento en el que más vacía y falsa me siento.

Grito desesperado de quien desea realizar un sueño

A quien pudiere interesar (Si es que a alguien pudiere interesar):

 Por medio de esta carta quiero manifestar un sueño, un gran deseo el cual quisiera alcanzar y por el cual busco cualquier tipo de ayuda para alcanzarlo. Mi nombre es Brenda Gisselle Mejia Reyes, tengo 24 años y soy estudiante de Lenguas Modernas y Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico. Por gracia de la vida, soy una persona saludable que lo único que anhela es comerse el mundo y ejercer mi profesión. Soy sumamente agradecida con la vida ya que por medio de mis trabajos como tutora de estudiantes de todos los niveles escolares y distintos tipos de venta de productos (Bake sales, Avon) nunca me ha faltado nada e incluso tuve la oportunidad de realizar uno de mis más grandes sueños: conocer Escandinavia.

En esta ocasión, no intento presentarme como alguien que alardea de lo que la vida le ha dado, ya que esa no es mi intenció. Por la presente, solo quiero mostrar mi intención de trabajar un poco más ya que deseo realizar otro de mis sueños. No estoy buscando que me lo pongan en bandeja de plata, ya que conozco el valor de esforzarse por alcanzar una meta.

Por muchos años dos artistas han inspirado muchas de las cosas que hago: Charly García y Fito Páez.  He seguido sus carreras detalladamente, he hecho de sus canciones himnos y parte de mi filosofía de vida. Ha sido con estas canciones que me he enamorado y he creado vínculos más fuertes con mis amistades al cantarlas a coro en cualquier circunstancia.  Por mucho tiempo he despertado en las mañanas soñando con que finalmente, pude verlos en vivo. Incluso, los he convertido en parte de mis estudios universitarios.  He hecho investigaciones en las cuales Charly y Fito has sido piezas fundamentales (La Nueva Canción Argentina como respuesta a los mecanismos de poder.)  Mi tesina de grado tuvo como uno de sus temas de estudio la obra de Fito Páez (Los Siete Locos y Los Lanzallamas en la música popular argentina.)  Además de esto, tuve la oportunidad de leer la primera novela escrita por Páez, La Puta Diabla, y convertirla en una de mis novelas favoritas.

Hace un año pude realizar este sueño a medias ya que pude ver a Charly García, y confieso que fue uno de los mejores momentos de mi vida.  Todavía me falta realizar la mitad de este sueño: ver a Fito Páez en vivo.  Este sueño ya se hizo imposible de realizar en mi país ya que en Puerto Rico los productores decidieron que traer a Fito en concierto es “muy caro”.

La oportunidad de ver a Fito este año es una posibilidad, aunque por lo que estoy generando en mis trabajos, una muy remota.  Fito y Charly se presentarán juntos el próximo 15 de noviembre en Bogotá, Colombia.  Nadie tiene idea de todo lo que sería capaz de dar por estar allí, pero lamentablemente, me falta trabajo y esfuerzo para poder conseguirlo.  Jamás se me ocurriría pedir dinero, pues, como ya dije soy una persona sana que puede realizar cualquier tipo de trabajo con el fin de conseguir mi sueño.  Lo que si pido encarecidamente es que me ayuden proveyéndome cualquier tipo de trabajo, para generar al menos los US$800 que son necesarios para asistir a este evento desde Puerto Rico.  Pueden cooperar también comprando alguno de los productos que vendo, ya que sé que mediante esto puedo acercarme cada vez más a mi meta.

Sé que a muchos les puede parecer absurda mi insistencia para conseguir lograr esto y deben estar pensando “eso lo puedes lograr más adelante” pero en este instante, no estoy segura sobre cuán posible sea eso.  Para el 2014 he decidido apostar por buscar mi porvenir en Corea del Sur, ejerciendo como maestra de inglés y esto me mantendrá al menos un año alejada del continente americano.  Un año es tiempo suficiente para que un sueño se desvanezca de cualquier forma y deje de ser posible.  Es considerando esto que pido que, si pueden, se identifiquen y cooperen de la manera que puedan.  Sé que todos estamos viviendo tiempos muy difíciles, y que lo que pido puede sonar como una frivolidad, pero su colaboración de la forma que sea sé que será bien recompensada tanto por la vida como por mí.

Muchísimas gracias por tomarse el tiempo de leerme.

Queda de ustedes,

Brenda G. Mejía Reyes

El post más mierda ever… porque es 9 de julio

Mi ausencia en estos lares se resume a lo que Ricky Martin cantaba (lamentablemente, en palabras escritas por Ricardo Arjona):

Por andar ocupado en el cielo me olvide que en el suelo se vive mejor…

Digamos que intento engañarme haciéndome creer que estoy escribiendo cosas serias, pero estoy pasando por algo a lo que le llamo “crisis de musa”. Hay muchísimas convocatorias para enviar cuentos, pero solamente he logrado producir uno, además, se supone que estoy haciendo una investigación para una novela, que al paso que voy es muy probable que termine siendo una publicación póstuma. Estos son los momentos en los que desearía tener el botón de fast forward, porque es cuando sabes que un periodo de tu vida no es productivo, y este verano ha resultado ser el menos productivo de mi vida, y quizás, también el más deprimente.

Es frustrante darse cuenta que uno sigue en el mismo lugar de siempre, a pesar de que tus ideas estén algo más adelante tus condiciones físicas te permiten hacer muy poco. Y no tan solo hablemos de físico, que lo económico está terrible. Estar en el mismo lugar siempre llevando una vida, no con limitaciones, porque no se trata de ser pobre ni rico, sino de estar en el mismo lugar, incluso careciendo de rutina. Es como ver que todo pasa frente a tus ojos y tu no tener ningún poder de cambiar nada. Cualquiera que lee esto diría: “muévete, haz algo” ¿que se puede hacer cuando no se tienen herramientas o las herramientas están a medias? no creo que mucho, y quizás sea el periodo más pendejo de la vida del ser humano.

Al menos hoy es 9 de julio… ¿qué carajo tiene de especial? Pues, un día como hoy el año pasado mataron a Facundo Cabral, murió a destiempo. Siempre que alguien muere a destiempo jode, imagínate todos los que están muriendo a destiempo con esta ola criminal. Un 9 de julio también nació Mercedes Sosa. Para muchos Mercedes Sosa es una cantante de “esa mierda de música que Brenda escucha” y quizás tienen razón, porque siempre voy a preferir mi “mierda de música con sentido” que su “música cabrona que no dice un carajo”. Mercedes Sosa representa para la cultura latinoamericana muchísimo, esa lucha de las minorías que siempre se ven como cáncer a la sociedad elitista y cosmopolita. Pero bueno, yo sé que eso a muchos no les importa.

Entonces, sigo… hoy es 9 de julio, es la independencia de la República Argentina. ¿Por qué debería importarme la independencia argentina? Pues les hago un breve cuento: el día de la independencia de EEUU una vecina estaba diciendo que no entendía porque la gente va a la playa ese día porque hay que estar agradecido con los gringos. A mi los gringos no me caen mal, me dan igual. Llegué a un punto en el que estoy mostrando indiferencia ante la situación “yo no elegí nacer en una colonia, pero amo la educación, si viviera en otra nación, me podría educar gratis, pero los gringos solo me ofrecen beca pell para hacer lo que más amo” Otro punto difícil de entender para muchos. Por ende, el 4 de julio me es indiferente, lo respeto como respeto cualquier otra celebración de independencia en el mundo, pero vuelvo al 9 de julio.

Mi vecina hablo de agradecimiento, y yo, me siento tan agradecida con los argentinos como con los brasileños. ¿Por qué? Argentina me ha dado a Julio Cortázar, Jorge Luis Borges y a Andrés Neuman en la literatura, que son tres de mis autores favoritos. Me dieron a Jorge Elgueta, uno de los mejores jugadores de voleibol del mundo y que orgullosamente, jugó para mis Gigantes de Carolina. Me dio actores que me encantan como Ricardo Darín, y como CECILIA ROTH. Y finalmente, llegamos a la música. Argentina me ha dado a Mercedes Sosa, Andrés Calamaro, Charly García, Luis Alberto Spinetta, León Giego, a mucha gente más, pero el más importante en mi vida: Fito Páez. Para ustedes nuevamente, esto vale mierda, de que vale celebrar esto, música es algo whatever. La música cambia la vida, yo estoy segura de ello. No creo que la música sea algo para presumir, sino algo para sentir. Yo digo “sentir pena” de aquellos que se quedaron “stucked” con Arjona pero los entiendo, si fue lo que les entró al corazón, pues, les entró y punto.

A mí el Rock Nacional Argentino me jodió la vida, para bien o para mal. Por ende, creo que por eso le debo estar agradecida a los argentinos y darme unas cuantas Quilmes frías por ello. También, contemos el detalle de que es probable de que en dos años, Buenos Aires sea mi futuro hogar (si São Paulo no me seduce lo suficiente)

El cofresito…

Rodrigo (el grande) y Leoncio (el pequeño)… Leoncio es parte fundamental de esta historia.

Toda mi vida he sabido lo que quiero. Desde que tengo 13 años la meta de mi vida es estudiar en la Universidad de São Paulo (Brasil), una de las más difíciles para entrar en Latinoamérica. Siempre he querido una carrera que me permita viajar y conocer nuevos lugares. Creo que llegar a ser interprete, escritora y traductora literaria me permitirá estar en diversos congresos y festivales todo el tiempo y hará que sea casi imposible establecerme en un solo lugar. En toda esta bagunça, ¿dónde queda mi corazón?

Se suponía que se quedaba en un cofre encerrado bajo llave. Los últimos cuatro años habían servido para enseñarme eso. Ningún hombre está dispuesto a comprometerse con un alma libre, ya sea por miedo o por machismo, que a fin de cuentas se resumen en una sola cosa: PENDEJOS. Aquí viene el típico pensamiento: para estar al lado de un
pendejo que no entiende lo que hago, PREFIERO ESTAR SOLA
. ¿Cual es el problema? Que siempre hay un pendejo más cabrón que cualquier otro que resulta, tenía la llave de abrir el cofre.

Durante estos cuatro años ha existido un hombre que por más que cambie la cerradura del cofre, siempre encuentra la llave que lo abre. Es totalmente opuesto a la persona con la que quisiera estar, eso lo sé. Este último año, todo a mi alrededor me hace conciente de ese dato, pero hay algo más allá entre él y yo imposible de explicar por más palabras que busque.

Hace tres meses, conocí a un hombre que pensé se asemejaba más a lo que siempre he querido para mi vida. Pensé que tenía la llave adecuada para el cofre, pero me equivoque. Sólo un botón bastó para muestra de que se acerca mucho menos a lo que sería adecuado para mí que aquel nómada que vaga por mi vida, y que a pesar de todo aquello que ha pasado a través de los año, alguna fuerza siempre insiste en acercarnos.

Después de todo este tiempo no sé si lo que habita en mi corazón es amor. Sólo sé que estar en sus brazos me da una extraña sensación de seguridad que a su vez me hace sentir culpable. Quizás sea por aquel refrán que dice Más vale un mal conocido que un bueno por conocer. La razón por la que me hace sentir culpable es poque la gente que me quiere piensa que ésto no está bien, que al final me hago daño. En cierto punto, tienen toda la razón, en el otro pues, simplemente resulta inevitable para mí evadir su presencia en mi vida. Por más que insista en recalcar lo malo, en burlarme, en reírme, en recordar las lágrimas, aquella cosa más allá, sí, aquello que no hay palabras para explicarlo siempre vence. Siempre tiene la llave correcta para abrir el cofre.

Ahora… ¿por qué Leoncio es parte fundamental en esta historia? Porque es el único recuerdo de él que tengo siempre conmigo; un fiel testigo de todo lo sucedido en el último año.

El amor en términos algo derrotistas…

No se cuantas veces he bloggeado sobre el asunto, pero pues, por lo visto me divierte repetir lo mismo, a ver si aquello que estipulaba “The Secret” es cierto y se dá. Suena algo cruel, pero estoy harta de bregar con gente que no se da cuenta que no tenemos absolutamente nada en común. Algunos optimistas dicen: “los opuestos se atraen”. Vi una entrevista que le hicieron a uno de los creadores de EHarmony en la que dijo una cita que se asemeja demasiado a la que ha sido mi realidad amorosa: “Opposites attract; then attack!”. A veces he pensado y me he programado para creer que me gusta estar con alguien con quien tenga mas similitudes que diferencias, por aquello de no aburrirnos. Esa aseveración es completamente FALSA. Puede que al principio, las diferencias no duelan, no molesten y que todo pueda “go with the flow” pero cuando se cae la venda del enchule, ¿qué es lo que queda? He visto como mis antiguos amores han hecho que nuestras diferencias no tan solo molesten, sino que duelan demasiado porque no las saben respetar.

Otra cosa que me duele hasta más no poder, es lidear con gente que no tiene aspiraciones, y que por ende, son incapaces de respetar las tuyas. Muchas veces me he dicho: “olvidate de que estudie en un instituto, o que quiera seguir teniendo trabajos part-time, son buenas personas”. Pero hoy día, ¿de que vale solo estar con una buena persona solo porque es buena cuando se trata de amor? Se desarrolla el cariño, pero ¿y la chispa de enamorarse y admirar a esa persona? ¿dónde queda? Quizás mi punto es algo cruel, porque a muchos les puede sonar a que soy una “golddigger” cuando no es así. No estoy pidiendo un hombre millonario, lo único que le pido a la vida es un hombre que disfrute de dos cosas que yo también disfruto: la lectura y las artes en general.

Para mí, es terrible hablar con un hombre el cual cada seis palabras que digo, me pregunta, “¿qué es eso?” No me parece que pueda ser capaz de enamorarme de alguien con quien no puedo hablar, ¿dónde quedará la parte de la comunicación que es tan importante en una pareja? Si no puede entender ni mis inquietudes ni tampoco mis chistes, no entenderá absolutamente nada.

Es por estas razones que he preferido alejarme del concepto “amor” como sintiendome derrotada. Es obvio que he conocido hombres que encajan por completo con mi descripción, pero o son casados, o son gays, o simplemente, toda la seguridad que demuestro al escribir esto y asegurar qué es exactamente lo que quiere, desaparece al darme cuenta que estoy frente a un hombre brillante. Me parece como que si se me ocurriera hablar, no importa lo que diga, voy a sonar tan bruta como Maripily.

He decidido no darle más casco al concepto amor, es cierto, pero al sentirme en estos momentos como la última descripción que puse, o sea, como Maripily frene a un hombre brillante, tenía que desahogarme el resto de mis inquietudes, y pues, quizás dejarle claro a unos cuantos porque no logran nada conmigo, muchas veces ni mi amistad. ¿Si no somos capaces de entablar una conversación, sinceramente, podemos ser amigos? Si tanto la amistad y el amor tienen esa base, COMUNICACIÓN.

Intro: Just one language and who I am… [Mostly SPANISH!]

JUST ONE LANGUAGE…

Ask a poliglote to choose only one language is always the worst thing you can do! Ni que preguntarme, ¿que lengua prefieres hablar? Es mucho más fácil preguntar cual es la que no quiero, y con mucho gusto te contestaré: INGLÉS! Why you don’t like to speak English? I guess it is just because I don’t feel I have as many adjectives to express myself as in the other languages I can speak. And why did you chose to learn languages? Only one word: Passion, Pasió, Paixão, Passione… select which language you prefer!

Ésta fue la decisión más dificil para mí cuando se trataba de comenzar a escribir este blog. ¿En que idioma lo escribo? Blogger me decía que tenía que seleccionar el idioma en el que sería mi blog, y esa pregunta me volvió un ocho. Seleccioné inglés porque todos sabemos que es lo mas neutral. A pesar de eso, a fin de cuentas decidí que cómo sería mi blog, me tocaba a mi escribir en el idioma que me diera la real gana, en el que me saliera del corazón escribir ese día, y eso es lo que voy a hacer.

THE ONE WHO WRITES HERE

Con decir que me llamo Brenda Gisselle no digo nada. ¿Quién soy? Who I am? Chi sono? Quem sou? Isn’t that even harder than chosing just one language to write? Definitivamente, esta pregunta de quién soy y como me describo siempre me resulta muy compleja. Si tuviera que complacer a los superficiales , me describiría como una mujer de 5’0 y con muchisimas libras más y sumamente aburrida.

Para aquellos que no son tan superficiales, saben que detrás de esa “gorda aburrida” hay mucho más. Una mujer movida por esta pasión de escribir, de escribir en cualquier idioma y hasta quizás disparates pero escribir. Me mueve también la justicia, y no ser abogada o fiscal, sino aquellas cosas que podemos decir que son justas… que en mi definición muy personal, lo resumiría a no hacer lo que no quisieras que te hagan o que te pasé, y si lo haces, asume las consecuencias de lo que hiciste. Otras cosas que me gustan lo son la música, el arte, la naturaleza, los paseos, descubrir cosas nuevas… y nuevamente, para complacer a los superficiales, me puedo definir también como una consumerista en proceso, o una consumerista anónima así a lo alcoholicos anónimos, quizás lo soy pero me cuesta aceptarlo. Los libros y el cine son parte fundamental de mi vida, y creo que van de la mano en muchas ocasiones.

Otros detalles curiosos sobre mí es que gracias a que mi padre es programador de computadoras, he estado en contacto con este aparato desde que tenía 2 años y que recuerdo el día que dije “mamá” por primera vez. ¿Necesitas que te haga ese relato? Tenía aproximadamente un año y medio y en la televisión estaba puesta una novela en la que actuaba Giselle Blondet. Me puse de mona a trepar en el playard cuando me caí y me di un guataponazo bien dado en la cabeza. No me quedo de otra que gritar “¡MAMAAAA!”. Esta historia, mi madre no fue la que me la hizó. Un buen día, hace algunos años quise corroborarla con mi mamá y le expliqué todos los detalles y quedó en shock de que supiera hasta que Giselle Blondet estaba en el televisor.

Creo que ésto fue una muy buena introducción, si quieres saber más, pues sigue leyendome. Sé que puedo ser media loca a veces, pero eso es parte de divertirse.