Archives

I don’t live where you vacation, but meanwhile I will make the most of it.

Estos últimos días lo único que he encontrado en el internet de mi adorada isla es una ola de pesimismo y optimismo extremo que para un indiferente podría resultar nauseabunda. El problema dentro de mi “indiferencia selectiva” no es exactamente que la gente decida ponerse a un lado de la balanza, sino lo absurdo que es ver a ambos lados enfrentados, o queriendo anular lo que dice el otro. Quizás para muchos hoy yo vengo a anular a ambos, y quiero ser honesta: a mí me da igual la rabia que sienten los unos por los otros. Mi rabia es en sí con los dos y de manera proporcional.

Primero, hacer unos días salió a la luz alguien que por sus conexiones pudo regresar a la isla y trabajar en el Financial District. A los pesimistas esto le pareció de muy mal gusto porque ” logró regresar a Puerto Rico por sus contactos”. No tan solo eso, los pesimistas se alzaron porque el hombre había escrito que estudió en San Ignacio y que el que no había podido salir a flote en esta isla era porque no había buscado. Tiene toda la razón y a la misma vez, como lo despedazaron los pesimistas, no la tiene. Es totalmente cierto que no comparto la realidad de este hombre. Es totalmente cierto también que yo no he salido a flote en esta isla porque no he buscado opciones. Lo que no entiendo es porqué hay que despedazar a alguien por amar a su isla a su manera. He profesado todas las ideologías de izquierda durante toda mi vida adulta (probablemente por este escrito unos me tilden de melona y el otro extramo me tilde de socialista y yo nuevamente les digo: no me puede importar menos) y en el caso, tanto de la derecha, como de la izquierda el extreme me ha resultado asqueroso. Todos en la vida tenemos un talento y una serie de oportunidades. Yo no estudié en San Ignacio, pero si tuve la oportunidad de ir a un colegio bilingüe que, no tan solo me sacó un espíritu bilingüe, sino en el que también tuve la oportunidad de descubrir a la políglota en mí. Otros, lamentablemente, han tenido menos oportunidades de las que tuve yo y el caballero de San Ignacio, pero en los tres escenarios aplica una de las frases que mejor me ha movido en la vida: la necesidad es la madre de la iniciativa. En todos los escenarios, con las oportunidades que tenemos, la iniciativa ha de ser lo que nos caracterice.

Segundo, ahora toca hablar de los pesimistas. Estos han escrito un artículo bastante vomitivo en el que lo único que hacen es quejarse, quejarse y quejarse sin presenter ninguna solución. Estoy totalmente de acuerdo con el punchline que usan, porque si hay una frase que detesto es esa de “I live where you vacation” porque no, yo vivo en Barrio Obrero, la gente vacaciona en Isla Verde. Si bien es cierto que mi realidad no es la misma del hombre anterior, tampoco la aplasto como lo hacen ellos en su articulito. Pretenden decir que porque el hombre es de San Ignacio, su experiencia está anulada y el hecho de que haya regresado a Puerto Rico es solo dado al hecho de sus contactos, que el resto lo que hacemos es intentar salir a todas costas de la isla. Cierto y no es cierto al mismo tiempo. Creo que sí, somos muchos los que estamos deseando salir de la isla, igual me parece vomitivo hablar como esta gente. Yo he buscado oportunidades de salir de este país por todo el mundo, nada se me ha dado. Eso anula lo que dice el primer hombre, pero a su vez anula a los pesimistas estos. En ningún momento los pesimistas intentan buscar el porqué de lo que les sucede (aunque todos entendemos que intentan culpar “entre líneas” al gobierno), y esa es mi crítica principal contra este artículo.

¿Cuál es su punto? ¿Solo querer reducir el artículo del anterior porque comparte una realidad distinta a la suya? Yo sé que todos hemos hecho mucho por salir a flote en esta isla pero, ¿qué hicieron ustedes? ¿por qué no les funcionó? Todos sabemos que sí, el gobierno está cabrón. Mi artículo no es un intento de tirarle un toallazo a ningún politico, ya que los de este país tienen mejor vocación como payasos. Si bien es cierto que tienen mucho de responsabilidad de que la educación, los valores, las oportunidades se estén yendo por la borda pero, ¿y tú que haces para combatir eso? ¿Solamente quejarse? Si bien el gobierno tiene el deber de cuidar por el pueblo como colectivo, ¿qué es lo que estamos haciendo por el individuo? Bien es cierto que en Puerto Rico una vez te gradúas lo único que consigues es un part time a salario mínimo y probablemente no en lo que te graduaste. La vida aprieta pero no ahorca. Inventa. Si quieres salir de la isla, agárrate de la minima oportunidad para ahorrar, sobrevivir, y finalmente largarte de la isla.

Como les dije, la necesidad es la madre de la iniciativa, mientras  haces eso, ¿por qué no tomas guisos fuera de tu trabajo? A mí no me avergüenza en lo absoluto decir que mientras trabajo salario mínimo vendo Avon, “freelanceo” en lo que estudié y hago múltiples cosas para, finalmente, salir de la isla, como vender Coquito en Navidades. Aún no se me ha caído un canto por hacer esto. Bien es cierto: no tengo los contactos que el hombre de San Ignacio, pero he creado mis propias oportunidades. A lo mejor el día que salga como ese hombre, voy a querer regresar a la isla pero hay otra lección que debemos aprender: nadie, NADIE es profeta en su tierra. En esta isla la gente “se revalida” después de haber salido. Así el diminuto campo laboral comienza a respetarte. ¿Qué la criminalidad está en alza? Ojalá tuvieramos TODOS las herramientas en nuestras manos para cambiar eso.

Mientras tanto, podemos siempre servir en el tiempo que nos sobra o que tenemos como voluntarios en las escuelas, en los residenciales. Muchos de esos niños que eventualmente se convierten en criminales solo necesitaron a alguien que los escuchara, que les diera el consejo correcto en el momento correcto, ¿y si ese alguien eres tú y por estar desperdiciando el tiempo en quejarte no estás haciendo un pequeñísimo cambio? No, se lo quieres dejar todo al gobierno mientras te quejas de tu falta de oportunidades mientras otro tiene muchas menos y te quejas a su vez de que otro tiene otras oportunidades.

Yo estoy sumamente clara: I definitely don’t live where you vacation, but meanwhile I live here, I will make the most of it. Hay cosas que me revientan de esta isla, y nunca las voy a tapar, pero no voy a vivir quejándome mientras sí hay cosas que puedo hacer. La clave es uno como individuo contar con INICIATIVA para llevar a cabo las cosas que están en tus manos. Quejándome por las oportunidades que tienen otros, no voy a conseguir nada. Dejemos a los demás vivir como quieren y comencemos a hacer de nuestras vidas lo que nosotros queremos, así eventualmente lograremos esas cosas que sí queremos, como salir de la isla. Hasta ahora no conozco a nadie que haya conseguido salir de la isla simplemente por quejarse. Con eso solo consigues amargarte y más nada.

Basta de imperativos: Enamórate de la mujer que te dé la gana

En los últimos días he leído una hemorragia de artículos ensayísticos diciéndole a los hombres que se deben o no se deben enamorar de las mujeres que leen, o de las mujeres que escriben, o de las que se hacen las difíciles. Probablemente también leí que deben enamorarse de las sumisas o de las que van a la iglesia los domingos. Yo no soy la mejor persona para dar consejos amorosos pero hombres, préstenme atención en esta: Todos esos artículos los engañan. Aún cuando soy una mujer que puedo decir que me identifico con el artículo de las mujeres que escriben y el de las que leen, ¿quien soy yo para decirles que se tienen que enamorar de un cierto tipo de mujer?

Debemos empezar por un dato sumamente básico: Es imposible agrupar a las mujeres en un solo grupo. Ni todas las mujeres que leen son iguales, mucho menos las que escriben, y “las que se hacen las difíciles” es de lo más risible. Todas estamos llenas de virtudes y defectos bastante particulares, que es muy probable que una sola etiqueta no logre cubrirlas todas. Segundo: En lo particular, me molesta el carácter imperativo con el que están escritos TODOS estos artículos. Ellos quieren hacerse los muy subjuntivos y que solo te están proporcionando ideas, pero implícitamente, te están ordenando a que hagas eso. En cuestiones del corazón, quien único debería ser imperativo eres tú (bueno, al menos eso siempre he creído.) ¿Por qué vas a hacerle caso a alguien que te dice “enamórate, escúchala, cómprale flores” cuando esas cosas que deben salir de ti mismo?

Volviendo al tema de las etiquetas, yo en este instante podría usar este espacio (como jamona irremediable) para decirle a los hombres de que se enamoren de “mujeres que les guste viajar, que hablen tres idiomas o más, que lean, que cocinen” y todas las características que me describirían. A mí no me da la gana de decirles eso. Probablemente a ti no te llene una chica que te puede decir cosas frescas en cinco idiomas distintos, pero si te llena una chica que muera por llenar su Pandora de charms. ¿Puedo decir yo que eso está mal? No. Somos entes distintos y probablemente esa chica del Pandora lleno tiene las cualidades dignas de llenar tu corazón mucho más que mis cinco idiomas y mis charlas de trova. ¿Ella es superior o inferior a mí? No, nuevamente, ni es “enamórate de la del Pandora” ni “enamórate de la que no cambia Radio Universidad”, esto se trata de enamorarte de la que tu corazón te dicte.

Hace unos días, en esta hemorragia de artículos me encontré con uno que hablaba de que a las mujeres nos gustan los hombres que se vistan bien, que mantengan su cuarto limpio, que sean detallistas y yo por ninguna parte me encontraba en lo absoluto identificada con ese artículo. Lo menos que busco en un hombre son esos detalles banales, pero es muy probable que otras mujeres si le interesen. Honestamente, me molestó bastante ese articulito. ¿Por qué me debería importar si un hombre se viste a la moda? A fin de cuentas, yo lo quiero desnudo. Lo que realmente me importa es su seguridad y su capacidad de conversar. Eso es lo que a mí realmente me llena y no creo bien que venga alguien a decirme que tipo de hombre me debe gustar. Tampoco creo que exclusivamente me gusten los “hombres que leen” o “los que se hacen los difíciles” o ninguna de esas etiquetas. Me gustan los individuos únicos con los que creo un grado de química muy saludable sin ninguna etiqueta. Asumo que la mayoría de los hombres opinan igual de las mujeres.

Es por esto que hoy les digo: Enamórense de quien les de la gana. Para el amor no hay edad, no hay gustos, no hay reglas ni mucho menos etiquetas. Enamórense de la persona que ustedes sientan que puedan crear un nexo bonito a la hora de estar juntos. De esa persona que, independientemente si lee, si hace drama, si es una amargada les saca una sonrisa siempre que están con ella. Enamórense de quien les dicta su corazón, no de quien les dicen los artículitos que leen en los blogs. De hecho, si creen que estoy siendo sumamente imperativa, tampoco me hagan caso a mí.

El inicio de “La transformación del mofongo”

Si leíste mi pasado post probablemente sepas que estoy en una fase de la vida en la que estoy intentando transformar el mofongo. En esos conteos que siempre hay que hacer entre reducir cantidades de relleno y contar cantidades de nutrientes finalmente, creo que me hallé. La manera en la cual el mofono se debe despejar de casi todo su relleno no es tan sacrificada. Parece hasta divertida. Después de estar dos días comiendo carne, huevo y queso me di cuenta de que esa era la base de mi nueva realidad. Al principio resultó deprimente pensando que era una miseria, después entendí algo: son precisamente los mismos alimentos que no se podían ingerir en el período de ayuno ortodoxo. Estaba haciendo un ayuno ortodoxo a la inversa.

Después de hacer eso, entendí algo que aún me dolió más. El alcohol tenía que estar por algún tiempo fuera de mi vida, mi adorado mantecado necesitaba controlarlo por completo. No debo pedir más pizza por un muy buen tiempo, en lo que logramos que este relleno llegue a un buen lugar. De momento, comienzo a animarme a cocinar cosas distintas a las que siempre he comido y me doy cuenta que no son tan malas na. Hora de hacer sacrificios, que no son tan sacrificados na (valga la redundancia). Dentro de algunos días, sé que les contaré como el mofongo se ha ido reduciendo.

La hipocresía del concepto del regalo

Llegaron las navidades y la gente en lo único que piensa es en lo que van a regalar y lo que recibirán como regalo. Anoche escuché a una persona en la tv decir “asumo que usted no querrá que le regalen una tarjeta prepagada” y pensé “¿qué tienen de malo las tarjetas prepagadas?” Y ahí comenzó esta larga reflexión sobre el concepto de regalo. Desde que llegué a mi adultez (si es que llegué) en lo menos que he conseguido pensar es en los regalos que haré o me harán. Normalmente, no espero ningún regalo, y yo cuando los doy es porque los siento. No dejo que el calendario rija el momento en el que voy a darle algo a alguien porque lo siento de corazón.

Incluso, llevo años que a mi familia no le hago regalos en fechas específicas. Si voy a algún templo del consumerismo (de esos a los que le he tomado odio) y veo algo que sé que apreciarán, valorarán y les resulta necesario, no pienso dos veces en hacer la inversión. Naturalmente, llevo todos estos días escuchando gente decir “no sé que voy a regalar” y yo nunca consigo entender porqué se presionan tanto. Esto no tan solo sucede en las navidades, sucede también durante todo el año. Leo tantos status y tuits que hablan sobre “si me hacen ese regalo, es porque no sirven” “deberían esforzarse por hacer un mejor regalo” y eso me lleva a preguntarme: ¿por qué tanta exigencia por un regalo? 
A fin de cuentas, un regalo es eso, no es una exigencia. La persona regala porque lo siente de corazón, y a fin de cuentas, ¿nadie se pone a pensar en los sacrificios que tiene que hacer esa persona por un regalo que “no sirve”? A lo mejor esa persona tuvo que dejar de pagar algo para poder conseguir pagar por un detalle. Esa persona tomó de su tiempo para pensar en ti y darte un detalle especial, que con tus exigencias, probablemente estás dejando saber que no mereces.
En mi caso, yo estas navidades como en mi cumpleaños y cualquier otra fecha importante, no espero nada. Si alguien me hiciera un regalo, estaré sumamente agradecida de que esa persona haya pensado en mí, sea cual sea el regalo (la única excepción sería un disco de Arjona o de Marc Anthony.) No pensaré en el valor monetario de ese regalo, sino en lo bien que me sienta a través de ese presente, ya sea una experiencia o un objeto. Yo, por mi situación económica, no puedo regalar otra cosa que letras y coquito. Probablemente, para alguien que espera un Pandora o una comida en un restaurante lujoso, eso no sirva para nada. Sin embargo, todo regalo que yo hago lo hago con todo mi corazón y ya les dije, no acostumbro en regalar en fechas. Si tomé el tiempo y el esfuerzo de hacerte un regalo, significa que eres un ser que estás en mi pensamiento y eres una persona que valoro. Probablemente, lo mismo suceda con tu familiar, amigo, pareja que optó por regalarte un día entre las montañas o esa “tarjeta prepagada” que te parece tan tediosa en vez de aquella prenda que morías por tener o un electrónico.

Teoría de la identidad santurcina en mi vida

En los 24 años de vida por lo menos 23 los he vivido en el espacio de Santurce, específicamente en Barrio Obrero. Vivo justo en el medio de la numerosa comunidad dominicana, razón por la que he sido motivo de burla, rechazo, me han discriminado y hasta cierto punto, he discriminado. Por 12 años no negaba tan solo el hecho de ser santurcina, sino también de ser sanjuanera ya que me costaba reconocer que cierto individuo era el alcalde de esta ciudad. En lugar, decía que era carolinense y eso no estaba tan lejos de la realidad. Estudié toda mi escuela superior en Carolina y fue el lugar donde jugué el deporte de mis mil amores: el voleibol.

Después de tantos años en mi vida, creo que he encontrado sentido a lo que es ser santurcina. Es por ello que me he dado a la tarea de desarrollar mi propia teoría de la identidad santurcina y hasta explicar el juego mental que me ha llevado a descubrirla. 
Hace 5 años, si me preguntabas no conseguía profesar ningún amor hacia ningún lugar particularmente. Bueno, a lo mejor te diría Plaza Las Americas porque era una persona que estaba solo enfocada en la ropa, las prendas y el maquillaje que se ponía. No me importaba gastar $100 en un vestido que me gustara si me gustaba de verdad. Aquella Brenda probablemente no tendría los elementos ni lingüísticos ni de vida suficiente para encontrarle sentido a otra cosa en la vida que no fuese ser un “Mallrat” y una de esas muchachas que conoces y sabes que llora cuando se le rompe una uña. Yo comencé a entender que era Santurce poco antes de irme por un año.
Yo recuerdo el Santurce de antaño. Aquella Ponce de León, imponente en cualquiera de las paradas donde te encontrases. Mi madre me llevaba, yo en coche de bebé, casi todas las semanas. Recuerdo la majestuosidad de González Padín, aquella tienda donde me compraron mi primer uniforme escolar hace 20 años. Si caminabas hasta la parada 18, encontrabas a Woolworth. Mi madre decía que esa fue la primera tienda en Puerto Rico con escaleras eléctricas y yo me recuerdo subiéndolas y bajándolas. Poco más adelante, en dirección a la emblemática Parada 15 estaban La Giralda y la New York Department Store. Ambas eran gigantescas, y sobre todo recuerdo la maquina de Coca Cola de pote cristal que había en La Giralda. Cerca de esa área también se encontraba GeeTees Toys, que en aquella época, era la más importante para mí por ser una juguetería. Nunca voy a olvidar que fue justo ahí donde me compraron los juguetes más emblemáticos de mi infancia y de los primeros que tengo conciencia: una Xuxinha y el micrófono de  Xuxa. Esa muñeca de Xuxa es tan importante para mí que hace unos días estaba en un vintage sale en los pasillos de Plaza, la volví a ver y la tuve que comprar.
Mientras fui creciendo, ese Santurce que conocí en coche iba desapareciendo poco a poco. Diría que la década de los ’00 fue una oscura para el sector aunque siempre hubo algunos espacios que se mantuvieron con vida, como la Placita del  Mercado, el chinchorro en turno durante la década gracias a Doña Sila, o el Santurce gay, que desde que tengo uso de razón ahí estaba el Tía María y Eros. Poco hubo más allá de eso.
Hoy Santurce es mucho más que eso. Santurce es ley. Santurce es Miramar. Santurce es Ciudadela. Santurce sigue siendo la misma 15. Santurce es de los dominicanos. Santurce es la Placita. Santurce es Hipster. Gústele a quien le guste y duélale a quien le duela, el espacio alternativo es quien le ha dado esa segunda vida a ese Santurce que yo conocí de toddler. Santurce renació, el santurcino ahora tiene espacios, quizás los mismos, quizás alternos para manifestarse. Yo he reencontrado todo aquello que fui en el Santurce de hoy. Entre la librería y Nellylandia, me he vuelto a sentir santurcina, aunque una parte de mí siga siendo carolinense. Sé que muchos al igual que yo se han encontrado en este mismo espacio, porque hay espacio para todos. Solo espero que este microespacio en esta jungla de cemento en el área metro siga siendo un lugar de manifestación, tanto artística como entre otras y que mcha gente, pueda encontrarse acá. Yo descubrí que era santurcina y que amaba este espacio después de haberme ido un año a Miami y darme cuenta cuanto me pertenecía.

Durante el tiempo en el que estuve viajando me pregunté muchas veces si debía sentarme en algún momento en el que no estuviese haciendo nada y escribir sobre lo que veía. Al final, sentía que no iba a poder tener el poder de la memoria, sino el del asombro, que no significa que sea peor o mejor, pero es distinto.  Digamos que hice un acuerdo conmigo misma en el que decidí que escribiría después que regresara a Puerto Rico, con cualquiera que fuese mi impresión pos viaje, y aquí estoy, una semana después de que el Condor 6020 aterrizara en San Juan, y finalmente después de 5 semanas, escuchara aplausos justo en ese momento.

La mayoría de la gente tiende a repudiar esos aplausos que lanzan los boricuas una vez el avión aterriza porque les parece cafre, a mí me parece la más honesta muestra de folclor y de agradecimiento, ¿acaso aplaudirían si al avión le diera con hacer lo que hizo el de Jenny Rivera? Exacto. Es una manera, no tan ortodoxa, de dar las gracias por llegar bien al destino, y extraño como les pueda parecer, extrañé eso en todos los vuelos que estuve en Europa.

Así comencé mis travesía al norte el 16 de mayo de 2013, después de haber llorado casi hasta sangre (parece hipérbole, pero estoy segura que casi) gracias a todos los trabajos finales, y al más estresante pero enriquecedor: mi tesina sobre la vigencia de la obra de Roberto Arlt, que ya abrí el documento hace unos días para emocionarme igual que en el momento que lo leí, justo antes de llevarlo a encuadernar.  Aproximadamente a las 10 de la mañana aquel vuelo de Jet Blue me llevaba a New York, la primera parada clásica de casi todos los vuelos que van a Europa.  Una vez en New York, me tocaba esperar 4 horas por mi vuelo de Icelandair que me sacaría por primera vez en mi vida del triángulo de las Bermudas (consideren que básicamente, no he salido de San Juan, Miami y Nueva York, casi los mismos puntos del triángulo).  ¿Será que siempre esa espera resulta eterna? Claro, era el día en el cual casi corro por todo el terminal 7 buscando donde conectar mi computadora, era la Semifinal 2 de Eurovision y el sábado iba a ver la final en vivo.  No les voy a decir que el internet del aeropuerto me trolleó y casi no pude ver nada, porque haría este cuento más deprimente, pero algo así sucedió.  Esa escala se me hizo media horrorosa, pero al final todo salió bien, a las ocho salimos a Reykjavik y honestamente, pienso que Icelandair es una de las mejores líneas aéreas que hay.  Estaba tan cansada que no pude ver ninguna película pero había de todo para ver, desde Argo hasta Look Whos Talking, así de trip está ese vuelo, pero yo dormí casi las 5 horas que tomó llegar a Islandia. Como cuatro horas más tarde, por fin llegué a mi destino: Copenhague, Dinamarca, la ciudad de la que estoy perdidamente enamorada.

Lo más asombroso que le puede suceder a un ser humano una vez llega a Copenhague es tener que tomar el Oresundtag hasta Malmo, Suecia, justo lo que tuve que hacer.  El Oresund es una maravilla, esa vista y esa sensación de estar en dos países al mismo tiempo que te hace sentir el tren, que una vez sale de Dinamarca comienza a decirte las estaciones en sueco y viceversa.  Tuve la suerte de encontrar una segunda familia maravillosa en Malmo con quienes pasé esos cinco días allá, y naturalmente, tuve la oportunidad de presenciar una final de Eurovision que para colmo, tuvo el resultado que yo quería.

Definitivamente, creo que nunca olvidaré esa noche porque fue una de las mejores de mi vida.  Malmo es una ciudad bonita aunque pequeña, y lo mejor que tiene sigo diciendo que es ese puente maravilloso que la conecta con Copenhague.  Copenhague huele a Hans Christian Andersen por todas partes, hay un aire de historia y arte divino que se respira por cada calle que uno va.

Sin lugar a dudas, estoy convencida que me hubiese gustado estar mucho más tiempo del que estuve en Copenhague, un día no fue suficiente para ver todo lo que me hubiese gustado, pero de algo estoy segura: Copenhague ha sido lo único que me ha inspirado en la vida a querer aprender a correr bicicleta.

Después fui a otro lugar del cual estoy perdidamente enamorada: Estocolmo.  El museo de Abba, la Ciudad Vieja, Drotninggatan, Sodermalm, es una delicia de lugar.  Además, fui al concierto de Bon Jovi en el Estadio Olímpico, ¿que más puedo pedir? Además que siento que Estocolmo tiene mucho en común con Nueva York, oyes casi todos los idiomas si te montas en el metro y puedes encontrar de todo lo que te propongas, honestamente, creo que es uno de los sitios donde me veo en un futuro.

Luego de Estocolmo me tocó Gotenburgo. A mí honestamente me encantó, porque es un paraíso estudiantil, pero estoy segura que es de esos lugares en los que no puedes estar demasiado tiempos porque llega el punto en el que te aburres. Si hay un lugar en el que hice nuevas amistades y me divertí como loca es Gotenburgo. Hasta me disfrute el Gay Pride Parade de la ciudad mientras estuve.

Después pasé una semana en la que estoy casi convencida que es la ciudad más cara del mundo: Oslo, Noruega.  A pesar de sus precios exorbitantes, debe ser uno de los lugares más hermosos del mundo y de esos que se deben visitar al menos una vez en la vida.  Si en un lugar fui feliz andando de museo fue en este.  La emoción más grande que tuve fue visitar el apartamento de Henrik Ibsen, sí, el viejo rabioso que escribió “A Doll’s House”.  Lo más curioso de estar en ese apartamento, que es justo frente al palacio real de Oslo es que sientes su presencia y hasta comienzas a entender de donde surgió toda su obra con tan solo mirar el entorno.  Creo que esta fue una de las mejores experiencias que tuve en la ciudad.

Después, estuve lo más cercano a Rusia que conseguí estar: Riga, Letonia.  Es una ciudad a la que daría lo que fuera por volver al menos una vez al año. Tiene el ambiente perfecto para unas vacaciones en las que puedes combinar historia, cultura y fiesta.  Los Happy Hours de Riga son eternos, desde las 4pm hasta las 3am puedes estar Bar Hopping por toda la ciudad vieja y siempre encontrarás uno, cervezas por menos de 1 lat ($1.88USD) en todas partes, 2×1 en todas partes, lo que quiere decir que con 4 lats te podías tomar feliz 2 caipirinhas o 2 mojitos en cualquier parte.  La comida también me encantó, el mejor pan con ajo de mi vida me lo comí allá, los pancakes de papa, definitivamente que la gastronomía báltica estuvo un poco mejor que la escandinava.

Yo no sé si tiene algo que ver con el cliché o que yo soy un ser muy extraño qué cosa, pero la realidad es que lo menos que me gusto de todo mi viaje fue Paris y Barcelona, bueno, especialmente Barcelona.  En Paris al menos tenía cosas con las que me identifico: El Louvre, la ruta de Rayuela (¡gracias Instituto Cervantes!), los cementerios que moría por ir a visitar y obvio que Paris Saint Germain.  Básicamente en eso consistieron mis cuatro días en Paris.  Lo menos que me gustó de la ciudad es ese overload de gente en todas partes (sobre todo en las partes turísticas) una vez te sales de ese caos, todo se torna mucho mejor. Además, estuve con mi querida amiga Luisa que me llena siempre con su poesía y todo lo que sabe. Eso hizo mi estadía en Paris una mágica, pero no en el sentido mágico que suelen concebir casi todos los turistas cuando miran la torre.

Y finalmente llegué a Barcelona. Aunque la ciudad no es para nada mi favorita (aunque la comida estuvo super) por lo menos no estuve sola, eso la hizo mucho mejor.

Y después de muchas patatas bravas y cañas, tocó ir a Frankfurt para tomar ese vuelo Condor 6020 que llega directamente a San Juan. ¿Qué aprendí? ¿Qué gané? Creo que todo, hasta de Barcelona con todo y lo ajeno que se me hace Gaudí. Gané muchísimos nuevos amigos alrededor del mundo, experiencias que nadie me va a quitar.  Aprendí que en todas las lenguas escandinavas tack es gracias, aunque no en todas se escribe igual.  Tuve la oportunidad de conocerme mejor y darme cuenta que soy mucho más organizada de lo que creía (vivir en Miami me había dado una leve señal de esto).  Que en Suecia hay más H&M que Systembolaget (la tienda del estado encargada de vender el alcohol) y que Carlos Felipe es el príncipe más bello del mundo.  No hay mejor fast-food de hamburgers en el mundo que Max y su salsa maravillosa para dipiar.  Aprendí cuán útil es ser la políglota donde quiera que vayas, en todas las esquinas te aparece un brasileño, un español o un italiano que no sabe nada de inglés y te conviertes en la salvadora del grupo cuando hay hambre o necesidad.  La verdad, me di cuenta que en algún punto de mi vida, quisiera definitivamente vivir en Copenhague o Estocolmo, y que no debo conformarme con simplemente viajar a aquellos lugares a los cuales no necesito pasaporte.

La fábula de los pajaritos

No sé si lo soñé, pero ahí estaban aquellos pequeños pajaritos con las alas rotas. Un día casual, que pudo haber sido ayer, como pudo haber sido mañana nos encontramos en la camino. Los pajaritos iban por rumbos distintos, hasta que el vuelo truncado de sus alas rotas y sus patas lastimadas hizo que se encontraran. Siempre estaré agradecida del momento en el que me ayudaste, es por ello que no podía hacer menos que pagarte el favor. No necesariamente, porque los pajaritos estuvieran en el mismo camino estaría destinado que se encontrarían, las circunstancias hicieron que se encontraran. Podíamos reír de las mismas cosas sin mucho preguntar. Fue así como los pajaritos comenzaron a crear su bandada.

Estaré agradecida de que hayas llegado a mi vida, aunque aún no sé si desperté. Uno de los dos pajaritos estaba más destruido, pues hacía poco había sido desplumado. Entre risas contemplaba tu sonrisa, inerte algunas veces, quizás hasta fingida, y lo peor es que no era por mí. El otro pajarito comenzaba a disfrutar de la compañía de aquel pajarito herido, a pesar de que tan solo se había convertido en quien curaba sus heridas. No sabes si quieres salir de ese círculo o no, a veces lloras, y sientes que te frustras, en cambio yo estoy aquí deseando que te des cuenta. Ese pajarito herido quería volar; el otro solo esperaba que quisiera volar a su lado, más allá de la bandada.

Aún el pajarito herido intenta volar con sus alas rotas. Yo solo quiero seguir siendo yo, y que la vida siga siendo igual, sin importar si esto es un sueño o no. El otro pajarito quiere ser feliz, aún si sus alas rotas, aunque aliviadas, no le permitan volar más lejos de lo que sus ojos ven. Tú no sabes realmente lo que quieres. Esas alas rotas, no se alivian haciendo el intento de volar sin ellas, sino, del lado de quien pudo aliviarlas a pesar de volar contra el viento. No sé si nosotros es un plural que tan solo se resume a lo que hay. Mientras tanto, los pajaritos siguen intentando volar, aún con sus alas rotas. Yo no me quiero quedar en este lugar. El pajarito herido, aún con sus alas rotas, quiere volar hasta fracasar. Tú no has entendido nada de lo que digo. El otro pajarito, no quiere que ese pájaro herido vuele lejos de su lado, quiere curarlo y estar a su lado mientras sana y después de sano; lo que quiere es su alma aliviar.

Mis problemas lingüísticos-psicológicos: mi historia con el italiano

Hace tiempo no usaba este blog para el propósito con el que lo cree: escribir sobre mis experiencias como políglota (en ciernes) pero hoy es justo y necesario. Siempre hablo de mis issues y mi amor por el portugués y de como eso surgió desde la cuna, pero pocas veces hablo del italiano. Creo que llegó el momento de contar mi pequeña historia con esta lengua.

Todo comenzó hace seis años, cuando iba a comenzar mi año senior en escuela superior. Estaba pasando por la crisis de no saber que hacer con mis años universitarios, después de haber dicho desde sexto grado que estudiaría comunicaciones. En el momento que me tocó escoger mis electivas para mi último año, escogí portugués, italiano y library assistant (digamos que era la clase de leer periódico en la biblioteca y hacer las asignaciones de la demás). Por aquellos tiempos, tenía una idea de que me interesaba hacer el bachillerato en lenguas, estaba segura que portugués sería una, el problema sería escoger entre italiano o francés. Francés en grado 11 no me gustó casi nada, así que había que experimentar con el italiano. Definitivamente, esta fue mucho mejor.

Guardo mucho cariño por mi maestra de italiano de la high, Vanessa Rivera que también es la maestra de arte en Saint Francis School (mi “alma máter“) y de ahí comenzó mi historia de amor con la lengua. A pesar de que me encantaban las lenguas, tomé la tonta decisión de hacer un bachillerato en historia en la Inter, que después cambié de concentración, poco antes de empezar mi primer semestre por Ciencias Políticas. Sé que fue una idiotez pero no me arrepiento, si no hubiera llegado a la Inter, nunca hubiera trabajado en Turismo.

Trabajando en Turismo me tocaba atender los Costa Cruises que llegaban al muelle, claro, nadie tenía ni un italiano básico para comunicarse con ciertos turistas, por ende, a pesar del pachó que me provocaba que cierta persona se me parara al lado cada vez que hablaba con un italiano, todo salía MUY bien $$$$.

A finales de 2008, decidí que no podía más con Ciencias Políticas y en Agosto 2009 me mude a la UPR a hacer el bachillerato en dos lenguas. La primera lengua que tomé ese primer año fue el italiano. Durante ese tiempo no sucedió nada fuera de lo normal, excepto por la huelga del 2010 y aquella carta de que me iba por un año a Florida International University de intercambio, en palabras simples: Miami me esperaba.

En Agosto 2010, me fui finalmente a Miami y aquellos primeros días deseaba no haber salido NUNCA de Puerto Rico por la cantidad de cosas que pasaban. Continué estudiando italiano allá, de hecho, fueron cuatro cursos. Seguí con mi frustración porque sentía que Miami no era sitio para mí, ni los Frat Parties, ni los juegos de football, ni el jangueo ese en club y tacos que hace años no paso y lo peor: lo divina que es la transportación pública de la ciudad cuando estás en el culo del oeste de la ciudad y toda la diversión está en el este. Me frustraba terriblemente, aunque ese ha sido mi mejor año en términos académicos, las mejores notas de mi vida y apenas me mataba estudiando.

Dentro de mi depresión por lo que me agobiaba la ciudad, Miami y sobretodo, el italiano revivieron algo en mí: mis animos de crear literatura (véase este post para referencia). Sobre este asunto ya había escrito antes, y fue en Marzo de 2011 (Cuando quedaba un mes para regresar a Puerto Rico) que conocí a los autores italianos y escuché tres “Inbocca al lupo” sobre mi “carrera literaria”, eso lo conseguí gracias a la lengua italiana.

Una semana más tarde de eso, comencé a trabajar como interna para la Italy-America Chamber of Comerce y fue ahí donde pasé mis mejores momentos en la ciudad siendo útil y bien feliz cada vez que alguien “se sorprendía” que “una portoricana parlasse italiano così” y ya tú sabes, uno con ese guille que no hay quien te lo tumbe. Lo que me apena, es que esos momentos en los que aprendí que Miami no era tan malo na, eran justo cuando estaba haciendo mis cajas para venir a casa.

En mayo de este año tuve que postergar una oferta de empleo con una agencia italiana que quiere expandirse a América y necesita alguien que hable italiano, español y portugués. Postergarlo porque requiere que viaje demasiado, y yo lo más que deseo en este momento es que llegue el semestre de Agosto 2013 para pedir grado.

Hoy, nuevamente tengo una cita con la lengua italiana donde tengo que servir de intérprete diferida de la lengua. Sinceramente, me emociona muchísimo cuando un compañero piensa en mí como una persona hábil para realizar esto porque eventualmente, esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida. Mi problema lingüístico-psicológico es el siguiente: Si es la lengua italiana la que más oportunidades me ha brindado, ¿por qué me resisto tanto a ella?l

Les explico, muchos saben que desde mis 13 años yo me eduqué y me habitué para vivir en São Paulo cuando fuera grande: cultura, literatura, deporte, música, televisión, lengua(aunque dicen que mi acento es más bien carioca) y que aún es una de mis fantasías conseguirlo. A pesar de ser algo nuevo en mi vida, me siento sumamente apasionada por la lengua y la cultura rusa, y si cuando tenga la oportunidad de ir a San Petersburgo (si todo se da como debe, será el año que viene) me gusta también la consideraría. El problema consiste en que no me visualizo viviendo en Italia o viviendo del italiano, a pesar de todas las oportunidades que me ha dado la vida con la lengua.

Digamos que esto me hace sentir como una mal agradecida de cierto modo. ¿Por qué se me hace tan difícil? La realidad, es algo que no consigo explicar con exactitud. A lo mejor es que solo necesito graduarme para entender mejor. La verdad es que ni a nivel graduado me visualizo en italiano, pues siempre he querido ir a la USP (Universidade de São Paulo) a hacer mi maestría en Literatura Brasileña (decisión cuestionable en este momento) o Filología Portuguesa. Hace unos pocos meses comencé a considerar hacer Traducción e Interpretación en la Universidad de Buenos Aires solo porque el currículo incluye español-portugués. A pesar de lo mucho que me emociona, siento que algo estoy haciendo mal.

No consigo dejar de pensar en la analogía de la persona que está ciegamente enamorada de alguien que le da esperanzas a medias e ignora a aquel que le ha dado muchísimas oportunidades y le ha demostrado cuanto amor tiene. Como pueden ver, esto no tan solo pasa en el amor, si no también en las carreras profesionales.

El post más mierda ever… porque es 9 de julio

Mi ausencia en estos lares se resume a lo que Ricky Martin cantaba (lamentablemente, en palabras escritas por Ricardo Arjona):

Por andar ocupado en el cielo me olvide que en el suelo se vive mejor…

Digamos que intento engañarme haciéndome creer que estoy escribiendo cosas serias, pero estoy pasando por algo a lo que le llamo “crisis de musa”. Hay muchísimas convocatorias para enviar cuentos, pero solamente he logrado producir uno, además, se supone que estoy haciendo una investigación para una novela, que al paso que voy es muy probable que termine siendo una publicación póstuma. Estos son los momentos en los que desearía tener el botón de fast forward, porque es cuando sabes que un periodo de tu vida no es productivo, y este verano ha resultado ser el menos productivo de mi vida, y quizás, también el más deprimente.

Es frustrante darse cuenta que uno sigue en el mismo lugar de siempre, a pesar de que tus ideas estén algo más adelante tus condiciones físicas te permiten hacer muy poco. Y no tan solo hablemos de físico, que lo económico está terrible. Estar en el mismo lugar siempre llevando una vida, no con limitaciones, porque no se trata de ser pobre ni rico, sino de estar en el mismo lugar, incluso careciendo de rutina. Es como ver que todo pasa frente a tus ojos y tu no tener ningún poder de cambiar nada. Cualquiera que lee esto diría: “muévete, haz algo” ¿que se puede hacer cuando no se tienen herramientas o las herramientas están a medias? no creo que mucho, y quizás sea el periodo más pendejo de la vida del ser humano.

Al menos hoy es 9 de julio… ¿qué carajo tiene de especial? Pues, un día como hoy el año pasado mataron a Facundo Cabral, murió a destiempo. Siempre que alguien muere a destiempo jode, imagínate todos los que están muriendo a destiempo con esta ola criminal. Un 9 de julio también nació Mercedes Sosa. Para muchos Mercedes Sosa es una cantante de “esa mierda de música que Brenda escucha” y quizás tienen razón, porque siempre voy a preferir mi “mierda de música con sentido” que su “música cabrona que no dice un carajo”. Mercedes Sosa representa para la cultura latinoamericana muchísimo, esa lucha de las minorías que siempre se ven como cáncer a la sociedad elitista y cosmopolita. Pero bueno, yo sé que eso a muchos no les importa.

Entonces, sigo… hoy es 9 de julio, es la independencia de la República Argentina. ¿Por qué debería importarme la independencia argentina? Pues les hago un breve cuento: el día de la independencia de EEUU una vecina estaba diciendo que no entendía porque la gente va a la playa ese día porque hay que estar agradecido con los gringos. A mi los gringos no me caen mal, me dan igual. Llegué a un punto en el que estoy mostrando indiferencia ante la situación “yo no elegí nacer en una colonia, pero amo la educación, si viviera en otra nación, me podría educar gratis, pero los gringos solo me ofrecen beca pell para hacer lo que más amo” Otro punto difícil de entender para muchos. Por ende, el 4 de julio me es indiferente, lo respeto como respeto cualquier otra celebración de independencia en el mundo, pero vuelvo al 9 de julio.

Mi vecina hablo de agradecimiento, y yo, me siento tan agradecida con los argentinos como con los brasileños. ¿Por qué? Argentina me ha dado a Julio Cortázar, Jorge Luis Borges y a Andrés Neuman en la literatura, que son tres de mis autores favoritos. Me dieron a Jorge Elgueta, uno de los mejores jugadores de voleibol del mundo y que orgullosamente, jugó para mis Gigantes de Carolina. Me dio actores que me encantan como Ricardo Darín, y como CECILIA ROTH. Y finalmente, llegamos a la música. Argentina me ha dado a Mercedes Sosa, Andrés Calamaro, Charly García, Luis Alberto Spinetta, León Giego, a mucha gente más, pero el más importante en mi vida: Fito Páez. Para ustedes nuevamente, esto vale mierda, de que vale celebrar esto, música es algo whatever. La música cambia la vida, yo estoy segura de ello. No creo que la música sea algo para presumir, sino algo para sentir. Yo digo “sentir pena” de aquellos que se quedaron “stucked” con Arjona pero los entiendo, si fue lo que les entró al corazón, pues, les entró y punto.

A mí el Rock Nacional Argentino me jodió la vida, para bien o para mal. Por ende, creo que por eso le debo estar agradecida a los argentinos y darme unas cuantas Quilmes frías por ello. También, contemos el detalle de que es probable de que en dos años, Buenos Aires sea mi futuro hogar (si São Paulo no me seduce lo suficiente)

Razón o fe

Últimamente, debo admitir que estoy confrontando unas fuertes contradicciones entre mi raciocinio y la fe que siempre he tenido. Me siento agradecida con Dios, no puedo dejar de creer en un ser supremo que me bendice día a día y a quien atribuyo mi destino, a pesar de que si no trabajo en él, ese destino no se manifiesta de la manera en que debe. Hoy es uno de esos días en los cuales más fuerte todas estas preguntas me atacan, y me duele, me duele de muchas maneras.

Dios me bendijo llevándome a una iglesia maravillosa, en donde tengo una segunda familia y gente a quien adoro, pero, yo no sé si soy capaz de realmente, seguir los dogmas de una fe un solo día más en mi vida, porque mi raciocinio aparenta ser más fuerte cada vez. Voy a entrar a temas en específicos en los cuales ya no puedo ver la vida a través del crisol de los dogmas de la fe, y por los cuales, mi amor y mi agradecimiento a Dios cada día son más contradictorios con ellos.

Mis principales problemas vienen a través del concepto de lo que es un matrimonio y lo que es una familia, que cada día son más controversiales y a mí, me revientan más como ser humano. El matrimonio debe ser un sacramento entre hombre y mujer a base del amor, pero, tengo muchos conflictos en la unión entre hombres y mujeres y mucho más, con el concepto del amor hacia otras personas. Número uno, mi primer conflicto con el sacramento del matrimonio es bíblico y es el siguiente, en algún momento, ¿Dios les dijo a Eva y a Adán que estaban casados? ¿Alguien los casó? ¿Fue un animal? Ese es mi primer problema, creo que Dios tan solo les dio la posibilidad biológica, pero la institución del matrimonio me parece mas bien cosa de los hombres, no exactamente algo que proviene de Dios, por ende, ya de por sí me cuesta confiar en la raza humana, por todas las imperfecciones con las que Dios nos hizo.

Segundo problema que tengo con la institución del matrimonio: ¿hasta que la muerte nos separe…? ¿y que esta sucediendo hoy día? No se puede forzar a dos personas a estar juntas cuando sus sentimientos ya no coinciden, además, solo basta echar un vistazo a la historia para saber que el amor es una incidencia, y que el matrimonio ha sido solo una creación social para seguir manteniendo bienes entre otras conveniencias principalmente económicas. Por otro lado, tenemos a Disney vendiéndonos la imagen desde que estamos en la cuna del “príncipe azul” con el que seremos “felices para siempre”. Lamentablemente, nuestras familias también nos quieren mantener dentro de ese predicamento social. Y por último dentro de este mismo argumento: ¿Por qué los artistas nos están dando clases de como romper record en matrimonios más cortos de la historia? ¿A caso no es algo sagrado? Nuevamente, no se puede forzar a dos personas a estar juntas por un contrato, si no quieren estar juntos y además, el matrimonio se ha convertido en un juego. Si dos personas realmente quieren estar juntas, no necesitan firmar un papel y estarán juntos o hasta que la muerte los separe o hasta que la vida quiera….

Mi tercer problema no es del todo con el matrimonio, pero sí con la familia. Por lo visto, no importa en que época la gente te va a mirar mal cuando estas convencido de que no quieres formar una familia. Discúlpenme a quien le caiga, pero crecí viendo en muchas personas a mi alrededor la hipocresía que en muchos casos es querer cumplir con el standard social de casarte y tener hijos. Yo pienso que en el siglo XXI es hora de romper con clichés y comenzar a entender que no todas las familias son iguales, que no necesariamente en esta vida hay que tener un príncipe azul para tener una familia y tener hijos, y que para otras, nuestro príncipe azul es sinónimo de nuestra libertad, de ver el mundo sin ataduras, y de simplemente, no traer más criaturas a este mundo que a penas da abasto para nosotros. Sí, esa es otra visión que choca con la fe.

No sé qué rayetes hacer, porque en el fondo, me siento como toda una hipócrita visitando una iglesia porque no soy capaz de cumplir con los dogmas, pero tenía que ser sincera conmigo y con el mundo, y esta es mi verdad, esto es lo que pienso, esto es lo que soy. Me duele ver a mi madre triste porque le digo estas cosas, me hace sentir como una mala hija, cuando yo estoy dispuesta a hacer todo y ayudarla en lo que sea. Lamentablemente, ser una “radical social” ya me hace un mal ser humano, no importa lo mucho que me esfuerce. No sé si con escribir esto busco el perdón de Dios, o de mis hermanos en la fe, o simplemente buscar a alguien que me diga “tranquila, te entiendo” pero tenía que sacarlo de mi sistema. Disculpen si en algún punto de mi escrito los ofendí, juro que esa no fue mi intención, sino presentar las contradicciones con las que me encuentro día a día.