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I don’t live where you vacation, but meanwhile I will make the most of it.

Estos últimos días lo único que he encontrado en el internet de mi adorada isla es una ola de pesimismo y optimismo extremo que para un indiferente podría resultar nauseabunda. El problema dentro de mi “indiferencia selectiva” no es exactamente que la gente decida ponerse a un lado de la balanza, sino lo absurdo que es ver a ambos lados enfrentados, o queriendo anular lo que dice el otro. Quizás para muchos hoy yo vengo a anular a ambos, y quiero ser honesta: a mí me da igual la rabia que sienten los unos por los otros. Mi rabia es en sí con los dos y de manera proporcional.

Primero, hacer unos días salió a la luz alguien que por sus conexiones pudo regresar a la isla y trabajar en el Financial District. A los pesimistas esto le pareció de muy mal gusto porque ” logró regresar a Puerto Rico por sus contactos”. No tan solo eso, los pesimistas se alzaron porque el hombre había escrito que estudió en San Ignacio y que el que no había podido salir a flote en esta isla era porque no había buscado. Tiene toda la razón y a la misma vez, como lo despedazaron los pesimistas, no la tiene. Es totalmente cierto que no comparto la realidad de este hombre. Es totalmente cierto también que yo no he salido a flote en esta isla porque no he buscado opciones. Lo que no entiendo es porqué hay que despedazar a alguien por amar a su isla a su manera. He profesado todas las ideologías de izquierda durante toda mi vida adulta (probablemente por este escrito unos me tilden de melona y el otro extramo me tilde de socialista y yo nuevamente les digo: no me puede importar menos) y en el caso, tanto de la derecha, como de la izquierda el extreme me ha resultado asqueroso. Todos en la vida tenemos un talento y una serie de oportunidades. Yo no estudié en San Ignacio, pero si tuve la oportunidad de ir a un colegio bilingüe que, no tan solo me sacó un espíritu bilingüe, sino en el que también tuve la oportunidad de descubrir a la políglota en mí. Otros, lamentablemente, han tenido menos oportunidades de las que tuve yo y el caballero de San Ignacio, pero en los tres escenarios aplica una de las frases que mejor me ha movido en la vida: la necesidad es la madre de la iniciativa. En todos los escenarios, con las oportunidades que tenemos, la iniciativa ha de ser lo que nos caracterice.

Segundo, ahora toca hablar de los pesimistas. Estos han escrito un artículo bastante vomitivo en el que lo único que hacen es quejarse, quejarse y quejarse sin presenter ninguna solución. Estoy totalmente de acuerdo con el punchline que usan, porque si hay una frase que detesto es esa de “I live where you vacation” porque no, yo vivo en Barrio Obrero, la gente vacaciona en Isla Verde. Si bien es cierto que mi realidad no es la misma del hombre anterior, tampoco la aplasto como lo hacen ellos en su articulito. Pretenden decir que porque el hombre es de San Ignacio, su experiencia está anulada y el hecho de que haya regresado a Puerto Rico es solo dado al hecho de sus contactos, que el resto lo que hacemos es intentar salir a todas costas de la isla. Cierto y no es cierto al mismo tiempo. Creo que sí, somos muchos los que estamos deseando salir de la isla, igual me parece vomitivo hablar como esta gente. Yo he buscado oportunidades de salir de este país por todo el mundo, nada se me ha dado. Eso anula lo que dice el primer hombre, pero a su vez anula a los pesimistas estos. En ningún momento los pesimistas intentan buscar el porqué de lo que les sucede (aunque todos entendemos que intentan culpar “entre líneas” al gobierno), y esa es mi crítica principal contra este artículo.

¿Cuál es su punto? ¿Solo querer reducir el artículo del anterior porque comparte una realidad distinta a la suya? Yo sé que todos hemos hecho mucho por salir a flote en esta isla pero, ¿qué hicieron ustedes? ¿por qué no les funcionó? Todos sabemos que sí, el gobierno está cabrón. Mi artículo no es un intento de tirarle un toallazo a ningún politico, ya que los de este país tienen mejor vocación como payasos. Si bien es cierto que tienen mucho de responsabilidad de que la educación, los valores, las oportunidades se estén yendo por la borda pero, ¿y tú que haces para combatir eso? ¿Solamente quejarse? Si bien el gobierno tiene el deber de cuidar por el pueblo como colectivo, ¿qué es lo que estamos haciendo por el individuo? Bien es cierto que en Puerto Rico una vez te gradúas lo único que consigues es un part time a salario mínimo y probablemente no en lo que te graduaste. La vida aprieta pero no ahorca. Inventa. Si quieres salir de la isla, agárrate de la minima oportunidad para ahorrar, sobrevivir, y finalmente largarte de la isla.

Como les dije, la necesidad es la madre de la iniciativa, mientras  haces eso, ¿por qué no tomas guisos fuera de tu trabajo? A mí no me avergüenza en lo absoluto decir que mientras trabajo salario mínimo vendo Avon, “freelanceo” en lo que estudié y hago múltiples cosas para, finalmente, salir de la isla, como vender Coquito en Navidades. Aún no se me ha caído un canto por hacer esto. Bien es cierto: no tengo los contactos que el hombre de San Ignacio, pero he creado mis propias oportunidades. A lo mejor el día que salga como ese hombre, voy a querer regresar a la isla pero hay otra lección que debemos aprender: nadie, NADIE es profeta en su tierra. En esta isla la gente “se revalida” después de haber salido. Así el diminuto campo laboral comienza a respetarte. ¿Qué la criminalidad está en alza? Ojalá tuvieramos TODOS las herramientas en nuestras manos para cambiar eso.

Mientras tanto, podemos siempre servir en el tiempo que nos sobra o que tenemos como voluntarios en las escuelas, en los residenciales. Muchos de esos niños que eventualmente se convierten en criminales solo necesitaron a alguien que los escuchara, que les diera el consejo correcto en el momento correcto, ¿y si ese alguien eres tú y por estar desperdiciando el tiempo en quejarte no estás haciendo un pequeñísimo cambio? No, se lo quieres dejar todo al gobierno mientras te quejas de tu falta de oportunidades mientras otro tiene muchas menos y te quejas a su vez de que otro tiene otras oportunidades.

Yo estoy sumamente clara: I definitely don’t live where you vacation, but meanwhile I live here, I will make the most of it. Hay cosas que me revientan de esta isla, y nunca las voy a tapar, pero no voy a vivir quejándome mientras sí hay cosas que puedo hacer. La clave es uno como individuo contar con INICIATIVA para llevar a cabo las cosas que están en tus manos. Quejándome por las oportunidades que tienen otros, no voy a conseguir nada. Dejemos a los demás vivir como quieren y comencemos a hacer de nuestras vidas lo que nosotros queremos, así eventualmente lograremos esas cosas que sí queremos, como salir de la isla. Hasta ahora no conozco a nadie que haya conseguido salir de la isla simplemente por quejarse. Con eso solo consigues amargarte y más nada.

Durante el tiempo en el que estuve viajando me pregunté muchas veces si debía sentarme en algún momento en el que no estuviese haciendo nada y escribir sobre lo que veía. Al final, sentía que no iba a poder tener el poder de la memoria, sino el del asombro, que no significa que sea peor o mejor, pero es distinto.  Digamos que hice un acuerdo conmigo misma en el que decidí que escribiría después que regresara a Puerto Rico, con cualquiera que fuese mi impresión pos viaje, y aquí estoy, una semana después de que el Condor 6020 aterrizara en San Juan, y finalmente después de 5 semanas, escuchara aplausos justo en ese momento.

La mayoría de la gente tiende a repudiar esos aplausos que lanzan los boricuas una vez el avión aterriza porque les parece cafre, a mí me parece la más honesta muestra de folclor y de agradecimiento, ¿acaso aplaudirían si al avión le diera con hacer lo que hizo el de Jenny Rivera? Exacto. Es una manera, no tan ortodoxa, de dar las gracias por llegar bien al destino, y extraño como les pueda parecer, extrañé eso en todos los vuelos que estuve en Europa.

Así comencé mis travesía al norte el 16 de mayo de 2013, después de haber llorado casi hasta sangre (parece hipérbole, pero estoy segura que casi) gracias a todos los trabajos finales, y al más estresante pero enriquecedor: mi tesina sobre la vigencia de la obra de Roberto Arlt, que ya abrí el documento hace unos días para emocionarme igual que en el momento que lo leí, justo antes de llevarlo a encuadernar.  Aproximadamente a las 10 de la mañana aquel vuelo de Jet Blue me llevaba a New York, la primera parada clásica de casi todos los vuelos que van a Europa.  Una vez en New York, me tocaba esperar 4 horas por mi vuelo de Icelandair que me sacaría por primera vez en mi vida del triángulo de las Bermudas (consideren que básicamente, no he salido de San Juan, Miami y Nueva York, casi los mismos puntos del triángulo).  ¿Será que siempre esa espera resulta eterna? Claro, era el día en el cual casi corro por todo el terminal 7 buscando donde conectar mi computadora, era la Semifinal 2 de Eurovision y el sábado iba a ver la final en vivo.  No les voy a decir que el internet del aeropuerto me trolleó y casi no pude ver nada, porque haría este cuento más deprimente, pero algo así sucedió.  Esa escala se me hizo media horrorosa, pero al final todo salió bien, a las ocho salimos a Reykjavik y honestamente, pienso que Icelandair es una de las mejores líneas aéreas que hay.  Estaba tan cansada que no pude ver ninguna película pero había de todo para ver, desde Argo hasta Look Whos Talking, así de trip está ese vuelo, pero yo dormí casi las 5 horas que tomó llegar a Islandia. Como cuatro horas más tarde, por fin llegué a mi destino: Copenhague, Dinamarca, la ciudad de la que estoy perdidamente enamorada.

Lo más asombroso que le puede suceder a un ser humano una vez llega a Copenhague es tener que tomar el Oresundtag hasta Malmo, Suecia, justo lo que tuve que hacer.  El Oresund es una maravilla, esa vista y esa sensación de estar en dos países al mismo tiempo que te hace sentir el tren, que una vez sale de Dinamarca comienza a decirte las estaciones en sueco y viceversa.  Tuve la suerte de encontrar una segunda familia maravillosa en Malmo con quienes pasé esos cinco días allá, y naturalmente, tuve la oportunidad de presenciar una final de Eurovision que para colmo, tuvo el resultado que yo quería.

Definitivamente, creo que nunca olvidaré esa noche porque fue una de las mejores de mi vida.  Malmo es una ciudad bonita aunque pequeña, y lo mejor que tiene sigo diciendo que es ese puente maravilloso que la conecta con Copenhague.  Copenhague huele a Hans Christian Andersen por todas partes, hay un aire de historia y arte divino que se respira por cada calle que uno va.

Sin lugar a dudas, estoy convencida que me hubiese gustado estar mucho más tiempo del que estuve en Copenhague, un día no fue suficiente para ver todo lo que me hubiese gustado, pero de algo estoy segura: Copenhague ha sido lo único que me ha inspirado en la vida a querer aprender a correr bicicleta.

Después fui a otro lugar del cual estoy perdidamente enamorada: Estocolmo.  El museo de Abba, la Ciudad Vieja, Drotninggatan, Sodermalm, es una delicia de lugar.  Además, fui al concierto de Bon Jovi en el Estadio Olímpico, ¿que más puedo pedir? Además que siento que Estocolmo tiene mucho en común con Nueva York, oyes casi todos los idiomas si te montas en el metro y puedes encontrar de todo lo que te propongas, honestamente, creo que es uno de los sitios donde me veo en un futuro.

Luego de Estocolmo me tocó Gotenburgo. A mí honestamente me encantó, porque es un paraíso estudiantil, pero estoy segura que es de esos lugares en los que no puedes estar demasiado tiempos porque llega el punto en el que te aburres. Si hay un lugar en el que hice nuevas amistades y me divertí como loca es Gotenburgo. Hasta me disfrute el Gay Pride Parade de la ciudad mientras estuve.

Después pasé una semana en la que estoy casi convencida que es la ciudad más cara del mundo: Oslo, Noruega.  A pesar de sus precios exorbitantes, debe ser uno de los lugares más hermosos del mundo y de esos que se deben visitar al menos una vez en la vida.  Si en un lugar fui feliz andando de museo fue en este.  La emoción más grande que tuve fue visitar el apartamento de Henrik Ibsen, sí, el viejo rabioso que escribió “A Doll’s House”.  Lo más curioso de estar en ese apartamento, que es justo frente al palacio real de Oslo es que sientes su presencia y hasta comienzas a entender de donde surgió toda su obra con tan solo mirar el entorno.  Creo que esta fue una de las mejores experiencias que tuve en la ciudad.

Después, estuve lo más cercano a Rusia que conseguí estar: Riga, Letonia.  Es una ciudad a la que daría lo que fuera por volver al menos una vez al año. Tiene el ambiente perfecto para unas vacaciones en las que puedes combinar historia, cultura y fiesta.  Los Happy Hours de Riga son eternos, desde las 4pm hasta las 3am puedes estar Bar Hopping por toda la ciudad vieja y siempre encontrarás uno, cervezas por menos de 1 lat ($1.88USD) en todas partes, 2×1 en todas partes, lo que quiere decir que con 4 lats te podías tomar feliz 2 caipirinhas o 2 mojitos en cualquier parte.  La comida también me encantó, el mejor pan con ajo de mi vida me lo comí allá, los pancakes de papa, definitivamente que la gastronomía báltica estuvo un poco mejor que la escandinava.

Yo no sé si tiene algo que ver con el cliché o que yo soy un ser muy extraño qué cosa, pero la realidad es que lo menos que me gusto de todo mi viaje fue Paris y Barcelona, bueno, especialmente Barcelona.  En Paris al menos tenía cosas con las que me identifico: El Louvre, la ruta de Rayuela (¡gracias Instituto Cervantes!), los cementerios que moría por ir a visitar y obvio que Paris Saint Germain.  Básicamente en eso consistieron mis cuatro días en Paris.  Lo menos que me gustó de la ciudad es ese overload de gente en todas partes (sobre todo en las partes turísticas) una vez te sales de ese caos, todo se torna mucho mejor. Además, estuve con mi querida amiga Luisa que me llena siempre con su poesía y todo lo que sabe. Eso hizo mi estadía en Paris una mágica, pero no en el sentido mágico que suelen concebir casi todos los turistas cuando miran la torre.

Y finalmente llegué a Barcelona. Aunque la ciudad no es para nada mi favorita (aunque la comida estuvo super) por lo menos no estuve sola, eso la hizo mucho mejor.

Y después de muchas patatas bravas y cañas, tocó ir a Frankfurt para tomar ese vuelo Condor 6020 que llega directamente a San Juan. ¿Qué aprendí? ¿Qué gané? Creo que todo, hasta de Barcelona con todo y lo ajeno que se me hace Gaudí. Gané muchísimos nuevos amigos alrededor del mundo, experiencias que nadie me va a quitar.  Aprendí que en todas las lenguas escandinavas tack es gracias, aunque no en todas se escribe igual.  Tuve la oportunidad de conocerme mejor y darme cuenta que soy mucho más organizada de lo que creía (vivir en Miami me había dado una leve señal de esto).  Que en Suecia hay más H&M que Systembolaget (la tienda del estado encargada de vender el alcohol) y que Carlos Felipe es el príncipe más bello del mundo.  No hay mejor fast-food de hamburgers en el mundo que Max y su salsa maravillosa para dipiar.  Aprendí cuán útil es ser la políglota donde quiera que vayas, en todas las esquinas te aparece un brasileño, un español o un italiano que no sabe nada de inglés y te conviertes en la salvadora del grupo cuando hay hambre o necesidad.  La verdad, me di cuenta que en algún punto de mi vida, quisiera definitivamente vivir en Copenhague o Estocolmo, y que no debo conformarme con simplemente viajar a aquellos lugares a los cuales no necesito pasaporte.