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I don’t live where you vacation, but meanwhile I will make the most of it.

Estos últimos días lo único que he encontrado en el internet de mi adorada isla es una ola de pesimismo y optimismo extremo que para un indiferente podría resultar nauseabunda. El problema dentro de mi “indiferencia selectiva” no es exactamente que la gente decida ponerse a un lado de la balanza, sino lo absurdo que es ver a ambos lados enfrentados, o queriendo anular lo que dice el otro. Quizás para muchos hoy yo vengo a anular a ambos, y quiero ser honesta: a mí me da igual la rabia que sienten los unos por los otros. Mi rabia es en sí con los dos y de manera proporcional.

Primero, hacer unos días salió a la luz alguien que por sus conexiones pudo regresar a la isla y trabajar en el Financial District. A los pesimistas esto le pareció de muy mal gusto porque ” logró regresar a Puerto Rico por sus contactos”. No tan solo eso, los pesimistas se alzaron porque el hombre había escrito que estudió en San Ignacio y que el que no había podido salir a flote en esta isla era porque no había buscado. Tiene toda la razón y a la misma vez, como lo despedazaron los pesimistas, no la tiene. Es totalmente cierto que no comparto la realidad de este hombre. Es totalmente cierto también que yo no he salido a flote en esta isla porque no he buscado opciones. Lo que no entiendo es porqué hay que despedazar a alguien por amar a su isla a su manera. He profesado todas las ideologías de izquierda durante toda mi vida adulta (probablemente por este escrito unos me tilden de melona y el otro extramo me tilde de socialista y yo nuevamente les digo: no me puede importar menos) y en el caso, tanto de la derecha, como de la izquierda el extreme me ha resultado asqueroso. Todos en la vida tenemos un talento y una serie de oportunidades. Yo no estudié en San Ignacio, pero si tuve la oportunidad de ir a un colegio bilingüe que, no tan solo me sacó un espíritu bilingüe, sino en el que también tuve la oportunidad de descubrir a la políglota en mí. Otros, lamentablemente, han tenido menos oportunidades de las que tuve yo y el caballero de San Ignacio, pero en los tres escenarios aplica una de las frases que mejor me ha movido en la vida: la necesidad es la madre de la iniciativa. En todos los escenarios, con las oportunidades que tenemos, la iniciativa ha de ser lo que nos caracterice.

Segundo, ahora toca hablar de los pesimistas. Estos han escrito un artículo bastante vomitivo en el que lo único que hacen es quejarse, quejarse y quejarse sin presenter ninguna solución. Estoy totalmente de acuerdo con el punchline que usan, porque si hay una frase que detesto es esa de “I live where you vacation” porque no, yo vivo en Barrio Obrero, la gente vacaciona en Isla Verde. Si bien es cierto que mi realidad no es la misma del hombre anterior, tampoco la aplasto como lo hacen ellos en su articulito. Pretenden decir que porque el hombre es de San Ignacio, su experiencia está anulada y el hecho de que haya regresado a Puerto Rico es solo dado al hecho de sus contactos, que el resto lo que hacemos es intentar salir a todas costas de la isla. Cierto y no es cierto al mismo tiempo. Creo que sí, somos muchos los que estamos deseando salir de la isla, igual me parece vomitivo hablar como esta gente. Yo he buscado oportunidades de salir de este país por todo el mundo, nada se me ha dado. Eso anula lo que dice el primer hombre, pero a su vez anula a los pesimistas estos. En ningún momento los pesimistas intentan buscar el porqué de lo que les sucede (aunque todos entendemos que intentan culpar “entre líneas” al gobierno), y esa es mi crítica principal contra este artículo.

¿Cuál es su punto? ¿Solo querer reducir el artículo del anterior porque comparte una realidad distinta a la suya? Yo sé que todos hemos hecho mucho por salir a flote en esta isla pero, ¿qué hicieron ustedes? ¿por qué no les funcionó? Todos sabemos que sí, el gobierno está cabrón. Mi artículo no es un intento de tirarle un toallazo a ningún politico, ya que los de este país tienen mejor vocación como payasos. Si bien es cierto que tienen mucho de responsabilidad de que la educación, los valores, las oportunidades se estén yendo por la borda pero, ¿y tú que haces para combatir eso? ¿Solamente quejarse? Si bien el gobierno tiene el deber de cuidar por el pueblo como colectivo, ¿qué es lo que estamos haciendo por el individuo? Bien es cierto que en Puerto Rico una vez te gradúas lo único que consigues es un part time a salario mínimo y probablemente no en lo que te graduaste. La vida aprieta pero no ahorca. Inventa. Si quieres salir de la isla, agárrate de la minima oportunidad para ahorrar, sobrevivir, y finalmente largarte de la isla.

Como les dije, la necesidad es la madre de la iniciativa, mientras  haces eso, ¿por qué no tomas guisos fuera de tu trabajo? A mí no me avergüenza en lo absoluto decir que mientras trabajo salario mínimo vendo Avon, “freelanceo” en lo que estudié y hago múltiples cosas para, finalmente, salir de la isla, como vender Coquito en Navidades. Aún no se me ha caído un canto por hacer esto. Bien es cierto: no tengo los contactos que el hombre de San Ignacio, pero he creado mis propias oportunidades. A lo mejor el día que salga como ese hombre, voy a querer regresar a la isla pero hay otra lección que debemos aprender: nadie, NADIE es profeta en su tierra. En esta isla la gente “se revalida” después de haber salido. Así el diminuto campo laboral comienza a respetarte. ¿Qué la criminalidad está en alza? Ojalá tuvieramos TODOS las herramientas en nuestras manos para cambiar eso.

Mientras tanto, podemos siempre servir en el tiempo que nos sobra o que tenemos como voluntarios en las escuelas, en los residenciales. Muchos de esos niños que eventualmente se convierten en criminales solo necesitaron a alguien que los escuchara, que les diera el consejo correcto en el momento correcto, ¿y si ese alguien eres tú y por estar desperdiciando el tiempo en quejarte no estás haciendo un pequeñísimo cambio? No, se lo quieres dejar todo al gobierno mientras te quejas de tu falta de oportunidades mientras otro tiene muchas menos y te quejas a su vez de que otro tiene otras oportunidades.

Yo estoy sumamente clara: I definitely don’t live where you vacation, but meanwhile I live here, I will make the most of it. Hay cosas que me revientan de esta isla, y nunca las voy a tapar, pero no voy a vivir quejándome mientras sí hay cosas que puedo hacer. La clave es uno como individuo contar con INICIATIVA para llevar a cabo las cosas que están en tus manos. Quejándome por las oportunidades que tienen otros, no voy a conseguir nada. Dejemos a los demás vivir como quieren y comencemos a hacer de nuestras vidas lo que nosotros queremos, así eventualmente lograremos esas cosas que sí queremos, como salir de la isla. Hasta ahora no conozco a nadie que haya conseguido salir de la isla simplemente por quejarse. Con eso solo consigues amargarte y más nada.

Basta de imperativos: Enamórate de la mujer que te dé la gana

En los últimos días he leído una hemorragia de artículos ensayísticos diciéndole a los hombres que se deben o no se deben enamorar de las mujeres que leen, o de las mujeres que escriben, o de las que se hacen las difíciles. Probablemente también leí que deben enamorarse de las sumisas o de las que van a la iglesia los domingos. Yo no soy la mejor persona para dar consejos amorosos pero hombres, préstenme atención en esta: Todos esos artículos los engañan. Aún cuando soy una mujer que puedo decir que me identifico con el artículo de las mujeres que escriben y el de las que leen, ¿quien soy yo para decirles que se tienen que enamorar de un cierto tipo de mujer?

Debemos empezar por un dato sumamente básico: Es imposible agrupar a las mujeres en un solo grupo. Ni todas las mujeres que leen son iguales, mucho menos las que escriben, y “las que se hacen las difíciles” es de lo más risible. Todas estamos llenas de virtudes y defectos bastante particulares, que es muy probable que una sola etiqueta no logre cubrirlas todas. Segundo: En lo particular, me molesta el carácter imperativo con el que están escritos TODOS estos artículos. Ellos quieren hacerse los muy subjuntivos y que solo te están proporcionando ideas, pero implícitamente, te están ordenando a que hagas eso. En cuestiones del corazón, quien único debería ser imperativo eres tú (bueno, al menos eso siempre he creído.) ¿Por qué vas a hacerle caso a alguien que te dice “enamórate, escúchala, cómprale flores” cuando esas cosas que deben salir de ti mismo?

Volviendo al tema de las etiquetas, yo en este instante podría usar este espacio (como jamona irremediable) para decirle a los hombres de que se enamoren de “mujeres que les guste viajar, que hablen tres idiomas o más, que lean, que cocinen” y todas las características que me describirían. A mí no me da la gana de decirles eso. Probablemente a ti no te llene una chica que te puede decir cosas frescas en cinco idiomas distintos, pero si te llena una chica que muera por llenar su Pandora de charms. ¿Puedo decir yo que eso está mal? No. Somos entes distintos y probablemente esa chica del Pandora lleno tiene las cualidades dignas de llenar tu corazón mucho más que mis cinco idiomas y mis charlas de trova. ¿Ella es superior o inferior a mí? No, nuevamente, ni es “enamórate de la del Pandora” ni “enamórate de la que no cambia Radio Universidad”, esto se trata de enamorarte de la que tu corazón te dicte.

Hace unos días, en esta hemorragia de artículos me encontré con uno que hablaba de que a las mujeres nos gustan los hombres que se vistan bien, que mantengan su cuarto limpio, que sean detallistas y yo por ninguna parte me encontraba en lo absoluto identificada con ese artículo. Lo menos que busco en un hombre son esos detalles banales, pero es muy probable que otras mujeres si le interesen. Honestamente, me molestó bastante ese articulito. ¿Por qué me debería importar si un hombre se viste a la moda? A fin de cuentas, yo lo quiero desnudo. Lo que realmente me importa es su seguridad y su capacidad de conversar. Eso es lo que a mí realmente me llena y no creo bien que venga alguien a decirme que tipo de hombre me debe gustar. Tampoco creo que exclusivamente me gusten los “hombres que leen” o “los que se hacen los difíciles” o ninguna de esas etiquetas. Me gustan los individuos únicos con los que creo un grado de química muy saludable sin ninguna etiqueta. Asumo que la mayoría de los hombres opinan igual de las mujeres.

Es por esto que hoy les digo: Enamórense de quien les de la gana. Para el amor no hay edad, no hay gustos, no hay reglas ni mucho menos etiquetas. Enamórense de la persona que ustedes sientan que puedan crear un nexo bonito a la hora de estar juntos. De esa persona que, independientemente si lee, si hace drama, si es una amargada les saca una sonrisa siempre que están con ella. Enamórense de quien les dicta su corazón, no de quien les dicen los artículitos que leen en los blogs. De hecho, si creen que estoy siendo sumamente imperativa, tampoco me hagan caso a mí.

De forma redonda… a intentar convertirme en un reloj de arena

Otra vez vuelvo a molestarlos con asuntos de gran peso, como el mío. No sé si he llegado al punto en que mi cuerpo no aguanta más o si ya a mis ojos no les gusta nada lo que ven frente al espejo sin ropa o con ella. Creo que quizás me harté del friendzone, al que tomando en cuenta cuán visual es el sexo masculino (claro, no tienen ningún otro sentido muy agudizado excepto ese), es muy posible que mi redondez haya contribuído a que sucediera muchas veces. Decidí hace dos días que quiero convertirme de ballena a sirena, aunque dudo que deje de ser del todo ballena. Las sirenas se vuelven burbujas como le paso a la de Anderssen y las ballenas son fuertes e inteligentes. Por eso lo de sirena debe ser solo en sentido figurado.

Tengo varias motivaciones reales (no esa del friendzone) que me hacen tomar este paso. Una de ellas lo es el traje negro que me mira todos los días y me susurra al oído “sabes que iré contigo a la boda de Christian, gorda cabrona” y el traje de baño verde que traje de Suecia. Confieso que evito ir a la playa para enseñar mi cuerpo. Cuando pueda lucir eso, diré “puñeta por fin”.  La otra gran motivación es que ya que tomé la decisión de ir a Corea, hay ciertas cosas de las que debo estar consciente. Corea del Sur es un país con unos cánones con respecto a la belleza bastante estrictos y raros para los occidentales. Debido a su dieta y actividad física, debe ser muy poca la obesidad que existe allá. No debo llegar a un lugar nuevo, en el que ya soy un ente raro, siendo un ente más raro aún. Creo que la mejor manera de lograr esto es intentando quitarme un gran peso de mi cuerpo. Por más que consiga rebajar dentro de la cultura coreana tendré demasiadas “curvas”. Esta debería ser mi primera motivación todo momento.
Como les dije anteriormente, he fracasado en todas mis dietas por falta de consistencia. He hecho una reflexión sobre mi vida, y dos de las cosas que más he querido hacer sin resultado positivo quizás sean perder peso y escribir un libro. En el momento en el que estoy a punto de terminar mi primer libro, tiene que ser la mejor ocasión para consegur ambas a la vez. Dos cosas por las que he procrastinado y han habido momentos en los que creo que no es posible, ¿qué dos cosas podían tener tanto en común en mi vida que esas? Creo que por eso debería llevarlas a cabo a la par.
He decidido que documentaré mi proceso de perder peso como he ido documentando mi antología. No quiero terminar escribiendo un libro de autoayuda para bajar peso. Creo que es bastante obvia mi opinión en general sobre los libros de autoayuda. Quiero convertir mi experiencia en literatura. No quiero hacer el aburrido “Bajé 3 libras. Corrí 4 millas. Vamos que tú también puedes.” No, lo que quiero hacer es esto que acabo de demostrarles en este post. Comparar esto con la Sirenita de Anderssen, o con la forma en la que está escrita Rayuela, porque no hay una manera totalmente ortodoxa para bajar de peso, sino pasos básicos que se toman del modo que más le convengan a quien lo intenta. Esto es lo que intentaré brindarles en mi diario, más que  un resumen del workout en el gimnasio, un cuento de mi batalla campal con los gigantes, que resultaron ser simples molinos. 
Espero que esto le tenga algo de sentido a algún lector, a mí, como escritora que tiene que hacer dos cosas en su vida y que descubrió que lo mejor que debe hacer es complementarlas, creo que me resultará.

Durante el tiempo en el que estuve viajando me pregunté muchas veces si debía sentarme en algún momento en el que no estuviese haciendo nada y escribir sobre lo que veía. Al final, sentía que no iba a poder tener el poder de la memoria, sino el del asombro, que no significa que sea peor o mejor, pero es distinto.  Digamos que hice un acuerdo conmigo misma en el que decidí que escribiría después que regresara a Puerto Rico, con cualquiera que fuese mi impresión pos viaje, y aquí estoy, una semana después de que el Condor 6020 aterrizara en San Juan, y finalmente después de 5 semanas, escuchara aplausos justo en ese momento.

La mayoría de la gente tiende a repudiar esos aplausos que lanzan los boricuas una vez el avión aterriza porque les parece cafre, a mí me parece la más honesta muestra de folclor y de agradecimiento, ¿acaso aplaudirían si al avión le diera con hacer lo que hizo el de Jenny Rivera? Exacto. Es una manera, no tan ortodoxa, de dar las gracias por llegar bien al destino, y extraño como les pueda parecer, extrañé eso en todos los vuelos que estuve en Europa.

Así comencé mis travesía al norte el 16 de mayo de 2013, después de haber llorado casi hasta sangre (parece hipérbole, pero estoy segura que casi) gracias a todos los trabajos finales, y al más estresante pero enriquecedor: mi tesina sobre la vigencia de la obra de Roberto Arlt, que ya abrí el documento hace unos días para emocionarme igual que en el momento que lo leí, justo antes de llevarlo a encuadernar.  Aproximadamente a las 10 de la mañana aquel vuelo de Jet Blue me llevaba a New York, la primera parada clásica de casi todos los vuelos que van a Europa.  Una vez en New York, me tocaba esperar 4 horas por mi vuelo de Icelandair que me sacaría por primera vez en mi vida del triángulo de las Bermudas (consideren que básicamente, no he salido de San Juan, Miami y Nueva York, casi los mismos puntos del triángulo).  ¿Será que siempre esa espera resulta eterna? Claro, era el día en el cual casi corro por todo el terminal 7 buscando donde conectar mi computadora, era la Semifinal 2 de Eurovision y el sábado iba a ver la final en vivo.  No les voy a decir que el internet del aeropuerto me trolleó y casi no pude ver nada, porque haría este cuento más deprimente, pero algo así sucedió.  Esa escala se me hizo media horrorosa, pero al final todo salió bien, a las ocho salimos a Reykjavik y honestamente, pienso que Icelandair es una de las mejores líneas aéreas que hay.  Estaba tan cansada que no pude ver ninguna película pero había de todo para ver, desde Argo hasta Look Whos Talking, así de trip está ese vuelo, pero yo dormí casi las 5 horas que tomó llegar a Islandia. Como cuatro horas más tarde, por fin llegué a mi destino: Copenhague, Dinamarca, la ciudad de la que estoy perdidamente enamorada.

Lo más asombroso que le puede suceder a un ser humano una vez llega a Copenhague es tener que tomar el Oresundtag hasta Malmo, Suecia, justo lo que tuve que hacer.  El Oresund es una maravilla, esa vista y esa sensación de estar en dos países al mismo tiempo que te hace sentir el tren, que una vez sale de Dinamarca comienza a decirte las estaciones en sueco y viceversa.  Tuve la suerte de encontrar una segunda familia maravillosa en Malmo con quienes pasé esos cinco días allá, y naturalmente, tuve la oportunidad de presenciar una final de Eurovision que para colmo, tuvo el resultado que yo quería.

Definitivamente, creo que nunca olvidaré esa noche porque fue una de las mejores de mi vida.  Malmo es una ciudad bonita aunque pequeña, y lo mejor que tiene sigo diciendo que es ese puente maravilloso que la conecta con Copenhague.  Copenhague huele a Hans Christian Andersen por todas partes, hay un aire de historia y arte divino que se respira por cada calle que uno va.

Sin lugar a dudas, estoy convencida que me hubiese gustado estar mucho más tiempo del que estuve en Copenhague, un día no fue suficiente para ver todo lo que me hubiese gustado, pero de algo estoy segura: Copenhague ha sido lo único que me ha inspirado en la vida a querer aprender a correr bicicleta.

Después fui a otro lugar del cual estoy perdidamente enamorada: Estocolmo.  El museo de Abba, la Ciudad Vieja, Drotninggatan, Sodermalm, es una delicia de lugar.  Además, fui al concierto de Bon Jovi en el Estadio Olímpico, ¿que más puedo pedir? Además que siento que Estocolmo tiene mucho en común con Nueva York, oyes casi todos los idiomas si te montas en el metro y puedes encontrar de todo lo que te propongas, honestamente, creo que es uno de los sitios donde me veo en un futuro.

Luego de Estocolmo me tocó Gotenburgo. A mí honestamente me encantó, porque es un paraíso estudiantil, pero estoy segura que es de esos lugares en los que no puedes estar demasiado tiempos porque llega el punto en el que te aburres. Si hay un lugar en el que hice nuevas amistades y me divertí como loca es Gotenburgo. Hasta me disfrute el Gay Pride Parade de la ciudad mientras estuve.

Después pasé una semana en la que estoy casi convencida que es la ciudad más cara del mundo: Oslo, Noruega.  A pesar de sus precios exorbitantes, debe ser uno de los lugares más hermosos del mundo y de esos que se deben visitar al menos una vez en la vida.  Si en un lugar fui feliz andando de museo fue en este.  La emoción más grande que tuve fue visitar el apartamento de Henrik Ibsen, sí, el viejo rabioso que escribió “A Doll’s House”.  Lo más curioso de estar en ese apartamento, que es justo frente al palacio real de Oslo es que sientes su presencia y hasta comienzas a entender de donde surgió toda su obra con tan solo mirar el entorno.  Creo que esta fue una de las mejores experiencias que tuve en la ciudad.

Después, estuve lo más cercano a Rusia que conseguí estar: Riga, Letonia.  Es una ciudad a la que daría lo que fuera por volver al menos una vez al año. Tiene el ambiente perfecto para unas vacaciones en las que puedes combinar historia, cultura y fiesta.  Los Happy Hours de Riga son eternos, desde las 4pm hasta las 3am puedes estar Bar Hopping por toda la ciudad vieja y siempre encontrarás uno, cervezas por menos de 1 lat ($1.88USD) en todas partes, 2×1 en todas partes, lo que quiere decir que con 4 lats te podías tomar feliz 2 caipirinhas o 2 mojitos en cualquier parte.  La comida también me encantó, el mejor pan con ajo de mi vida me lo comí allá, los pancakes de papa, definitivamente que la gastronomía báltica estuvo un poco mejor que la escandinava.

Yo no sé si tiene algo que ver con el cliché o que yo soy un ser muy extraño qué cosa, pero la realidad es que lo menos que me gusto de todo mi viaje fue Paris y Barcelona, bueno, especialmente Barcelona.  En Paris al menos tenía cosas con las que me identifico: El Louvre, la ruta de Rayuela (¡gracias Instituto Cervantes!), los cementerios que moría por ir a visitar y obvio que Paris Saint Germain.  Básicamente en eso consistieron mis cuatro días en Paris.  Lo menos que me gustó de la ciudad es ese overload de gente en todas partes (sobre todo en las partes turísticas) una vez te sales de ese caos, todo se torna mucho mejor. Además, estuve con mi querida amiga Luisa que me llena siempre con su poesía y todo lo que sabe. Eso hizo mi estadía en Paris una mágica, pero no en el sentido mágico que suelen concebir casi todos los turistas cuando miran la torre.

Y finalmente llegué a Barcelona. Aunque la ciudad no es para nada mi favorita (aunque la comida estuvo super) por lo menos no estuve sola, eso la hizo mucho mejor.

Y después de muchas patatas bravas y cañas, tocó ir a Frankfurt para tomar ese vuelo Condor 6020 que llega directamente a San Juan. ¿Qué aprendí? ¿Qué gané? Creo que todo, hasta de Barcelona con todo y lo ajeno que se me hace Gaudí. Gané muchísimos nuevos amigos alrededor del mundo, experiencias que nadie me va a quitar.  Aprendí que en todas las lenguas escandinavas tack es gracias, aunque no en todas se escribe igual.  Tuve la oportunidad de conocerme mejor y darme cuenta que soy mucho más organizada de lo que creía (vivir en Miami me había dado una leve señal de esto).  Que en Suecia hay más H&M que Systembolaget (la tienda del estado encargada de vender el alcohol) y que Carlos Felipe es el príncipe más bello del mundo.  No hay mejor fast-food de hamburgers en el mundo que Max y su salsa maravillosa para dipiar.  Aprendí cuán útil es ser la políglota donde quiera que vayas, en todas las esquinas te aparece un brasileño, un español o un italiano que no sabe nada de inglés y te conviertes en la salvadora del grupo cuando hay hambre o necesidad.  La verdad, me di cuenta que en algún punto de mi vida, quisiera definitivamente vivir en Copenhague o Estocolmo, y que no debo conformarme con simplemente viajar a aquellos lugares a los cuales no necesito pasaporte.

Mis problemas lingüísticos-psicológicos: mi historia con el italiano

Hace tiempo no usaba este blog para el propósito con el que lo cree: escribir sobre mis experiencias como políglota (en ciernes) pero hoy es justo y necesario. Siempre hablo de mis issues y mi amor por el portugués y de como eso surgió desde la cuna, pero pocas veces hablo del italiano. Creo que llegó el momento de contar mi pequeña historia con esta lengua.

Todo comenzó hace seis años, cuando iba a comenzar mi año senior en escuela superior. Estaba pasando por la crisis de no saber que hacer con mis años universitarios, después de haber dicho desde sexto grado que estudiaría comunicaciones. En el momento que me tocó escoger mis electivas para mi último año, escogí portugués, italiano y library assistant (digamos que era la clase de leer periódico en la biblioteca y hacer las asignaciones de la demás). Por aquellos tiempos, tenía una idea de que me interesaba hacer el bachillerato en lenguas, estaba segura que portugués sería una, el problema sería escoger entre italiano o francés. Francés en grado 11 no me gustó casi nada, así que había que experimentar con el italiano. Definitivamente, esta fue mucho mejor.

Guardo mucho cariño por mi maestra de italiano de la high, Vanessa Rivera que también es la maestra de arte en Saint Francis School (mi “alma máter“) y de ahí comenzó mi historia de amor con la lengua. A pesar de que me encantaban las lenguas, tomé la tonta decisión de hacer un bachillerato en historia en la Inter, que después cambié de concentración, poco antes de empezar mi primer semestre por Ciencias Políticas. Sé que fue una idiotez pero no me arrepiento, si no hubiera llegado a la Inter, nunca hubiera trabajado en Turismo.

Trabajando en Turismo me tocaba atender los Costa Cruises que llegaban al muelle, claro, nadie tenía ni un italiano básico para comunicarse con ciertos turistas, por ende, a pesar del pachó que me provocaba que cierta persona se me parara al lado cada vez que hablaba con un italiano, todo salía MUY bien $$$$.

A finales de 2008, decidí que no podía más con Ciencias Políticas y en Agosto 2009 me mude a la UPR a hacer el bachillerato en dos lenguas. La primera lengua que tomé ese primer año fue el italiano. Durante ese tiempo no sucedió nada fuera de lo normal, excepto por la huelga del 2010 y aquella carta de que me iba por un año a Florida International University de intercambio, en palabras simples: Miami me esperaba.

En Agosto 2010, me fui finalmente a Miami y aquellos primeros días deseaba no haber salido NUNCA de Puerto Rico por la cantidad de cosas que pasaban. Continué estudiando italiano allá, de hecho, fueron cuatro cursos. Seguí con mi frustración porque sentía que Miami no era sitio para mí, ni los Frat Parties, ni los juegos de football, ni el jangueo ese en club y tacos que hace años no paso y lo peor: lo divina que es la transportación pública de la ciudad cuando estás en el culo del oeste de la ciudad y toda la diversión está en el este. Me frustraba terriblemente, aunque ese ha sido mi mejor año en términos académicos, las mejores notas de mi vida y apenas me mataba estudiando.

Dentro de mi depresión por lo que me agobiaba la ciudad, Miami y sobretodo, el italiano revivieron algo en mí: mis animos de crear literatura (véase este post para referencia). Sobre este asunto ya había escrito antes, y fue en Marzo de 2011 (Cuando quedaba un mes para regresar a Puerto Rico) que conocí a los autores italianos y escuché tres “Inbocca al lupo” sobre mi “carrera literaria”, eso lo conseguí gracias a la lengua italiana.

Una semana más tarde de eso, comencé a trabajar como interna para la Italy-America Chamber of Comerce y fue ahí donde pasé mis mejores momentos en la ciudad siendo útil y bien feliz cada vez que alguien “se sorprendía” que “una portoricana parlasse italiano così” y ya tú sabes, uno con ese guille que no hay quien te lo tumbe. Lo que me apena, es que esos momentos en los que aprendí que Miami no era tan malo na, eran justo cuando estaba haciendo mis cajas para venir a casa.

En mayo de este año tuve que postergar una oferta de empleo con una agencia italiana que quiere expandirse a América y necesita alguien que hable italiano, español y portugués. Postergarlo porque requiere que viaje demasiado, y yo lo más que deseo en este momento es que llegue el semestre de Agosto 2013 para pedir grado.

Hoy, nuevamente tengo una cita con la lengua italiana donde tengo que servir de intérprete diferida de la lengua. Sinceramente, me emociona muchísimo cuando un compañero piensa en mí como una persona hábil para realizar esto porque eventualmente, esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida. Mi problema lingüístico-psicológico es el siguiente: Si es la lengua italiana la que más oportunidades me ha brindado, ¿por qué me resisto tanto a ella?l

Les explico, muchos saben que desde mis 13 años yo me eduqué y me habitué para vivir en São Paulo cuando fuera grande: cultura, literatura, deporte, música, televisión, lengua(aunque dicen que mi acento es más bien carioca) y que aún es una de mis fantasías conseguirlo. A pesar de ser algo nuevo en mi vida, me siento sumamente apasionada por la lengua y la cultura rusa, y si cuando tenga la oportunidad de ir a San Petersburgo (si todo se da como debe, será el año que viene) me gusta también la consideraría. El problema consiste en que no me visualizo viviendo en Italia o viviendo del italiano, a pesar de todas las oportunidades que me ha dado la vida con la lengua.

Digamos que esto me hace sentir como una mal agradecida de cierto modo. ¿Por qué se me hace tan difícil? La realidad, es algo que no consigo explicar con exactitud. A lo mejor es que solo necesito graduarme para entender mejor. La verdad es que ni a nivel graduado me visualizo en italiano, pues siempre he querido ir a la USP (Universidade de São Paulo) a hacer mi maestría en Literatura Brasileña (decisión cuestionable en este momento) o Filología Portuguesa. Hace unos pocos meses comencé a considerar hacer Traducción e Interpretación en la Universidad de Buenos Aires solo porque el currículo incluye español-portugués. A pesar de lo mucho que me emociona, siento que algo estoy haciendo mal.

No consigo dejar de pensar en la analogía de la persona que está ciegamente enamorada de alguien que le da esperanzas a medias e ignora a aquel que le ha dado muchísimas oportunidades y le ha demostrado cuanto amor tiene. Como pueden ver, esto no tan solo pasa en el amor, si no también en las carreras profesionales.

El post más mierda ever… porque es 9 de julio

Mi ausencia en estos lares se resume a lo que Ricky Martin cantaba (lamentablemente, en palabras escritas por Ricardo Arjona):

Por andar ocupado en el cielo me olvide que en el suelo se vive mejor…

Digamos que intento engañarme haciéndome creer que estoy escribiendo cosas serias, pero estoy pasando por algo a lo que le llamo “crisis de musa”. Hay muchísimas convocatorias para enviar cuentos, pero solamente he logrado producir uno, además, se supone que estoy haciendo una investigación para una novela, que al paso que voy es muy probable que termine siendo una publicación póstuma. Estos son los momentos en los que desearía tener el botón de fast forward, porque es cuando sabes que un periodo de tu vida no es productivo, y este verano ha resultado ser el menos productivo de mi vida, y quizás, también el más deprimente.

Es frustrante darse cuenta que uno sigue en el mismo lugar de siempre, a pesar de que tus ideas estén algo más adelante tus condiciones físicas te permiten hacer muy poco. Y no tan solo hablemos de físico, que lo económico está terrible. Estar en el mismo lugar siempre llevando una vida, no con limitaciones, porque no se trata de ser pobre ni rico, sino de estar en el mismo lugar, incluso careciendo de rutina. Es como ver que todo pasa frente a tus ojos y tu no tener ningún poder de cambiar nada. Cualquiera que lee esto diría: “muévete, haz algo” ¿que se puede hacer cuando no se tienen herramientas o las herramientas están a medias? no creo que mucho, y quizás sea el periodo más pendejo de la vida del ser humano.

Al menos hoy es 9 de julio… ¿qué carajo tiene de especial? Pues, un día como hoy el año pasado mataron a Facundo Cabral, murió a destiempo. Siempre que alguien muere a destiempo jode, imagínate todos los que están muriendo a destiempo con esta ola criminal. Un 9 de julio también nació Mercedes Sosa. Para muchos Mercedes Sosa es una cantante de “esa mierda de música que Brenda escucha” y quizás tienen razón, porque siempre voy a preferir mi “mierda de música con sentido” que su “música cabrona que no dice un carajo”. Mercedes Sosa representa para la cultura latinoamericana muchísimo, esa lucha de las minorías que siempre se ven como cáncer a la sociedad elitista y cosmopolita. Pero bueno, yo sé que eso a muchos no les importa.

Entonces, sigo… hoy es 9 de julio, es la independencia de la República Argentina. ¿Por qué debería importarme la independencia argentina? Pues les hago un breve cuento: el día de la independencia de EEUU una vecina estaba diciendo que no entendía porque la gente va a la playa ese día porque hay que estar agradecido con los gringos. A mi los gringos no me caen mal, me dan igual. Llegué a un punto en el que estoy mostrando indiferencia ante la situación “yo no elegí nacer en una colonia, pero amo la educación, si viviera en otra nación, me podría educar gratis, pero los gringos solo me ofrecen beca pell para hacer lo que más amo” Otro punto difícil de entender para muchos. Por ende, el 4 de julio me es indiferente, lo respeto como respeto cualquier otra celebración de independencia en el mundo, pero vuelvo al 9 de julio.

Mi vecina hablo de agradecimiento, y yo, me siento tan agradecida con los argentinos como con los brasileños. ¿Por qué? Argentina me ha dado a Julio Cortázar, Jorge Luis Borges y a Andrés Neuman en la literatura, que son tres de mis autores favoritos. Me dieron a Jorge Elgueta, uno de los mejores jugadores de voleibol del mundo y que orgullosamente, jugó para mis Gigantes de Carolina. Me dio actores que me encantan como Ricardo Darín, y como CECILIA ROTH. Y finalmente, llegamos a la música. Argentina me ha dado a Mercedes Sosa, Andrés Calamaro, Charly García, Luis Alberto Spinetta, León Giego, a mucha gente más, pero el más importante en mi vida: Fito Páez. Para ustedes nuevamente, esto vale mierda, de que vale celebrar esto, música es algo whatever. La música cambia la vida, yo estoy segura de ello. No creo que la música sea algo para presumir, sino algo para sentir. Yo digo “sentir pena” de aquellos que se quedaron “stucked” con Arjona pero los entiendo, si fue lo que les entró al corazón, pues, les entró y punto.

A mí el Rock Nacional Argentino me jodió la vida, para bien o para mal. Por ende, creo que por eso le debo estar agradecida a los argentinos y darme unas cuantas Quilmes frías por ello. También, contemos el detalle de que es probable de que en dos años, Buenos Aires sea mi futuro hogar (si São Paulo no me seduce lo suficiente)

El cofresito…

Rodrigo (el grande) y Leoncio (el pequeño)… Leoncio es parte fundamental de esta historia.

Toda mi vida he sabido lo que quiero. Desde que tengo 13 años la meta de mi vida es estudiar en la Universidad de São Paulo (Brasil), una de las más difíciles para entrar en Latinoamérica. Siempre he querido una carrera que me permita viajar y conocer nuevos lugares. Creo que llegar a ser interprete, escritora y traductora literaria me permitirá estar en diversos congresos y festivales todo el tiempo y hará que sea casi imposible establecerme en un solo lugar. En toda esta bagunça, ¿dónde queda mi corazón?

Se suponía que se quedaba en un cofre encerrado bajo llave. Los últimos cuatro años habían servido para enseñarme eso. Ningún hombre está dispuesto a comprometerse con un alma libre, ya sea por miedo o por machismo, que a fin de cuentas se resumen en una sola cosa: PENDEJOS. Aquí viene el típico pensamiento: para estar al lado de un
pendejo que no entiende lo que hago, PREFIERO ESTAR SOLA
. ¿Cual es el problema? Que siempre hay un pendejo más cabrón que cualquier otro que resulta, tenía la llave de abrir el cofre.

Durante estos cuatro años ha existido un hombre que por más que cambie la cerradura del cofre, siempre encuentra la llave que lo abre. Es totalmente opuesto a la persona con la que quisiera estar, eso lo sé. Este último año, todo a mi alrededor me hace conciente de ese dato, pero hay algo más allá entre él y yo imposible de explicar por más palabras que busque.

Hace tres meses, conocí a un hombre que pensé se asemejaba más a lo que siempre he querido para mi vida. Pensé que tenía la llave adecuada para el cofre, pero me equivoque. Sólo un botón bastó para muestra de que se acerca mucho menos a lo que sería adecuado para mí que aquel nómada que vaga por mi vida, y que a pesar de todo aquello que ha pasado a través de los año, alguna fuerza siempre insiste en acercarnos.

Después de todo este tiempo no sé si lo que habita en mi corazón es amor. Sólo sé que estar en sus brazos me da una extraña sensación de seguridad que a su vez me hace sentir culpable. Quizás sea por aquel refrán que dice Más vale un mal conocido que un bueno por conocer. La razón por la que me hace sentir culpable es poque la gente que me quiere piensa que ésto no está bien, que al final me hago daño. En cierto punto, tienen toda la razón, en el otro pues, simplemente resulta inevitable para mí evadir su presencia en mi vida. Por más que insista en recalcar lo malo, en burlarme, en reírme, en recordar las lágrimas, aquella cosa más allá, sí, aquello que no hay palabras para explicarlo siempre vence. Siempre tiene la llave correcta para abrir el cofre.

Ahora… ¿por qué Leoncio es parte fundamental en esta historia? Porque es el único recuerdo de él que tengo siempre conmigo; un fiel testigo de todo lo sucedido en el último año.

La vida no es una juguetería…

En mi vida, he pecado tanto de orgullosa como de pendeja. Éste quizas sea un momento en el que de orgullosa es de lo menos que pecaré, quiza sonaré muy pendeja y hasta falta de amor propio, pero no es así. Que conste que en ningún punto de este escrito hay falta de amor, pues estoy consciente de las cosas que me hacen feliz y las amo, esto es solo un momento en los que extrañas una de esas cosas que te haría LA persona más completa y feliz del mundo, pero sabes que no la tienes ni tendrás.

Cuando eramos niños, la felicidad se compraba en la tienda de juguetes, pero nadie nos advirtió que la vida no era una juguetería, y que habrían momentos en los que no vas a poder tener al muñeco que realmente quieres.
De esto se trata, llevo años estando segura del muñeco que quiero, aún cuando este muñeco no es un Ken, no es lindo y probablemente, es mucho más el dolor que provoca su ausencia y el haber podido solo jugar con su “Demo mode” y saber que prefirió que alguien más trasteara ese botón de Demo a ON.
Nadie tampoco me advirtió que tenía que hacer tanto para tener mi muñeco, y que aún así, al final no lo tendría. Que podía estar dispuesta a dejarlo todo por seguir a mi GI JOE, aunque aplastara mi orgullo. Todo esto es super difícil y en realidad, quisiera mi muñeco conmigo a mi lado para siempre, pero más quiero lo que tengo y lo que soy y me revienta a veces, tener que poner una cosa sobre la ottra, cuando lo que siempre quise fue que todo fuera parejo.
Si gente, no estoy tripeando, y sigo siendo la misma Brenda consciente y clara de las cosas que quiero. Ésto es sólo un relato de como siempre, alguna navidad, no nos trajo el juguete que realmente quisimos.

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El amor en términos algo derrotistas…

No se cuantas veces he bloggeado sobre el asunto, pero pues, por lo visto me divierte repetir lo mismo, a ver si aquello que estipulaba “The Secret” es cierto y se dá. Suena algo cruel, pero estoy harta de bregar con gente que no se da cuenta que no tenemos absolutamente nada en común. Algunos optimistas dicen: “los opuestos se atraen”. Vi una entrevista que le hicieron a uno de los creadores de EHarmony en la que dijo una cita que se asemeja demasiado a la que ha sido mi realidad amorosa: “Opposites attract; then attack!”. A veces he pensado y me he programado para creer que me gusta estar con alguien con quien tenga mas similitudes que diferencias, por aquello de no aburrirnos. Esa aseveración es completamente FALSA. Puede que al principio, las diferencias no duelan, no molesten y que todo pueda “go with the flow” pero cuando se cae la venda del enchule, ¿qué es lo que queda? He visto como mis antiguos amores han hecho que nuestras diferencias no tan solo molesten, sino que duelan demasiado porque no las saben respetar.

Otra cosa que me duele hasta más no poder, es lidear con gente que no tiene aspiraciones, y que por ende, son incapaces de respetar las tuyas. Muchas veces me he dicho: “olvidate de que estudie en un instituto, o que quiera seguir teniendo trabajos part-time, son buenas personas”. Pero hoy día, ¿de que vale solo estar con una buena persona solo porque es buena cuando se trata de amor? Se desarrolla el cariño, pero ¿y la chispa de enamorarse y admirar a esa persona? ¿dónde queda? Quizás mi punto es algo cruel, porque a muchos les puede sonar a que soy una “golddigger” cuando no es así. No estoy pidiendo un hombre millonario, lo único que le pido a la vida es un hombre que disfrute de dos cosas que yo también disfruto: la lectura y las artes en general.

Para mí, es terrible hablar con un hombre el cual cada seis palabras que digo, me pregunta, “¿qué es eso?” No me parece que pueda ser capaz de enamorarme de alguien con quien no puedo hablar, ¿dónde quedará la parte de la comunicación que es tan importante en una pareja? Si no puede entender ni mis inquietudes ni tampoco mis chistes, no entenderá absolutamente nada.

Es por estas razones que he preferido alejarme del concepto “amor” como sintiendome derrotada. Es obvio que he conocido hombres que encajan por completo con mi descripción, pero o son casados, o son gays, o simplemente, toda la seguridad que demuestro al escribir esto y asegurar qué es exactamente lo que quiere, desaparece al darme cuenta que estoy frente a un hombre brillante. Me parece como que si se me ocurriera hablar, no importa lo que diga, voy a sonar tan bruta como Maripily.

He decidido no darle más casco al concepto amor, es cierto, pero al sentirme en estos momentos como la última descripción que puse, o sea, como Maripily frene a un hombre brillante, tenía que desahogarme el resto de mis inquietudes, y pues, quizás dejarle claro a unos cuantos porque no logran nada conmigo, muchas veces ni mi amistad. ¿Si no somos capaces de entablar una conversación, sinceramente, podemos ser amigos? Si tanto la amistad y el amor tienen esa base, COMUNICACIÓN.

…de mi tercera pasion ¡el VOLEIBOL!

Ya creo que he aburrido demasiado hablando de literatura y lenguas, que si, son mis dos grandes pasiones. Creo que llego el momento de hablar de mi tercera pasión, el voleibol.

Todo empezó como cuando tenía nueve años, que comencé a practicarlo en mi colegio. Desde el momento que “bompié” mi primer balón sabía que era amor instantáneo. Así que desde ese tiempo comencé a jugar en el equipo del colegio, en aquellos tiempos donde yo era de la más altas. (claro, si medía 5′ desde aquella entonces, que es lo mismo que mido ahora) Mi amor seguía creciendo y pues, seguía adquiriendo responsabilidades en la cancha.

Cuando cumplí 13 años, a alguien le dio la gana de decir “tú, vas a ser acomodadora” yo nunca había sido tal cosa como acomodadora. Al principio mostré resistencia, como todas aquellas cosas que me toca hacer porque alguien me las dice, no porque yo las escogí, pero después, fue todo amor. Me di cuenta que el acomodador dentro del sistema voleibolístico es una de las piezas mas importantes del juego, en realidad, es como el motor o el político del juego. Es el acomodador quien decide quién atacará el balón y cómo. Díganme ustedes, ¿no es eso bastante político? Yo era de las que pensaba que atacar era lo único divertido y bonito, y en realidad lo es, pero me enamoré de mi posición, y aún hoy día, para mi resulta más fácil y más divertido apreciar la labor del acomodador que el simple hecho de que el ataque haya sido positivo.

Esa fue mi mejor edad dentro del voleibol, después, yo misma estoy conciente de que me anulé. Sí, estatura, peso, prioridades fueron alejandome del juego, pero nunca de la técnica y de cómo apreciarlo. Todos los veranos iba al Campamento Metro de Voleibol que la Federación siempre hace. Tengo que reconocer que hasta para ésto he sido una nerd. Mientras a todos lo más que le divertía era jugar, mi parte favorita era cuando ibamos al salón a hablar y aprender teoría. Yo siempre tan especial.

Hace algún tiempo hice el curso de Entrenador Nivel I que ofrece la Federación, pues siempre he soñado con coachear. La realidad es que hoy día mi ID de entrenadora no tiene validez alguna porque la hice hace más de un año y nunca continué al nivel II. Solo trabajé de coach por un día, la razón es otra historia aparte de la cual no me gustaría hablar, pero creo que gracias a eso, perdí mi gran oportunidad, y creo que fue lo mejor que pasó. Será en otra ocasión.

Hoy día que estoy tan enfocada en mis estudios, en ser escritora, interprete, traductora y/o profesora, también me encantaría poder dejar un espacio para el voleibol en mi vida. Me encantaría ser apoderada de un equipo, pero tendría que tener un dineral (espero que algún día me diera para eso) o si no, hace algunos años vi el trabajo de mis sueños. No recuerdo si fue en las Olimpiadas o en algún mundial, que vi a la selección de Rusia coacheada por un italiano. El italiano estaba hablando en su idioma y a su lado, tenía un interprete simultaneo que repetía sus instrucciones. Quedé enamorada para siempre de esa posición. Creo que ese sería mi verdadero dream job y fue una de las razones por las cuales estoy motivada en aprender ruso (además de por mi fe religiosa, que de eso me tocará hablar en otro post.)

Después de mucho tiempo, el año pasado durante mi intercambio en FIU pude volver a jugar voleibol en el intramural que hacen en la universidad. El equipo al que pertenecí logramos un subcampeonato frente a un equipo que ya había jugado junto en intramurales por años. Tuve la oportunidad nuevamente de ser acomodadora, ya que mis compañeras mismas decidieron que fuera así. Diría que esos fueron de los días más felices de mi intercambio (que he dicho muchas veces ya que no fue muy feliz en general.)

Definitivamente, este deporte ha y seguirá estando conmigo en muchos momentos claves de mi vida y aún sigue siendo un motivo de reunión tanto con familia como amistades. No imagino mi vida si mis años jugando voleibol no hubieran existido. El haber jugado, y específicamente, jugar de acomodadora me sirvió para aprender algo: Nunca arrepentirte de la decisiión que tomaste aún así no sea la mejor y te bloquearon a tu rematadora, y si hace falta, insiste hasta que logres el punto por ahí, sino, cambia la técnica. También me enseño a tener más confianza en lo que me rodea y a visualizar que hay distintos modos de lograr un solo fin, que no me aferre a uno. Podrán decir que de los deportes no se aprende nada bueno, pero yo del voleibol, he aprendido demasiado.