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Las primeras fiestas sin Tribi…

Si alguna vez escribí dos posts en menos de 24 horas, pues fue hace mucho porque no consigo recordarlo.  Esta mañana me sucedió algo cotidiano, pero consiguió conmover cierta herida que no ha cerrado, y es obvio porque es bastante reciente.  Navegando en las profundidades de Facebook me encuentro con este meme:


Lo vi y me eché a llorar como loca.  De más está decir que me recuerda a mi Tribilín que se fue hace poco más de un mes.  Después de 17 años, estas son mis primeras fiestas (las cuales ya sabemos que de por sí repudio) sin él.  Tribilín estuvo conmigo en todas las facetas de mi vida, imagínate, llegó cuando estaba en Primer Grado.  Recuerdo una vez, cuando estaba en Tercer Grado tuvimos que hacer una presentación oral frente a la clase sobre nuestras mascotas.  Yo llevé a Tribi al colegio y todo el mundo estaba encantado con él porque era super juguetón y jovencito.  En aquel tiempo lo rompía todo, pero yo tenía siempre con quien jugar.  Así estuvimos en todo momento, hasta que el día de las elecciones, en medio del caos y alboroto de ese día me dejó para siempre.  No pudo haber escogido un día peor para irse, pero hasta ahí llegó su propósito.

A pesar de que en casa hay otros seis animales, lo extraño.  Lo extraño porque ninguna, a pesar de lo mucho que las amo a todas, creció a mi lado.  Ninguno ha estado en todos los absurdos momentos en que traigo a pretendiente nuevo a casa, solo Tribi.  Y ahora ya no está.  Siempre le había dicho a Mami que yo me mudaría definitivamente de mi casa después que Tribi faltara.  Creo que ahora ese momento está más cerca, pero me doy cuenta que Tribilín nunca va a faltar.  Estará por siempre en cada rincón de la casa donde le gustaba estar. Seguirá estando al lado del sofá donde por las noches, cuando uno se sentaba a ver televisión, él se arrimaba buscando un poquito de cariño.  Seguirá estando en el balcón, ladrándole a los carritos de compra, porque por alguna extraña razón odiaba el ruido de sus ruedas.  Tribilín es único entre todos mis animales.

No me malinterpreten, ya de mis gatas había hablado aquí al igual que de Tribilín.  Las adoro, al igual que adoro a Milagrito, que creo que fue el regalo que la vida le envió a Abuela para que la ausencia de Tribi tuviera un bálsamo.  Amo las loqueras de Chispa, aunque esa perra solo tiene ojos para Mami. Ahora también amo a Griselia, la veo y me parte el alma, porque la pobre no puede brincar y hacer las cosas que hacen el resto de los gatos.  Estoy casi segura que perdió sensibilidad en sus patas traseras después que un perro la mordiera por estar detrás de mami y mío.  Ahora se arrastra, pero igual la veo con esas ganas de vivir y me destroza el corazón.  Por cosas como esta sé que debo seguir adelante, a pesar de lo mucho que me duele el que Tribi no esté.  El resto de los animales de esta casa necesitan quien los ame, y por eso, debo de sentir que en realidad Tribilín me espera en la otra vida porque le di ese amor, y así mismo me retribuirán los demás una vez ya no estén, y me toque encontrármelos en el más allá.

Aquí les dejo con algunas fotos para ilustrarlos:


Tribilín junto a Negri (que murió hace 5 años)


Tribilín


Nosotros


Nosotros circa 1996

Todo sobre gatos y perros…¡y hijos!

PERROS… CÃES… CANI… DOG!

Desde que tengo uso de razón, he tenido a mi lado a un perro. Creo que esto hizo florecer mis sensibilidades desde muy temprano en la vida. Ver que había un ser mas pequeño que yo en la casa, que hacía la misma cantidad de ruido que yo cuando tenía dos años, pero que no era capaz de gritar “MAMÁ” era algo extraño (y curioso así como el acento de Xuxa), pero que poco a poco se fue haciendo más y más parte de mí. Hasta hoy en mi casa han habido cuatro perros: Sandy (desde que nací hasta que tuve 8 años), Tribilín (desde que tengo 6 años hasta el sol de hoy, gracias a Dios), Negrita (desde que tenía 13 años hasta justamente el día de mi graduación de High School; el 21 de mayo del 2007) y Chispa (apenas tiene 11 meses en casa). En mi vida, se que han habido muchos otros perros especiales, a pesar de no haber estado en mi casa.

Las muertes de Sandy y Negri marcaron mi vida cada cual a su manera. Si mal no recuerdo, Sandy fue el primer muerto que lloré en mi vida. Era un ser con el que crecí a mi lado. En mi primer recuerdo, aquel de la primera vez que dije MAMÁ, ahí estaba ella. Cuando jugaba a imitar a Grease en la sala mi cómplice fue ella. Esa fue la primera pérdida que me tocó así de cerca.

Negri murió el 21 de mayo de 2007, justamente el día que me graduaba de escuela superior. Si muchos se preguntan porque yo prefiero no hablar ni recordar ese día, esa es una de las razones entre otras de las que sinceramente, ni me gusta hablar. Para todo el mundo, su graduación es un momento importante y que recuerdan con mucha felicidad, el mio no fue así. La última persona que la vio viva fui yo. Esa noche me siguió hasta la puerta del cuarto, yo le hice un poquito de gracia y le cerré la puerta en la cara. A las 7:12am, abuela me despertó para decirme que la perra estaba muerta. Tuve un lapso en el que pense que eso era solo una pesadilla, pero no. La perra estaba ahí tirada, justo frente a mi puerta, el último sitio donde la vi con vida y moviendome el rabo. Aquel sigue siendo uno de los momentos más tristes de mi vida.

Una de las cosas que más resentí viviendo en Miami era la ausensia de un perro. Estar sin mi Tribilín que ha estado conmigo enlos últimos 16 años de mi vida resultó bastante difícil. Cuando me siento a su lado llorando, su mirada dice mucho más que las palabras de muchos. También extrañaba los saltos de Chispita, que brinca tan alto que ha llegado hasta morderme la nariz. (Se que eso no es tan dfícil, como si yo fuera tan alta) Esa perra, en menos de un año me ha demostrado tanto amor en cosas tan sencillas que yo diría que le devolvió el ama no tanto solo a mí, sino a todo nuestro hogar justamente después de haber pasado el terrible susto de pensar que Tribilín se nos iba. He entendido que para mí resulta más sencillo estar cerca de los animales que de los mismos humanos. Quizás sea por eso de las miradas o que las palabras de la gente a veces en esos precisos instantes causan un daño irreparable, pero las miradas te alegran la vida.

GATOS… GATTI… CATS!

Pues los gatos llegaron a mi vida justamente el día que regresé. Adoro tenerlos cerca, verlos caminar y jugar, hasta adoro cuando me arañan y me muerden por más que duela. Mi interacción con gatos ha sido muy poca, y con kittens, ¡mucho menos! Sinceramente, confieso estar enamorada de esos tres. Es demasiado divertido y gratificante verlos tomando del biberón asi tan felices como lo hacen ellos.

OS FILHOS… I FIGLI… LOS HIJOS… CHILDREN?

Muchos dicen que no tengo corazón o que soy media insensible cada vez que digo que no quiero tener hijos. Pero, ¿y que del amor que siento por los animales? ¿Eso también es insensibilidad? Me pregunto cual es el el sistema de medir lo que me hace más insensible o menos. Estoy conciente de mis realidades y de mis prioridades y a pesar de que me parece que la vida es una maravilla, no me consideró una persona ni con la capacidad ni la habilidad de ser madre. Además, ésto nunca ha sido una prioridad en mi vida, si llega bien, sino también. Mi instinto maternal está lo suficientemente desarrollado para cuidar animalitos y para darles todo el amor posible. Para que sigan pensando que soy más insensible, prefiero un animal que un hijo por la sencilla razón de que el animal demuestra su agradecimiento de todas formas y se desvive por ello, y los humanos, ¿también lo hacemos?

Respeto a todo aquel que quiere tener hijos y que los tiene, pero me molesta de sobre manera la gente que me juzga y no es capaz ni de respetar ni de aceptar mi decisión. Estar conciente de mi realidad no me insensibiliza, sigo teniendo amor para los animales y para el resto de los niños. Me parece que estar conciente me hace más responsable, ¿de que me vale traer hijos al mundo que en realidad, no deseo ni son mi prioridad? Lo que estaría haciendo es una irresponsabilidad y una falta de respeto a mis principios y a mis metas, porque en la vida se hace y se lucha por lo que se sueña y se desea, y un hijo, en realidad no es ni tan siquiera un capricho en mi vida. Estoy conciente que algunas veces hay cosas que toca hacerlas sin querer. Si el destino quiere que eso sea lo que haga pues respetaré su designio, pero mientras esté en mis manos la decisión mi respuesta siempre será no.

A veces me pregunto quien de estos es más insensible:

  1. Yo, que vivo apasionada por mis sueños y metas, que soy capaz de demostrarle amor a los que tengo cerca y quiero, y a los animales que tanto amor también me dan.
  2. El que tiene hijos y los cuida bien, pero la vida de un animal le importa muy poco al punto de que si mata uno en la carretera ni se conmueve.
  3. La que trae hijos al mundo simplemente por traerlos, porque es la naturaleza, y no es capaz de darle las mejores condiciones de vida a esa criatura.

Y ustedes, ¿que piensan?