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Todo sobre gatos y perros…¡y hijos!

PERROS… CÃES… CANI… DOG!

Desde que tengo uso de razón, he tenido a mi lado a un perro. Creo que esto hizo florecer mis sensibilidades desde muy temprano en la vida. Ver que había un ser mas pequeño que yo en la casa, que hacía la misma cantidad de ruido que yo cuando tenía dos años, pero que no era capaz de gritar “MAMÁ” era algo extraño (y curioso así como el acento de Xuxa), pero que poco a poco se fue haciendo más y más parte de mí. Hasta hoy en mi casa han habido cuatro perros: Sandy (desde que nací hasta que tuve 8 años), Tribilín (desde que tengo 6 años hasta el sol de hoy, gracias a Dios), Negrita (desde que tenía 13 años hasta justamente el día de mi graduación de High School; el 21 de mayo del 2007) y Chispa (apenas tiene 11 meses en casa). En mi vida, se que han habido muchos otros perros especiales, a pesar de no haber estado en mi casa.

Las muertes de Sandy y Negri marcaron mi vida cada cual a su manera. Si mal no recuerdo, Sandy fue el primer muerto que lloré en mi vida. Era un ser con el que crecí a mi lado. En mi primer recuerdo, aquel de la primera vez que dije MAMÁ, ahí estaba ella. Cuando jugaba a imitar a Grease en la sala mi cómplice fue ella. Esa fue la primera pérdida que me tocó así de cerca.

Negri murió el 21 de mayo de 2007, justamente el día que me graduaba de escuela superior. Si muchos se preguntan porque yo prefiero no hablar ni recordar ese día, esa es una de las razones entre otras de las que sinceramente, ni me gusta hablar. Para todo el mundo, su graduación es un momento importante y que recuerdan con mucha felicidad, el mio no fue así. La última persona que la vio viva fui yo. Esa noche me siguió hasta la puerta del cuarto, yo le hice un poquito de gracia y le cerré la puerta en la cara. A las 7:12am, abuela me despertó para decirme que la perra estaba muerta. Tuve un lapso en el que pense que eso era solo una pesadilla, pero no. La perra estaba ahí tirada, justo frente a mi puerta, el último sitio donde la vi con vida y moviendome el rabo. Aquel sigue siendo uno de los momentos más tristes de mi vida.

Una de las cosas que más resentí viviendo en Miami era la ausensia de un perro. Estar sin mi Tribilín que ha estado conmigo enlos últimos 16 años de mi vida resultó bastante difícil. Cuando me siento a su lado llorando, su mirada dice mucho más que las palabras de muchos. También extrañaba los saltos de Chispita, que brinca tan alto que ha llegado hasta morderme la nariz. (Se que eso no es tan dfícil, como si yo fuera tan alta) Esa perra, en menos de un año me ha demostrado tanto amor en cosas tan sencillas que yo diría que le devolvió el ama no tanto solo a mí, sino a todo nuestro hogar justamente después de haber pasado el terrible susto de pensar que Tribilín se nos iba. He entendido que para mí resulta más sencillo estar cerca de los animales que de los mismos humanos. Quizás sea por eso de las miradas o que las palabras de la gente a veces en esos precisos instantes causan un daño irreparable, pero las miradas te alegran la vida.

GATOS… GATTI… CATS!

Pues los gatos llegaron a mi vida justamente el día que regresé. Adoro tenerlos cerca, verlos caminar y jugar, hasta adoro cuando me arañan y me muerden por más que duela. Mi interacción con gatos ha sido muy poca, y con kittens, ¡mucho menos! Sinceramente, confieso estar enamorada de esos tres. Es demasiado divertido y gratificante verlos tomando del biberón asi tan felices como lo hacen ellos.

OS FILHOS… I FIGLI… LOS HIJOS… CHILDREN?

Muchos dicen que no tengo corazón o que soy media insensible cada vez que digo que no quiero tener hijos. Pero, ¿y que del amor que siento por los animales? ¿Eso también es insensibilidad? Me pregunto cual es el el sistema de medir lo que me hace más insensible o menos. Estoy conciente de mis realidades y de mis prioridades y a pesar de que me parece que la vida es una maravilla, no me consideró una persona ni con la capacidad ni la habilidad de ser madre. Además, ésto nunca ha sido una prioridad en mi vida, si llega bien, sino también. Mi instinto maternal está lo suficientemente desarrollado para cuidar animalitos y para darles todo el amor posible. Para que sigan pensando que soy más insensible, prefiero un animal que un hijo por la sencilla razón de que el animal demuestra su agradecimiento de todas formas y se desvive por ello, y los humanos, ¿también lo hacemos?

Respeto a todo aquel que quiere tener hijos y que los tiene, pero me molesta de sobre manera la gente que me juzga y no es capaz ni de respetar ni de aceptar mi decisión. Estar conciente de mi realidad no me insensibiliza, sigo teniendo amor para los animales y para el resto de los niños. Me parece que estar conciente me hace más responsable, ¿de que me vale traer hijos al mundo que en realidad, no deseo ni son mi prioridad? Lo que estaría haciendo es una irresponsabilidad y una falta de respeto a mis principios y a mis metas, porque en la vida se hace y se lucha por lo que se sueña y se desea, y un hijo, en realidad no es ni tan siquiera un capricho en mi vida. Estoy conciente que algunas veces hay cosas que toca hacerlas sin querer. Si el destino quiere que eso sea lo que haga pues respetaré su designio, pero mientras esté en mis manos la decisión mi respuesta siempre será no.

A veces me pregunto quien de estos es más insensible:

  1. Yo, que vivo apasionada por mis sueños y metas, que soy capaz de demostrarle amor a los que tengo cerca y quiero, y a los animales que tanto amor también me dan.
  2. El que tiene hijos y los cuida bien, pero la vida de un animal le importa muy poco al punto de que si mata uno en la carretera ni se conmueve.
  3. La que trae hijos al mundo simplemente por traerlos, porque es la naturaleza, y no es capaz de darle las mejores condiciones de vida a esa criatura.

Y ustedes, ¿que piensan?