Archive | January 2014

“Enamórate de…” De mí para mí.

Hay un dicho que dice que si no puedes con el enemigo, que te le unas. Ya que nadie me ha hecho caso cuando les digo “enamórense de la mujer que les dé la gana” y prefieren esteriotiparse, pues llegó mi hora de esteriotipar. Hoy le voy a hablar a mi persona sobre la persona de la cual se debe enamorar.

Querida Brenda(yo):

Sé que cuando leas esto en un futuro morirás de la risa y pensarás que eres toda una pendeja, pero al mismo tiempo sabrás que esto fue justo y necesario. Tus experiencias particulares de vida y tu propia personalidad te han llevado a pensar que el amor es una mierda, y es muy probable que en el futuro sigas pensando de esa manera. Si en algún futuro dejas de pensar que las cursilerías y el romanticismo son la mierda que no flushearon en el toilet, te daré aquí algunos consejos de los hombres de los que te debes enamorar y de los que no.
Evita enamorarte de hombres con complicaciones sentimentales previas. Todas las veces que has apostado a darle una oportunidad a estos ha sido como tirarte de un 9no piso, tal y como lo hiciera Charly García, pero sin encontrarse una piscina abajo. Cuando aparezca uno de estos o de los que tienen “novias fantasmas”, dales derecha.
No te enamores de un hombre que políticamente sea muy cerrado. Increíblemente, en este momento no te diré que no te enamores de un PNP, sino que si te enamoras de él te asegures que sea alguien que sepa porque lo es. Tú cada día entiendes más porqué tus ideas políticas son de una determinada manera. Asegúrate que el hombre del que te enamores también lo entienda sobre las suyas.
Sabes perfectamente que nunca en la vida dejarás de viajar. No te enamores de un hombre que no entienda lo que eso representa. Enamórate de uno que cuando le digas “Quiero ir a Nueva Delhi” te diga “dime cuando pa hacer la maleta la noche antes”.
No te enamores de un hombre machista ni que use epítetos homofóbicos para referirse a otros. Tú sabes más que eso y te derriten los sensibles. Esos que se joden con Sabina y Silvio.
Finalmente, obvia a los fanáticos religiosos. Esto puede ser una generalización, pero nunca pueden tener una conversación literaria/filosófica sin citar la biblia. Como si fuera el único texto en la tierra.

Ahora te digo mi querida Brenda Gisselle, deja de fijarte en los físicos. Has aprendido mejor que nadie que la capota no dice nada. Enamórate de uno con quien puedas hablar de todo. Libros, teatro, deportes, viajes. Enamórate de uno que quiera hacer todo eso contigo. Enamórate del que cante contigo el estribillo de “dormir contigo es estar solo dos veces, es la soledad al cuadrado” esgalillau en un tapón. Enamórate de un tipo del que le hables del tema de tu tesis y no se quede clueless. Y sobre todo Brenda, te digo, enamórate de un tipo que esté en tu misma página, en tu mismo viaje. No quieras seguir jugando a forzar situaciones. Cada vez que haces el esfuerzo de salir de tu zona cómoda todo se complica. Enamórate del chico cuya zona cómoda sea la misma que la tuya.

Espero que esto te haya servido de algo,
Te quiero con ovarios, cabrona!

Basta de imperativos: Enamórate de la mujer que te dé la gana

En los últimos días he leído una hemorragia de artículos ensayísticos diciéndole a los hombres que se deben o no se deben enamorar de las mujeres que leen, o de las mujeres que escriben, o de las que se hacen las difíciles. Probablemente también leí que deben enamorarse de las sumisas o de las que van a la iglesia los domingos. Yo no soy la mejor persona para dar consejos amorosos pero hombres, préstenme atención en esta: Todos esos artículos los engañan. Aún cuando soy una mujer que puedo decir que me identifico con el artículo de las mujeres que escriben y el de las que leen, ¿quien soy yo para decirles que se tienen que enamorar de un cierto tipo de mujer?

Debemos empezar por un dato sumamente básico: Es imposible agrupar a las mujeres en un solo grupo. Ni todas las mujeres que leen son iguales, mucho menos las que escriben, y “las que se hacen las difíciles” es de lo más risible. Todas estamos llenas de virtudes y defectos bastante particulares, que es muy probable que una sola etiqueta no logre cubrirlas todas. Segundo: En lo particular, me molesta el carácter imperativo con el que están escritos TODOS estos artículos. Ellos quieren hacerse los muy subjuntivos y que solo te están proporcionando ideas, pero implícitamente, te están ordenando a que hagas eso. En cuestiones del corazón, quien único debería ser imperativo eres tú (bueno, al menos eso siempre he creído.) ¿Por qué vas a hacerle caso a alguien que te dice “enamórate, escúchala, cómprale flores” cuando esas cosas que deben salir de ti mismo?

Volviendo al tema de las etiquetas, yo en este instante podría usar este espacio (como jamona irremediable) para decirle a los hombres de que se enamoren de “mujeres que les guste viajar, que hablen tres idiomas o más, que lean, que cocinen” y todas las características que me describirían. A mí no me da la gana de decirles eso. Probablemente a ti no te llene una chica que te puede decir cosas frescas en cinco idiomas distintos, pero si te llena una chica que muera por llenar su Pandora de charms. ¿Puedo decir yo que eso está mal? No. Somos entes distintos y probablemente esa chica del Pandora lleno tiene las cualidades dignas de llenar tu corazón mucho más que mis cinco idiomas y mis charlas de trova. ¿Ella es superior o inferior a mí? No, nuevamente, ni es “enamórate de la del Pandora” ni “enamórate de la que no cambia Radio Universidad”, esto se trata de enamorarte de la que tu corazón te dicte.

Hace unos días, en esta hemorragia de artículos me encontré con uno que hablaba de que a las mujeres nos gustan los hombres que se vistan bien, que mantengan su cuarto limpio, que sean detallistas y yo por ninguna parte me encontraba en lo absoluto identificada con ese artículo. Lo menos que busco en un hombre son esos detalles banales, pero es muy probable que otras mujeres si le interesen. Honestamente, me molestó bastante ese articulito. ¿Por qué me debería importar si un hombre se viste a la moda? A fin de cuentas, yo lo quiero desnudo. Lo que realmente me importa es su seguridad y su capacidad de conversar. Eso es lo que a mí realmente me llena y no creo bien que venga alguien a decirme que tipo de hombre me debe gustar. Tampoco creo que exclusivamente me gusten los “hombres que leen” o “los que se hacen los difíciles” o ninguna de esas etiquetas. Me gustan los individuos únicos con los que creo un grado de química muy saludable sin ninguna etiqueta. Asumo que la mayoría de los hombres opinan igual de las mujeres.

Es por esto que hoy les digo: Enamórense de quien les de la gana. Para el amor no hay edad, no hay gustos, no hay reglas ni mucho menos etiquetas. Enamórense de la persona que ustedes sientan que puedan crear un nexo bonito a la hora de estar juntos. De esa persona que, independientemente si lee, si hace drama, si es una amargada les saca una sonrisa siempre que están con ella. Enamórense de quien les dicta su corazón, no de quien les dicen los artículitos que leen en los blogs. De hecho, si creen que estoy siendo sumamente imperativa, tampoco me hagan caso a mí.

El inicio de “La transformación del mofongo”

Si leíste mi pasado post probablemente sepas que estoy en una fase de la vida en la que estoy intentando transformar el mofongo. En esos conteos que siempre hay que hacer entre reducir cantidades de relleno y contar cantidades de nutrientes finalmente, creo que me hallé. La manera en la cual el mofono se debe despejar de casi todo su relleno no es tan sacrificada. Parece hasta divertida. Después de estar dos días comiendo carne, huevo y queso me di cuenta de que esa era la base de mi nueva realidad. Al principio resultó deprimente pensando que era una miseria, después entendí algo: son precisamente los mismos alimentos que no se podían ingerir en el período de ayuno ortodoxo. Estaba haciendo un ayuno ortodoxo a la inversa.

Después de hacer eso, entendí algo que aún me dolió más. El alcohol tenía que estar por algún tiempo fuera de mi vida, mi adorado mantecado necesitaba controlarlo por completo. No debo pedir más pizza por un muy buen tiempo, en lo que logramos que este relleno llegue a un buen lugar. De momento, comienzo a animarme a cocinar cosas distintas a las que siempre he comido y me doy cuenta que no son tan malas na. Hora de hacer sacrificios, que no son tan sacrificados na (valga la redundancia). Dentro de algunos días, sé que les contaré como el mofongo se ha ido reduciendo.

Que no se pierda la bonita costumbre…/195

Que no se pierda la bonita costumbre de escribir y leer en el 2014…

Aunque tuve que descansar después de algunos días intensos en los que estuve terminando la antología, ya me hacía mucha falta el placer de dedicarle algún tiempo a las letras. Empezó el 2014 y yo apenas lo sentí. Sigo teniendo las mismas deudas que en el 2013. Continúo escondiéndome de los bancos hasta el día que finalmente consiga un trabajo con el que pueda responderles. La única diferencia es que en este año, bajar de peso no es una resolución, sino un proyecto tal y como lo fue el terminar la antología. Como ya les había mencionado antes, no voy a hacer dieta, voy a metaforizar mi alimentación. Suena chistoso al pensar en “esta leche de soya sabe tan rica como la nutella de hace dos semanas” pero definitivamente, será algo así. Ya mencioné las razones por las cuales tengo que perder peso, y tiene que ser un hecho que de aquí a 4 meses tengo que lucir mejor, por mi salud y por mi bien en general.

195…

Un número grande cuando se divide entre 5. Esos 5 son los pies que mido. Quiere decir que si se hace un ejercicio matemático soy un ser 39. Los expertos de esta materia dirían “tu Body Mass Index es de una mujer obesa” y yo no soy quien para objetárselo. Sin embargo, creo que durante toda mi vida he tomado demasiado en serio mi propia descripción de mofongo y crepa y me he rellenado con todo lo que encuentro. Poco me ha importado lo que me cubre, pero el problema es que mientras más grande el mofongo, más grande su cubierta. En la mesa todo el mundo adora un mofongo bien relleno. Fuera de esta, ver un mofongo bien relleno lo que produce es rechazo. Yo estoy algo cansada de ser un mofongo sobrerelleno y ser rechazada por ello. Es por esta razón que llegó el momento de cambiar la manera en que el mofongo/crepa se rellena. Procuro que la cubierta sea menor de lo que es, pues un mofongo o crepa pequeña puede ser cubierta mucho más facilmente.

Por todas estas razones es que debo procurar que ese 39 sea un 29. Los expertos en la materia dicen que ese es un número más cercano a lo que debe ser saludable. Ha llegado el momento de modificar el relleno del mofongo a uno menos grasoso, quizás menos sabroso. Hoy es oto día en el que cambio un plato de arroz por verduras. Aún al relleno le queda un largo camino por andar y algunos números por restarle a ese 195 y al 39. Ojalá pudiera añardirle algo a ese 5 de estatura.