Archive | December 2013

La hipocresía del concepto del regalo

Llegaron las navidades y la gente en lo único que piensa es en lo que van a regalar y lo que recibirán como regalo. Anoche escuché a una persona en la tv decir “asumo que usted no querrá que le regalen una tarjeta prepagada” y pensé “¿qué tienen de malo las tarjetas prepagadas?” Y ahí comenzó esta larga reflexión sobre el concepto de regalo. Desde que llegué a mi adultez (si es que llegué) en lo menos que he conseguido pensar es en los regalos que haré o me harán. Normalmente, no espero ningún regalo, y yo cuando los doy es porque los siento. No dejo que el calendario rija el momento en el que voy a darle algo a alguien porque lo siento de corazón.

Incluso, llevo años que a mi familia no le hago regalos en fechas específicas. Si voy a algún templo del consumerismo (de esos a los que le he tomado odio) y veo algo que sé que apreciarán, valorarán y les resulta necesario, no pienso dos veces en hacer la inversión. Naturalmente, llevo todos estos días escuchando gente decir “no sé que voy a regalar” y yo nunca consigo entender porqué se presionan tanto. Esto no tan solo sucede en las navidades, sucede también durante todo el año. Leo tantos status y tuits que hablan sobre “si me hacen ese regalo, es porque no sirven” “deberían esforzarse por hacer un mejor regalo” y eso me lleva a preguntarme: ¿por qué tanta exigencia por un regalo? 
A fin de cuentas, un regalo es eso, no es una exigencia. La persona regala porque lo siente de corazón, y a fin de cuentas, ¿nadie se pone a pensar en los sacrificios que tiene que hacer esa persona por un regalo que “no sirve”? A lo mejor esa persona tuvo que dejar de pagar algo para poder conseguir pagar por un detalle. Esa persona tomó de su tiempo para pensar en ti y darte un detalle especial, que con tus exigencias, probablemente estás dejando saber que no mereces.
En mi caso, yo estas navidades como en mi cumpleaños y cualquier otra fecha importante, no espero nada. Si alguien me hiciera un regalo, estaré sumamente agradecida de que esa persona haya pensado en mí, sea cual sea el regalo (la única excepción sería un disco de Arjona o de Marc Anthony.) No pensaré en el valor monetario de ese regalo, sino en lo bien que me sienta a través de ese presente, ya sea una experiencia o un objeto. Yo, por mi situación económica, no puedo regalar otra cosa que letras y coquito. Probablemente, para alguien que espera un Pandora o una comida en un restaurante lujoso, eso no sirva para nada. Sin embargo, todo regalo que yo hago lo hago con todo mi corazón y ya les dije, no acostumbro en regalar en fechas. Si tomé el tiempo y el esfuerzo de hacerte un regalo, significa que eres un ser que estás en mi pensamiento y eres una persona que valoro. Probablemente, lo mismo suceda con tu familiar, amigo, pareja que optó por regalarte un día entre las montañas o esa “tarjeta prepagada” que te parece tan tediosa en vez de aquella prenda que morías por tener o un electrónico.

A falta de regalo para mi mejor amigo… le regalo esto

Últimamente me he caracterizado por escribir cosas que aluden directamente a mis sentimientos y no tanto al habitual sarcasmo que profeso. Hoy escribo porque como no tengo una cantidad de dinero lo suficientemente decente para comprar un buen regalo y hasta esta entonces, lo único que se me ha ocurrido es regalarle mis letras y el coquito navideño que hago a mi mejor amigo. Además, creo que es un compromiso hablar maravillas de él, porque es más lo que peleamos públicamente por ser diametralmente opuestos en muchos aspectos, aunque en las cosas básicas creo que coincidimos bastante. Christian, el amigo que llegó a mi vida del modo, no diría menos común porque hacer amistades en un ambiente de trabajo creo que es natural, pero sí irrumpió en mi vida desde el primer momento y hasta entonces ha sido una de las personas claves que oigo cada vez que tengo un invento. Es el amigo que más he dividido y le he complicado la mente por mis jodidas posturas, por mi habitual pesimismo y por otras pasiones de las que ya ni vale la pena hablar. La distancia física nunca ha sido un impedimento, y pues, a pesar de ello siempre hemos estado el uno para el otro. Mucho más allá de lo que le pueda molestar mi radicalismo o mi excesiva nube negra, a la larga, como el positivista (no sé si a nivel científico del término) que es termina por comprenderme e ignorar mis rabietas para hacerme ver que entre los tonos de grises en los que veo la vida, hay un crisol lleno de colores.

Por esas y por muchas otras cosas más, hoy no me queda más que decirte que espero que estos 25 años que llegan hoy a tu vida sean los más provechosos de toda tu vida (aunque ya nos consta que todo pinta bien.) Espero que todos los proyectos que tienes en tu futuro inmediato salgan tal y cuál parece que serán. Me consta que tienes una gran mujer a tu lado y una familia maravillosa que en ningún momento te han dejado de apoyar. Además, y no menos importante, tienes grandes amigos que siempre estaremos para ti, aún cuando no tengamos mucho que ofrecer, como me sucede a mí en este instante. Todas las experiencias que he vivido contigo en estos casi 5 años que te conozco han sido de las mejores de mi vida y a pesar de mi poca fe, estoy sumamente agradecida de que en mi vida exista un amigo como tú. Feliz día, y ojalá y que este año nos traiga muchos momentos que compartir juntos, momentos que sobre todo, serán de los más maravillosos de tu vida. Gracias por ser mi amigo, carajo.

Ay siiii, que te quiero con todo este corazón medio podrío…

Chris y yo… en el año de las guacaras

De forma redonda… a intentar convertirme en un reloj de arena

Otra vez vuelvo a molestarlos con asuntos de gran peso, como el mío. No sé si he llegado al punto en que mi cuerpo no aguanta más o si ya a mis ojos no les gusta nada lo que ven frente al espejo sin ropa o con ella. Creo que quizás me harté del friendzone, al que tomando en cuenta cuán visual es el sexo masculino (claro, no tienen ningún otro sentido muy agudizado excepto ese), es muy posible que mi redondez haya contribuído a que sucediera muchas veces. Decidí hace dos días que quiero convertirme de ballena a sirena, aunque dudo que deje de ser del todo ballena. Las sirenas se vuelven burbujas como le paso a la de Anderssen y las ballenas son fuertes e inteligentes. Por eso lo de sirena debe ser solo en sentido figurado.

Tengo varias motivaciones reales (no esa del friendzone) que me hacen tomar este paso. Una de ellas lo es el traje negro que me mira todos los días y me susurra al oído “sabes que iré contigo a la boda de Christian, gorda cabrona” y el traje de baño verde que traje de Suecia. Confieso que evito ir a la playa para enseñar mi cuerpo. Cuando pueda lucir eso, diré “puñeta por fin”.  La otra gran motivación es que ya que tomé la decisión de ir a Corea, hay ciertas cosas de las que debo estar consciente. Corea del Sur es un país con unos cánones con respecto a la belleza bastante estrictos y raros para los occidentales. Debido a su dieta y actividad física, debe ser muy poca la obesidad que existe allá. No debo llegar a un lugar nuevo, en el que ya soy un ente raro, siendo un ente más raro aún. Creo que la mejor manera de lograr esto es intentando quitarme un gran peso de mi cuerpo. Por más que consiga rebajar dentro de la cultura coreana tendré demasiadas “curvas”. Esta debería ser mi primera motivación todo momento.
Como les dije anteriormente, he fracasado en todas mis dietas por falta de consistencia. He hecho una reflexión sobre mi vida, y dos de las cosas que más he querido hacer sin resultado positivo quizás sean perder peso y escribir un libro. En el momento en el que estoy a punto de terminar mi primer libro, tiene que ser la mejor ocasión para consegur ambas a la vez. Dos cosas por las que he procrastinado y han habido momentos en los que creo que no es posible, ¿qué dos cosas podían tener tanto en común en mi vida que esas? Creo que por eso debería llevarlas a cabo a la par.
He decidido que documentaré mi proceso de perder peso como he ido documentando mi antología. No quiero terminar escribiendo un libro de autoayuda para bajar peso. Creo que es bastante obvia mi opinión en general sobre los libros de autoayuda. Quiero convertir mi experiencia en literatura. No quiero hacer el aburrido “Bajé 3 libras. Corrí 4 millas. Vamos que tú también puedes.” No, lo que quiero hacer es esto que acabo de demostrarles en este post. Comparar esto con la Sirenita de Anderssen, o con la forma en la que está escrita Rayuela, porque no hay una manera totalmente ortodoxa para bajar de peso, sino pasos básicos que se toman del modo que más le convengan a quien lo intenta. Esto es lo que intentaré brindarles en mi diario, más que  un resumen del workout en el gimnasio, un cuento de mi batalla campal con los gigantes, que resultaron ser simples molinos. 
Espero que esto le tenga algo de sentido a algún lector, a mí, como escritora que tiene que hacer dos cosas en su vida y que descubrió que lo mejor que debe hacer es complementarlas, creo que me resultará.