Ocofobia

Conocida como el miedo irracional a los vehículos y lo que lo relacionan, es una fobia, donde las personas tienen la sensación de nervios, miedo o pánico al subirse o ver aproximarse un coche.

De acuerdo a especialistas, las personas que padecen esta fobia tienen miedo a subirse a un coche ya que piensan que van a morir en un accidente vial, y al mínimo exceso de velocidad se alarman y comienzan a sufrir episodios de estrés y pánico irrazonable.

Curiosamente, el 9 de diciembre se cumplen 10 años desde que tengo licencia de conducir, o como preferiría decirle en estos instantes, licencia para matar. En aquella entonces, tener una licencia de conducir para mí representaba sinónimo de libertad. Qué curioso que ahora solo represente una tarjeta de identificación ya que constituye un permiso para hacer algo que ya no tengo valor de volver a hacer en mi vida.

Chocar para mí, hasta de la manera más simple siempre fue una experiencia traumática. Lágrimas, miedo, escuchar a mami y a papi hablar de mi falta de carácter, igual que lo hacen ahora, con la sencilla diferencia que para aquellos tiempos todos los huesos de mi nariz estaban enteros y no daban constantes dolores abdominales.
Si existe una persona a la que admiro en este mundo, esa es Paola Díaz Negrón. Primero que todo, y aunque hace mucho no la veo por distintas razones, es una gran amiga y estar a su lado siempre me brinda una fuerza y una alegría increíble. Admiro la valentía con la que se ha sobrepuesto de sus obstáculos, y al final, creo que en el fondo quisiera ser como ella. Pero no sé si soy tan fuerte como mi gran amiga.

Probablemente Mami y Papi siempre tuvieron razón, me falta carácter y por eso mi estabilidad se quebró del mismo modo que mi nariz. Ya no me siento segura casi en ningún lugar, me produce más ansiedad de la usual las multitudes y además, no sé si alguna vez seré capaz de montarme en un auto sin que me tiemblen las rodillas.

Recuerdo lo que escribía Paola de su accidente y me siento mierda ante todo. El ruido espeluznante, el no tener una imagen clara excepto el ruido y el olor del momento. El no saber de repente si estás viva o muerta, el instinto de querer salir corriendo porque piensas que el carro va a explotar contigo adentro. El darte cuenta que, gracias al cinturón sigues con vida, pero te lastimó el área abdominal para siempre y que no puedes correr del todo. La nariz hinchada y respirar con dificultad. El miedo. Sobre todo el miedo.

No me quiero comparar. Toco madera porque respiro y camino. Toco madera porque puedo contarlo. Pero el miedo sigue aquí. El pánico duele. Nunca lo supe hasta que lo sentí tan de cerca. No sé si son ideas mías, pero cuando esa sensación se apodera de mí todo se paraliza y duele. Todas las articulaciones duelen.

No sé si exista algún estudio que explique que experiencias traumáticas con cosas que de por sí, en tu sano juicio, no te agradaban tengan estos efectos. Siempre odié conducir, excepto cuando tenía 16 años y me hacía sentir independiente. En esa etapa de los 18-21 descubrí que hay amigos que solo lo son porque tienes carro para salir. A los 21 viviendo en Miami me di cuenta de lo triste que es la vida en las ciudades donde se necesita un carro. Digamos que desde entonces hasta ahora eso lo he tenido claro, pero la creencia popular es que hay que arriesgarse a morir porque acá es necesario manejar. 

Esto se aclara mucho más cuando descubro las ciudades que la vida es vida a pesar de un carro. No hay necesidad de tener uno, se convierte en un lujo, no en una necesidad como acá. Creo que para alguien cuya herida está tan reciente, regresar de Estocolmo donde la ciudad te permite total independencia, a San Juan donde hay que moverse en carro, empeora mi situación.
Sucede que para gente que creía mis amigos o queridos soy una exagerada. Estoy segura que algunos le tienen fobia a las cucarachas o al mar, pero sin embargo, prefieren juzgarme porque tengo fobia de algo que ya me consta que me lastimó y que sobre todo, que sé que es una manera en la que no quiero morir. Debo admitir que estoy consciente que mentalmente, hay mucho que no puedo evitar.
A mí las muertes provocadas por automóviles me han tocado de cerca desde temprano. A mis 14 años, un conductor atropelló a Miguel Ángel y me privó para siempre de uno de los amigos mas fieles que he tenido en mi vida. Tan reciente como este año, otro me privó de una mujer tan maravillosa y gentil como lo fue Ivania. No quiero que mañana me prive de otro conocido. No quiero ser la próxima.
Lo más absurdo que se me hace es que la gente insista en “pues, hay que bregar” ¡pues no! No me da la gana de seguir bregando con inconscientes que no entienden que su medio de transportación es un arma letal. No me da la gana de seguir aguantando cortes de pastelillos, cambios de carril indebidos, comías de luces premeditadas. No me da la gana de vivir en un lugar donde ir montado en tu auto te hace creer que tienes el derecho de menospreciar al ciclista, al peatón y al gato y al perro que por tu propia falta de empatía son parte de la sobrepoblación. No me da la gana de vivir esta mierda.

Lamento informarles que mis propios miedos son un excelente propulsor para perseguir metas que me he trazado desde temprano en mi vida. Sé que de algo tan oscuro como vivir rodeada de temores, finalmente voy a lograr cambiar el crisol de las cosas, allá, donde las calles son de todos, todos valemos lo mismo, no se vive el menosprecio de aquel que está al volante y los accidentes, son realmente eso y no absurdos de un conductor inconsciente. ¡Ojalá y algún día aprendas a compartir la carretera Puerto Rico!

Camaleones y clavadistas: Decisiones radicales en la vida

Hace un año, para estas mismas fechas ya tenía todos mis documentos listos y todos los días enviaba un e-mail nuevo o tenía alguna entrevista. Estaba totalmente segura que mi destino sería Corea del Sur. Así pasé semanas y semanas buscando una escuela que me aceptase, pero todas respondían lo mismo: “you’re an US citizen, but your education was not in English so I can’t accept you”. Cada día la posibilidad de ir a Corea se iba alejando más y más y así yo me aferraba más a ella.

Cuando Corea no me aceptó por no ser suficientemente gringa dejé de preocuparme por el país. Alemania, Turquía, Rusia, Georgia, Tailandia, Bulgaria, Grecia, que más daba, quería trabajar fuera de Puerto Rico. De todas partes, obtenía la misma negativa pero mientras más me halaba los pelos, más me iba sembrando en Puerto Rico. 

De repente, y no sé ni como, me llaman para una entrevista. Fue la entrevista que me encargué de hacer lo peor posible en mi vida porque yo no me podía quedar en Puerto Rico. Fue la peor porque fue el mismo 11 de junio, día de la graduación de la iupi, día en el que hubiese preferido hacer un shooting en la playa con mi medalla Magna Cum Laude. Simplemente, fue la peor porque yo me encargué de que lo fuera, y aún así me ofrecieron el trabajo.

Recuerdo que los primeros días lloraba como infeliz. Lloraba por miedo: ese miedo que da ser el primero en casi todas tus clases y que la vida te premie con algo que no quisieras hacer. Mientras tanto, aquellos compañeros con los que me sentaba a estudiar y no captaban nada se empezaban a ir del país. Portugal, Brasil, Inglaterra, España, maestrías, trabajos y yo sembrá como una yautía en el terruño. Ahí comprendí el primer detalle mierda de la vida después de la universidad: ser el mejor de tu clase y tener las recomendaciones de tus profesores, no necesariamente te garantizan el éxito en tu futuro. Mierda.

Lloraba también por algo simple: yo no pasé 7 años, un cambio de concentración, un intercambio y terminar finalmente dos concentraciones en el bachillerato para que la gente viniera a pelearme por cosas que no había hecho. Me había preparado para traducir, para leer entre las líneas, para investigar, para ser ponente, para pasar la vida metida en bibliotecas, para ser académica. No me había preparado para resolverle problemas a la gente. Para mí fue difícil tener que aceptar que esa era mi realidad.

Al final, comprendí que a veces hay que ser como el camaleón y cambiar su color según el fondo en el que se está y así lo conseguí. Poco a poco pude sentirme en mi piel, aún y fuera mi misma piel en otros colores. Así poco a poco me fui soltando, perdiendo el miedo a lo que hacía, pero si hay algo que no existe en esta vida es el comfort zone.

Hace algunos meses al camaleón no le sienta ningún color al que se puede transformar. Una de las cosas de las que más padecen los camaleones es de estrés, ese estrés que los lleva a transformar su color para que su presa no lo atrape, esa constante alerta, lo va matando poco a poco. Así me he sentido ultimamente, y al igual que el camaleón, opté por tirar la toalla.

Probablemente es que en realidad no soy un camaleón, sino otra especie haciendo las veces de camaleón, y por eso, ahora toca vestirse en otra piel. Quizás soy una especie de clavadista mortal que se tira de la plataforma aún cuando no hay agua, porque sigue teniendo fe que las grandes situaciones de la vida brindan buenos resultados.

Hoy no quiero las mismas cosas que hace un año. No busco un puesto en Corea, sino que quiero ser una emprendedora en el mismo lugar dónde estoy. Quiero poner todas mis ideas en su lugar e ir paso a paso conquistando cada una de las cosas que me he propuesto.

El futuro es incierto, pero quitarse la piel de camaleón es un gran alivio. Ya tocará vestirse pronto en otra piel.

Cronología de mi vida según mis tobillos

Probablemente, antes de nacer cuando aún era una criatura del firmamento, decidieron que la mayor parte de mi vida debería estar mucho más cerca del suelo que del cielo. Sabían que la fuerza de gravedad sería su mejor aliado pero aún así, por alguna parte me tatuaron eso cosa de que mi cuerpo no lo olvidaba. Probablemente fue justo en mis tobillos. Al pobre de Aquiles lo jodieron por el talón, a mí, por lo visto, decidieron joderme por el tobillo.

La primera vez que me lastimé un tobillo tendría algunos cinco años. Recuerdo como hoy que estaba jugando en los columpios de la escuela cuando caí desde lo alto de la chorrera hasta el piso sin paracaídas. Aquello dolió bastante y fue así como tuve mi primer encuentro con mi amigo el yeso. Recuerdo que para aquella entonces mi madre me llevaba a todas partes en el coche porque, claro, a los cinco años aún cabía, aunque ya yo fuera “una nena grande para eso”. Nunca supe que ese episodio era el preludio del resto de mi vida.

Pasaron como cinco o seis años cuando me volví a lastimar. No caigo en cuenta si fue jugando voleibol o jugando con las ramas. No sé si fue el tobillo izquierdo o si fue el derecho pero si recuerdo una vez que me sucedió hace exactamente 13 años. Me caí jugando voleibol y se acabó mi temporada en ese instante. Esa vez fue el pie derecho. Recuerdo que me reencontré otra vez con mi amigo el yeso pero esa vez fue mucho más divertido: era un yeso rojo que se podía mojar. Lo único aburrido era que nadie lo podía escribir. Estuve como tres semanas con ese yeso colorado. Recuerdo que hasta tenía una bota y así iba a la escuela. Recuerdo tanto ese yeso porque mi mamá y yo, el día antes de irme de gira a las Cuevas de Camuy, arrancamos ese yeso con cuanta herramienta encontramos en la casa. Estaba en séptimo grado, era inconcebible y todo un bochorno ir a una gira con un yeso, y sobre todo, lidiar con el bullying.

Así han venido muchas otras caídas y tobillos doblados: jugando fútbol, saliendo de la biblioteca de Saint Francis, caminando en Crocs en un Martes de Galería hasta llegar a las más recientes: de mis pies haciendo ejercicios en mi cuarto, bajándome del Ferry al llegar a San Juan y ahora, hace 2 días, montándome en el carro de mi mamá.

Hoy me puse a hablar de mis fabulosas y tan mentadas caídas con una amiga, me preguntó que si me había caído mientras viajaba. La realidad es que tengo (algo de) conciencia de que me he caído dos veces mientras viajo: una vez fue en Gotemburgo, Suecia y la realidad es que no la recuerdo. Solo sé que me levanté de la cama de mi hostal y tenía una herida en la rodilla. La segunda vez fue hace algunos meses cambiando de metro en París. Eran las ansias de ver la ciudad, iba subiendo unas escaleras y otra vez caí de rodilla. Definitivamente el suelo me adora.

Conversando con mi amiga entendí una cosa: Ese tatuaje en mis tobillos podría ser también una muestra de que debo de estar más cerca del suelo que me vio nacer. Eso es una manera bastante patriótica de verlo pues, los tobillos solo se me doblan en esta tierra. En las demás, me arrodillo como el Papa Juan Pablo II cuando llegaba a un destino nuevo (aunque el chiste era porque el avión de Alitalia no se estrelló).

También lo puedo ver desde una perspectiva algo antipatriótica: la tierra que me vio nacer me odia tanto que quiere verme jodida. Quizás eso no sea tan antipatriótico y es que en realidad la tierra nos jode a todos. Pero que más da.

Hace un día me reencontré con mi inseparable amigo el yeso. Hacía tiempo que no tenía que verlo pues, ya se había hecho una costumbre eso de doblarme el tobillo y ya tenía un ritual de como tratarlos: me ponía hielo tan pronto sucedía, bengay antes de dormir y una tobillera para andar por la vida. Esta vez no fue así, y pensar que ni tan siquiera me caí. El tobillo no pudo ser más fuerte que el hoyo en el que lo firmé. Otra vez se me jodió el ligamento, igual que me dijo el doctor cuando tenía 12 años.

Llevo 20 años de mi vida saboreando las consecuencias de la marca con la que me sentenciaron desde antes de nacer. Imaginen si estar cerca del suelo es mi vestigio que por algo es que mido 5′. Probablemente, de aquí a muchos años, ya la gente no hablará de sus debilidades haciendo referencia al “talón de Áquiles”. Aspiro a que después de mi muerte la gente hable de sus debilidades y diga “mi tobillo de Brenda es…”.

Odio los martes

Ustedes disculpen, justamente hoy tenía pautado escribir en Traveleira un artículo sobre los accesorios de viaje aue no te deben fallar. La realidad es que, a pocas horas de partir a Baku no tengo ganas de pensar en eso. No todos perdemos a un ser querido a 24 horas de montarnos en un avión. Eso fue justo lo que me ha sucedido hoy.

Niní llegó a mi vida hace dos años. Nació donde nacen la mayoría de los gatos: en la calle. Yo me enamoré a primera vista de ella pues, estaba segura que compartía genética con mis otras tres. Así, chiquita como estaba en la calle me dijeron que un gatito de esa camada color gris había muerto. Lloré toda la noche creyendo que ese gatito era ella. Que pronto me tocó llorarla por segunda vez.

Cuando vi a Niní viva fui la persona más feliz del mundo. Desde ese momento no nos volvimos a separar. Fue la única de mis gatas que, hasta ahora, me dio la dicha de ser abuela. Me hizo feliz aunque, me tocó llorar la muerte de uno de mis nietos, que se murió justo en mi mano. Así pasaron muchas cosas pero, en lo que siempre se distinguía era en que siempre le brillaban los ojotes inmensos que tenía cada vez que me veía. Ella era mía y de más nadie.

Hace unos meses su salud comenzó a decaer. Se puso flaquita, yo la verdad nunca entendí que fue. Así pasaron los meses y ella, con todo y que “no estaba bien” (yo no lo sabía, no me había percatado o quizás, ella nunca me lo mostró) siempre estaba detrás de mí, salía del rincón dónde estuviera cuando oía mi voz. Se sentaba conmigo en el mueble por las noches, hasta anoche.

Hoy, así porque sí, Niní decidió dejarme aquí, sin su cariño, de sorpresa. Eso me duele más que la emoción que puedo tener de viajar mañana. Me duele más que todo.

Le he empezado a tomar odio a los martes. Tribilín me dejó un martes, el peor martes del mundo: el día de las elecciones del 2012. Hay una diferencia crasa entre ese martes y este: en aquella ocasión, lo mandé todo a la mierda porque parte de mi mundo se había jodido. Este martes, todo tenía que continuar porque mañana toca viajar. Por suerte, me libero de una casa llena de su ausencia. De extrañar a mi compañera hasta en la hora de bañarme. Sigo teniendo otras 6 gatas que me llenan de su particular cariño, pero el detalle es que cada una es irremplazable y el espacio que hoy me dejó Niní, es un hueco sumamente hondo que no habrá manera de llenar.

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Crónica sobre una vejez prematura

Ya yo estoy vieja para estos jangueos. Yo necesito irme a dormir después de un día tan pesado.

 

Esas palabras las he exteriorizado últimamente mucho más de lo usual. Ya no sé si fue haberme graduado del bachillerato lo que hizo que de repente mi espíritu envejeciera algún par de años, o tal vez mi adultez fallida me ha hecho una muy mala jugada. La realidad es que no soy la misma de hace seis o siete años atrás. Me estreso facilmente y mi cuerpo lo manifiesta de demasiadas maneras. Lo único que me hace feliz son algunas lecturas, (que también se han hecho sumamente esporádicas desde que llegó la vida 8-5) los happy hours (porque siempre son antes de las 9pm) y pensar en el destino al que viajaré pronto, porque mi vida sin estar planificando viajes no tiene mucho sentido.

Como ya les adelanté, los estragos de la vida 8-5 no son fáciles. Hace un año, si me hubieran dicho que mi vida consistiría en estar detrás de un cubículo probablemente hubiese comenzado un bachillerato nuevo para no tener que llegar a la adultez de esta manera. Hace un año me veía un día como hoy haciendo maestría o dando clases de inglés en Corea. Fue por ello que llegar a mi trabajo actual representó al principio un trauma para mí. Pasé la mayor parte del verano buscando un trabajo en el extranjero. Así tuve entrevistas vía skype para irme a Estambul, Moscú, Alemania, Francia y hasta fui víctima de un job scam. No hay un feeling peor que el de sentirse “timado” con una oportunidad de trabajo. Que jodan con tu ilusión de comerte el mundo. Justo cuando fui víctima de ese “job scam” apareció mi trabajo actual. En vez de sentirme feliz porque estaba pasando a la fuerza laboral de mi país, me sentí atrapada porque estaba pasando algo que yo nunca pensé que sucedería: Estaba en Puerto Rico justo después de la fecha que me había puesto de deadline para salir. Era chocante y la mayoría de la gente no me entendía. Solo me decían “al menos tienes trabajo” y pues, dado a la realidad en la que vivimos en esta isla, comprendo de donde viene ese pensamiento. Resulta que es malo no ser conformista y querer ir más allá.

Es malo que me moleste el hecho de que “al menos tengo trabajo” y no me malinterpreten, agradezco el trabajo que tengo y todos los días aprendo un poco más, pero no tiene demasiado que ver con lo que en realidad me apasiona. Yo quiero recuperar aquello que me apasiona y que, dentro de esta vejez que me está consumiendo se ha perdido. Las charlas con amigos a las 3pm entre cervezas y vellonera, los días de sentarme a escribir mientras me bajaba una botella de chichaíto, las lecturas en cualquier lugar, a cualquier hora, sin ningún estrés. Todo eso murió en el momento en el que me convertí en la empleada de oficina que nunca quise ser.

No estoy totalmente segura sobre cuanto tiene que ver el haberme convertido en lo que soy hoy en este ser algo amargado, achacoso que para poder salir de noche debe dormir el día entero pero sé que existe alguna relación. Anhelo volver a ser un ser libre, o ser precisamente el ser libre que añoraba ser en mis años de universidad. Nada en la vida me produce más satisfacción como hacer research. Creo que mis técnicas tanto de escribir para la academia como de investigar para mi escrito de repente se han hecho caducas. Necesito volver a eso. Añoro tantísimo que la musa se encontrara escondida entre par de cervezas y que escribir algo como esto no fuera tan sistemático como lo es hoy.

Sé que lo que van a decir es “sé es joven de espíritu”, “es cuestión de actitud” o “apenas tienes 25 años” pero señores, tanto la edad como la actitud me comienzan a aplastar. Todos los días amanezco sumamente positiva aunque venga a la oficina a escuchar gente pelear. Amanezco positiva aún cuando no voy a hablar de teorías literarias, ni de lo maravillosas que son las calles de Estocolmo o Copenhague. Amanezco positiva porque aún el pensamiento que tengo es que esta vida, que me hace sentir más vieja de lo que me siento incluso cuando me monto en un avión, es precisamente mi pasaporte a una vida mejor. No sé si será hoy o mañana, pero estoy convencida que aunque, las arrugas y el espíritu se me estén cayendo en canto voy a sentirme finalmente feliz con lo que haré a diario. Aunque me cueste la juventud.

Crónica de una muerte [deportiva] anunciada

Disclaimer: Esto fue escrito desde la óptica de una fanática frustrada. Si algún jugador, dirigente, miembro de cuerpo técnico, etc se sintiese ofendido, tenga por seguro que esa nunca fue la intención de este escrito, sino pura solidaridad con ustedes.

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En esta isla de repente parece como si todo muriera poco a poco. Es como si estuvieramos pasando la peste del insomnia de Macondo y uno de sus síntomas más profundos: el olvido. Podría ser una imagen algo profunda para muchos, pero no se aleja de lo que está pasando en esta isla amenazada por la chikungunya, la violencia y el poco deseo de unos cuantos de mantener o mejorar lo que se tiene.

Ayer fue el baseball, antes de ayer fueron espacios culturales, hoy es el voleibol superior masculino el que sufre de la peste del insomnio. No estaría segura si llamarlo insmnio o sueño colectivo del cual se rehúsan a despertar aún cuando ya se cae en el abismo. Señoras y señores: lo que hace cinco años parecía algo “no tan grave” hoy se ha convertido en algo terrible.

Quien me conoce sabe que el voleibol es parte fundamental de mi vida. Desde el primer momento en que toqué un balón a mis 8 años jugando en el colegio y en Gigantes hasta la última vez que lo hice hace cuatro años siempre he estado ligada a él. Tanto como groupie, como jugadora, o como persona que simplemente no puede pasar más de seis meses sin pisar una cancha porque siente que le falta algo. Así es mi relación con el voleibol.

Aunque por situaciones bastante obvias ya no juego, el voleibol no ha salido de mí y es parte de mi vida social, emocional y hasta de mi precaria literatura. Es por ello que hoy siento la obligación de dedicarle este post, así como muchos otros que ya le he dedicado.

Además de las noticias emocionantes que nos encontramos en los periódicos del país todos los días referentes a epidemias y masacres, aparece el titular “Peligra la franquicia de los Capitanes”. Imagínense cuán importante es la noticia para el resto del país y para Arecibo que entras a los comentarios del periódico y la gente está hablando de David Huertas sin darse cuenta que la noticia se refiere a la franquicia de voleibol. Franquicia que probablemente ni la mitad de los arecibeños sabe que existe. Hablamos del equipo que en estos momentos juega en el coliseo más majestuoso de toda la liga y solo lleva 69 fanáticos pagos a la cancha. ¿Eso ya da ganas de llorar no? Sobre todo cuando hablamos de un equipo que en su dos primeras temporadas tiene un campeonato y un subcampeonato.

Probablemente, algunos datos que presente aquí para ir en retrospectiva al momento en el que “la crisis comenzó” serían suficientes como para que la Federación Puertorriqueña de Voleibol me nombrara su historiadora (al menos de los últimos 10 años), pero precisamente, hablamos de una federación que, por lo visto, no se ha dado cuenta de que está agonizando. Ustedes disculpen que enfatice más en el voleibol masculino, probablemente porque lo conozco mejor. Siempre he admitido que dejé de seguir el femenino cuando de repente las jugadoras eran mis contemporáneas, las que estaban sentadas al lado mío en las clases y el factor “cuando sea grande quiero ser como…” dejó de existir.

Hace 13 años, cuando era una adolescente que pasaba los viernes y los sábados en tennis y rodilleras y por lo menos 3 días de la semana más practicando, mi otro hobby además de ese era ir a la cancha y seguir consumiendo voleibol, ya fuese Superior Femenino o Superior Masculino. Así presencié el primer campeonato de las Gigantes en el 2003 de la mano de Kristee Porter y Yarleen Santiago. Recuerdo la primera vez que vi a Jose Rivera jugar con los Playeros de San Juan, cuando aún Keno Gándara seguía activo en la liga y recuerdo como le aguaron la fiesta a Moca en los cruces de esa temporada 2003 y terminaron llegando a la final contra Naranjito, que naturalmente ganó el campeonato. Recuerdo todos y cada uno de los últimos 5 campeonatos de los Changos y contra quien jugaron esas finales: San Juan (2003), Corozal (2004), San Sebastián (2005), Adjuntas (2006), Corozal(2007). Diría que hasta recuerdo de qué color Vitito se pinto el pelo en cada final, pero no, sería exagerar demasiado.

Soy una criatura de la cancha desde el 2002. He visto lesiones, apagones, peleas, bofetás, lágrimas entre otras cosas en las canchas de voleibol de mi país. Una de las cosas más importantes que ví y viví fue la llegada de los refuerzos internacionales. Nuestro voleibol superior masculino vio en canchas tan de pueblos como la Gelito Ortega de Naranjito, la Carmen Zoraida Figueroa de Corozal o la Rafael Llul de Adjuntas a hombres importantes en el voleibol mundial como Marcos Milinkovic, Wous Wijsman, Jorge Elgueta, Scott Touzinsky, Brook Billings, Gerardo Ivan Contreras y David McKienzie. No se crean que estoy queriendo ignorar el hecho de que Clayton Stanley jugó en nuestra liga (y guille aparte, fue GIGANTE!), sino que quería detenerme en el hecho de que aún recuerdo aquella noche de finales de mayo de 2005, el día que debutó en la liga. Fue en la cancha Pedrín Zorrilla de San Juan e hizo 42 puntos en 5 sets. No sé como lo vean muchos de ustedes, pero empezando por el hecho de que esto sucedió en una de las canchas más bochornosas de nuestro país, me llena aún de más orgullo cuando pienso en lo grande que era nuestra liga. Pero esos días ya pasaron.

¿Que nos queda hoy? Una liga de seis equipos, repleta de grandes nombres, personas que pudieran representarnos en la selección nacional, siendo agentes libres. Deudas inmensas, franquicias nuevas y de antaño recesando y retornando. Todo un caos. Todos nos preguntamos, ¿qué fue lo que pasó? ¿por qué ya la gente no llena el Clemente en una final como hace 10 años? ¿por qué ya nuestra liga no es atractiva ni para nosotros mismos? ¿QUE COÑOS PASO AQUI? Honestamente, ni yo con todos los datos que he mencionado hasta ahora entiendo que realmente sucedió.

Hace 10 años, cuando veía la cantidad de jugadores que pisaban nuestra liga pensaba que para estos tiempos al menos íbamos a poder competir con la liga de Brasil. Que ilusa fui. Si pudiera establecer una fecha en la que “esto se empezó a joder” fue precisamente en el momento en que los Changos de siempre dejaron de serlo. De repente se fue Ossie Antonety pero a nadie le preocupó en ese momento. Dos años más tarde se fue Feñito y ahí empezó la alerta. Ahí se le sumaron de repente Vitito, Angel Pérez y los Changos que tenían un espíritu cabrón y por eso eran el equipo campeón desaparecieron hasta que llegó este año y llegó la temida dispensa. Y la dispensa de sus archirivales Plataneros. Y nadie lo veía venir del todo. Después de la desintegración de los Changos, comenzaron las temporadas donde todos eran nativos. Me atrevería a decir que la última temporada “pseudo-exitosa” fue la del 2011-2012: El año del debut de los Cariduros que se lo llevaron todo y una semifinal entre Lares y Corozal que llenó el séptimo juego en la Mario Quijote Morales. La desintegración de los Changos trajo consigo un fenómeno bastante peculiar que terminó “rompiendo corillo”: las franquicias de menos de 10 años de instituídas (o debutantes) ganando campeonatos. Así tuvimos a Carolina, a Fajardo, a Arecibo y finalmente, a Guaynabo el año pasado. ¿Que tienen en común estos cuatro equipos? Que cuentan con una fanaticada reducida comparada a la de los equipos de la montaña, y ni la liga ni los apoderados han logrado que estos equipos le lleguen al corazón del fanático.

¿Qué es lo que hay que hacer para lograr eso? Estoy segura que lo primordial sería INVERTIR. Invertir un capital que no existe. Invertir en volver a restaurar la reputación de la liga. Invertir en que los juegos sean accesibles para todos desde la televisión, porque de la única manera que animas a la gente a llegar a una cancha. Invertir en que los jugadores sean más accesibles a las nuevas generaciones: campamentos, clínicas, meetups. ¿Saben porque hasta hoy sigo en la cancha? Porque cuando tenía edad de esponja tuve la oportunidad de disfrutar de todos esos recursos y finalmente, logré que toda mi familia fuera a la cancha. Asumo que lo mismo podría suceder con nuestros jóvenes. ¿Será que todo lo que hay que invertir es dinero o hay cosas más sencillas que no se están haciendo?

Todo esto lo escribo desde la frustración y el miedo: la frustración de que nada es como antes, y el miedo de que esto muera. Ojalá y que, algún día, en algún momento, tomen en cuenta las palabras y los reclamos de los fanáticos. Mediante este escrito intento hacerme eco de muchas cosas. Ojalá funcione.

I don’t live where you vacation, but meanwhile I will make the most of it.

Estos últimos días lo único que he encontrado en el internet de mi adorada isla es una ola de pesimismo y optimismo extremo que para un indiferente podría resultar nauseabunda. El problema dentro de mi “indiferencia selectiva” no es exactamente que la gente decida ponerse a un lado de la balanza, sino lo absurdo que es ver a ambos lados enfrentados, o queriendo anular lo que dice el otro. Quizás para muchos hoy yo vengo a anular a ambos, y quiero ser honesta: a mí me da igual la rabia que sienten los unos por los otros. Mi rabia es en sí con los dos y de manera proporcional.

Primero, hacer unos días salió a la luz alguien que por sus conexiones pudo regresar a la isla y trabajar en el Financial District. A los pesimistas esto le pareció de muy mal gusto porque ” logró regresar a Puerto Rico por sus contactos”. No tan solo eso, los pesimistas se alzaron porque el hombre había escrito que estudió en San Ignacio y que el que no había podido salir a flote en esta isla era porque no había buscado. Tiene toda la razón y a la misma vez, como lo despedazaron los pesimistas, no la tiene. Es totalmente cierto que no comparto la realidad de este hombre. Es totalmente cierto también que yo no he salido a flote en esta isla porque no he buscado opciones. Lo que no entiendo es porqué hay que despedazar a alguien por amar a su isla a su manera. He profesado todas las ideologías de izquierda durante toda mi vida adulta (probablemente por este escrito unos me tilden de melona y el otro extramo me tilde de socialista y yo nuevamente les digo: no me puede importar menos) y en el caso, tanto de la derecha, como de la izquierda el extreme me ha resultado asqueroso. Todos en la vida tenemos un talento y una serie de oportunidades. Yo no estudié en San Ignacio, pero si tuve la oportunidad de ir a un colegio bilingüe que, no tan solo me sacó un espíritu bilingüe, sino en el que también tuve la oportunidad de descubrir a la políglota en mí. Otros, lamentablemente, han tenido menos oportunidades de las que tuve yo y el caballero de San Ignacio, pero en los tres escenarios aplica una de las frases que mejor me ha movido en la vida: la necesidad es la madre de la iniciativa. En todos los escenarios, con las oportunidades que tenemos, la iniciativa ha de ser lo que nos caracterice.

Segundo, ahora toca hablar de los pesimistas. Estos han escrito un artículo bastante vomitivo en el que lo único que hacen es quejarse, quejarse y quejarse sin presenter ninguna solución. Estoy totalmente de acuerdo con el punchline que usan, porque si hay una frase que detesto es esa de “I live where you vacation” porque no, yo vivo en Barrio Obrero, la gente vacaciona en Isla Verde. Si bien es cierto que mi realidad no es la misma del hombre anterior, tampoco la aplasto como lo hacen ellos en su articulito. Pretenden decir que porque el hombre es de San Ignacio, su experiencia está anulada y el hecho de que haya regresado a Puerto Rico es solo dado al hecho de sus contactos, que el resto lo que hacemos es intentar salir a todas costas de la isla. Cierto y no es cierto al mismo tiempo. Creo que sí, somos muchos los que estamos deseando salir de la isla, igual me parece vomitivo hablar como esta gente. Yo he buscado oportunidades de salir de este país por todo el mundo, nada se me ha dado. Eso anula lo que dice el primer hombre, pero a su vez anula a los pesimistas estos. En ningún momento los pesimistas intentan buscar el porqué de lo que les sucede (aunque todos entendemos que intentan culpar “entre líneas” al gobierno), y esa es mi crítica principal contra este artículo.

¿Cuál es su punto? ¿Solo querer reducir el artículo del anterior porque comparte una realidad distinta a la suya? Yo sé que todos hemos hecho mucho por salir a flote en esta isla pero, ¿qué hicieron ustedes? ¿por qué no les funcionó? Todos sabemos que sí, el gobierno está cabrón. Mi artículo no es un intento de tirarle un toallazo a ningún politico, ya que los de este país tienen mejor vocación como payasos. Si bien es cierto que tienen mucho de responsabilidad de que la educación, los valores, las oportunidades se estén yendo por la borda pero, ¿y tú que haces para combatir eso? ¿Solamente quejarse? Si bien el gobierno tiene el deber de cuidar por el pueblo como colectivo, ¿qué es lo que estamos haciendo por el individuo? Bien es cierto que en Puerto Rico una vez te gradúas lo único que consigues es un part time a salario mínimo y probablemente no en lo que te graduaste. La vida aprieta pero no ahorca. Inventa. Si quieres salir de la isla, agárrate de la minima oportunidad para ahorrar, sobrevivir, y finalmente largarte de la isla.

Como les dije, la necesidad es la madre de la iniciativa, mientras  haces eso, ¿por qué no tomas guisos fuera de tu trabajo? A mí no me avergüenza en lo absoluto decir que mientras trabajo salario mínimo vendo Avon, “freelanceo” en lo que estudié y hago múltiples cosas para, finalmente, salir de la isla, como vender Coquito en Navidades. Aún no se me ha caído un canto por hacer esto. Bien es cierto: no tengo los contactos que el hombre de San Ignacio, pero he creado mis propias oportunidades. A lo mejor el día que salga como ese hombre, voy a querer regresar a la isla pero hay otra lección que debemos aprender: nadie, NADIE es profeta en su tierra. En esta isla la gente “se revalida” después de haber salido. Así el diminuto campo laboral comienza a respetarte. ¿Qué la criminalidad está en alza? Ojalá tuvieramos TODOS las herramientas en nuestras manos para cambiar eso.

Mientras tanto, podemos siempre servir en el tiempo que nos sobra o que tenemos como voluntarios en las escuelas, en los residenciales. Muchos de esos niños que eventualmente se convierten en criminales solo necesitaron a alguien que los escuchara, que les diera el consejo correcto en el momento correcto, ¿y si ese alguien eres tú y por estar desperdiciando el tiempo en quejarte no estás haciendo un pequeñísimo cambio? No, se lo quieres dejar todo al gobierno mientras te quejas de tu falta de oportunidades mientras otro tiene muchas menos y te quejas a su vez de que otro tiene otras oportunidades.

Yo estoy sumamente clara: I definitely don’t live where you vacation, but meanwhile I live here, I will make the most of it. Hay cosas que me revientan de esta isla, y nunca las voy a tapar, pero no voy a vivir quejándome mientras sí hay cosas que puedo hacer. La clave es uno como individuo contar con INICIATIVA para llevar a cabo las cosas que están en tus manos. Quejándome por las oportunidades que tienen otros, no voy a conseguir nada. Dejemos a los demás vivir como quieren y comencemos a hacer de nuestras vidas lo que nosotros queremos, así eventualmente lograremos esas cosas que sí queremos, como salir de la isla. Hasta ahora no conozco a nadie que haya conseguido salir de la isla simplemente por quejarse. Con eso solo consigues amargarte y más nada.

Crónica de una adultez fallida

Esta crónica probablemente sea un gran #ANadieLeImporta para muchos, pero es uno de los más sinceros desahogos que he tenido que hacer. Es muy probable que muchos recién graduados se sientan identificados y otros piensen que soy una exagerada histérica, pero esta es mi historia. Soy una Magna Cum Laude a la que esa medalla no le está sirviendo pa un carajo, como le ha pasado a muchos.
Esto debe haber comenzado desde hace unos 8 años cuando aún estaba en escuela superior. Fui la estudiante de honor que a la hora de graduarse no sabía lo que quería. Estuve toda mi escuela superior y parte de la elemental e intermedia diciendo que iría a estudiar Periodismo una vez me graduara. Por influencia de cierto ex novio —el cual no me interesa ya mencionar— comencé a dudar de mis planes. Él me dijo que nunca iba a llegar a ser la periodista que quería ser porque era un mercado saturado y comencé a replantearlo todo. Que pendeja fui. A veces me pregunto que sería de mi vida hoy si hubiese estudiado Periodismo, pero ya eso no cuenta, pasó demasiado tiempo. 
Ahí surgieron muchas interrogantes y posibilidades como estudiar Lenguas, Historia, Relaciones Internacionales, Estudios Hispánicos, Política, en fin, fui a la universidad ni siquiera sabiendo que era lo que quería ser. Así pasé dos años estudiando política e historia para darme cuenta que me había equivocado, que yo no quería eso. 
Al año siguiente me fui a la UPR Rio Piedras, aún sin realmente quererlo, a estudiar Lenguas Modernas porque siempre había sido una de las opciones. Al año de empezar ese programa, me fui de intercambio a FIU porque había sido la universidad a la que realmente quería hacer mi bachillerato, en relaciones internacionales. Haberme ido siendo una estudiante de lenguas, no puedo decir que fue un error porque no lo fue, pero si fue la muestra de que fue muy bueno no haber hecho un bachillerato en una ciudad que me deprimía. A pesar de que a nivel académico y en muchas otras cosas era buena, no era para mí. Así regresé a la iupi decidida. Ya sabía que no me convendría seguir en Miami (porque me planteé la posibilidad de transferirme) y que regresaría a la iupi a terminar ese bachillerato y a hacer una segunda concentración en Estudios Hispánicos. Pasé los últimos semestres de mi bachillerato (exceptuando el último) haciendo 18 créditos con el fin de no seguir siendo esa perdedora que estaba atrasada y poder terminar justo cuando lo hice, en diciembre 2013.
Lo otro en lo que pensaba era en mi maestría. Durante todo mi bachillerato viví obsesionada con la ilusión de hacer mi maestría en la Universidade de São Paulo, todo lo que hacía era aguardando ese momento, como tomar el CELPE BRAS (examen para medir capacidades en la lengua portuguesa). Durante el bachillerato surgieron otras opciones como la Universidad de Buenos Aires, pero la burocracia siempre pone estos sueños más difíciles de la cuenta. Cuando piensas en la posibilidad de conseguir una beca para ir a Latinoamérica resulta que no se es elegible porque Puerto Rico es Estados Unidos.
También consideré algunas universidades en Estados Unidos como NYU y otra universidad en Seattle, Washington. La realidad es que, por más que lo intente nunca he conseguido verme ahí.
En mi búsqueda de oportunidades para luego de graduarme, porque para colmo, me iba a graduar con una deuda más grande que mis 5′, estando en Noruega el verano pasado conocí a una chica que me habló de su experiencia en Corea del Sur y del dinero que había hecho como maestra de inglés y me animó. Así que desde agosto del año pasado comencé a buscar información y hacer todo lo que tenía que hacer para poder conseguir irme a Corea.
Exactamente hoy, dos de mis solicitudes para estudiar en Corea han sido denegadas por no ser lo suficientemente gringa y porque “my education was not in English”. Sabrán la terrible frustración en la que me encuentro.
No puedo solicitar una beca para ir a alguna de las universidades de mis sueños porque “no soy lo suficientemente latina” pero tampoco puedo utilizar mi condición de ciudadana de los EEUU porque “my education was not in English”. Perdonen mi francés pero, ¿Qué coños es lo que se supone que haga? ¿Que me conforme con las migajas que aparezcan? ¿Que renuncie a mis sueños porque parecen no ser alcanzables como dirían algunos familiares y amigos escépticos? Pues me rehuso a abandonarlos, mucho más cuando uno conoce estudiantes y profesores cuyas historias de vida incluyen cosas bastante parecidas a las que anhelo. ¿Por no tener ni un peso en el bolsillo hoy tengo que renunciar a querer ser una catedrática y diseñar currículos de literatura alguna vez en mi vida? Pues tampoco me parece. 
No he pasado 7 años de mi vida en la universidad para ser la perdedora que, de repente, todos hubiesen deseado calladamente que fuera con sus constantes “te lo dije”. A la burocracia, a mi identidad, y a toda esa mierda les voy a ganar, aunque pasado mañana esté mucho más endeudada que hoy. Las únicas dos cosas que representan una prioridad en mi vida son mi educación y viajar porque son partes esenciales de quien soy. Finalmente, este es mi consejo a todos aquellos recién graduados que se sienten entre la espada y la pared como yo: por más obstáculos que les pongan, tengan como prioridades sus metas. Que nadie y ninguna circunstancias los obligue a rendirse de lo que quieren llegar a hacer. Eso es lo que hoy estoy aplicando, a pesar de que he recibido como 6 NO en menos de 3 días.

10 años de aquel 13 de abril…

Todos los años, al llegar esta fecha revivo este note en mi Facebook porque me parece justo y necesario. Este año corresponde hacer algo distinto, porque ya son 10 años de uno de los eventos más trágicos en mi vida y porque, naturalmente, la Brenda que escribió eso hace 9 años ha evolucionado, y quizás vea la vida y esa misma tragedia desde otro crisol. Aún así, como ya dije, el tiempo no ha hecho que ese evento deje de ser menos trágico en mi vida.

Resulta bastante fuerte que a tus 14 años pases todo un día escuchando sobre un fulano que murió atropellado en la Iturregui, y que todo el mundo tuviera algo que ver con el asunto y que justo cuando sales de la escuela, te enteres que ese fulano era tu mejor amigo en ese momento. Aquel al que no le respondiste la llamada hace 2 días porque estabas “demasiado ocupada estudiando”. A los 14 años aprendí que ninguna llamada se pichea, por más ocupado que puedas estar. Mejor contesta y explícale a la persona, te sentirás mucho más confortado luego de escuchar su voz. Una de las cosas que me hacen llorar cuando recuerdo a Miguel Angel o cuando sueño con él, porque a pesar del tiempo aún se aparece en mis noches es la culpa. La culpa de no saber para qué me llamó y de nunca haberle devuelto esa llamada.

Durante estos 10 años, a pesar de que he conocido grandes amigos, siempre me ha quedado la duda en muchos momentos de mi vida: ¿Qué pensará Miguel Angel sobre este jevo? ¿Qué me dirá sobre que conseguí este trabajo? ¿Y si le digo que estoy haciendo esto? Lo curioso es que cuando me hago esas preguntas tiendo a verlo en mis sueños. Nunca me habla, solo me sonrie. Yo agradezco que no esté con ese duraq que lo hacía lucir como un caco indeseable (así mismo lo decía, desde hace 10 años ya me sacaban por el techo los cacos) y que esté presente, aunque sea espiritualmente en mi vida. No dejo de preguntarme como hubiera sido el inicio de mi adultez si el aún estuviera entre nosotros. Sé que me hubiera pasado lo mismo que con mucha gente: que por más lost in translation en nuestros asuntos que podamos estar (que hace 10 años ya lo estábamos) siempre íbamos a estar unidos aunque fuera en una llamada, que yo no hubiese hesitado (si, acabo de darme cuenta que en español puedo decir eso) en responder.

Quizás alguna gente piense que este es mi momento de “show off my feelings” y probablemente tienen razón. A través de estos 10 años, cuando no he podido llegar al cementerio siempre ha estado en mi pensamiento. A lo mejor mañana cuando llegue me pase lo mismo de todos los años, que se me pierde la tumba pero siempre encuentro mi camino y encuentro paz cuando llego allí. Todas esas preguntas que me hago empiezan a recibir respuestas, a pesar de que él esté más lejos de lo que está mi novio en este momento (ahí hay otra pregunta que le haría y otro asunto del cual sé que Miguel Angel moriría de la risa.) Miguel Angel en realidad no está tan lejos, siempre está cerca de toda aquella gente que lo quiso en vida. Yo lo quise muchísimo y lo sigo queriendo pero hay algo de lo que estoy totalmente segura: Si la vida me lo hubiera permitido, lo querría de una manera infinitamente más grande de lo que fue.

“Enamórate de…” De mí para mí.

Hay un dicho que dice que si no puedes con el enemigo, que te le unas. Ya que nadie me ha hecho caso cuando les digo “enamórense de la mujer que les dé la gana” y prefieren esteriotiparse, pues llegó mi hora de esteriotipar. Hoy le voy a hablar a mi persona sobre la persona de la cual se debe enamorar.

Querida Brenda(yo):

Sé que cuando leas esto en un futuro morirás de la risa y pensarás que eres toda una pendeja, pero al mismo tiempo sabrás que esto fue justo y necesario. Tus experiencias particulares de vida y tu propia personalidad te han llevado a pensar que el amor es una mierda, y es muy probable que en el futuro sigas pensando de esa manera. Si en algún futuro dejas de pensar que las cursilerías y el romanticismo son la mierda que no flushearon en el toilet, te daré aquí algunos consejos de los hombres de los que te debes enamorar y de los que no.
Evita enamorarte de hombres con complicaciones sentimentales previas. Todas las veces que has apostado a darle una oportunidad a estos ha sido como tirarte de un 9no piso, tal y como lo hiciera Charly García, pero sin encontrarse una piscina abajo. Cuando aparezca uno de estos o de los que tienen “novias fantasmas”, dales derecha.
No te enamores de un hombre que políticamente sea muy cerrado. Increíblemente, en este momento no te diré que no te enamores de un PNP, sino que si te enamoras de él te asegures que sea alguien que sepa porque lo es. Tú cada día entiendes más porqué tus ideas políticas son de una determinada manera. Asegúrate que el hombre del que te enamores también lo entienda sobre las suyas.
Sabes perfectamente que nunca en la vida dejarás de viajar. No te enamores de un hombre que no entienda lo que eso representa. Enamórate de uno que cuando le digas “Quiero ir a Nueva Delhi” te diga “dime cuando pa hacer la maleta la noche antes”.
No te enamores de un hombre machista ni que use epítetos homofóbicos para referirse a otros. Tú sabes más que eso y te derriten los sensibles. Esos que se joden con Sabina y Silvio.
Finalmente, obvia a los fanáticos religiosos. Esto puede ser una generalización, pero nunca pueden tener una conversación literaria/filosófica sin citar la biblia. Como si fuera el único texto en la tierra.

Ahora te digo mi querida Brenda Gisselle, deja de fijarte en los físicos. Has aprendido mejor que nadie que la capota no dice nada. Enamórate de uno con quien puedas hablar de todo. Libros, teatro, deportes, viajes. Enamórate de uno que quiera hacer todo eso contigo. Enamórate del que cante contigo el estribillo de “dormir contigo es estar solo dos veces, es la soledad al cuadrado” esgalillau en un tapón. Enamórate de un tipo del que le hables del tema de tu tesis y no se quede clueless. Y sobre todo Brenda, te digo, enamórate de un tipo que esté en tu misma página, en tu mismo viaje. No quieras seguir jugando a forzar situaciones. Cada vez que haces el esfuerzo de salir de tu zona cómoda todo se complica. Enamórate del chico cuya zona cómoda sea la misma que la tuya.

Espero que esto te haya servido de algo,
Te quiero con ovarios, cabrona!